Blog de Laudato Si

La Defensa de la Madre Tierra/IV La estructura de Laudato Si y de paso una defensa de los pueblos indígenas

En la entrega anterior presentamos el carácter a la vez urgente y esperanzador de la Encíclica del papa Francisco a partir de su Introducción que, tomando prestada una línea de nuestro Himno Nacional, podríamos decir que es como “el clarín con su bélico acento (que) nos convoca a lidiar con valor”. Lo que haremos en esta ocasión será echar una mirada a ojo de pájaro sobre el conjunto de la Encíclica Laudato Si a partir de su estructura.

De hecho el mismo Francisco nos ofrece esa visión al final de la Introducción en términos tan claros que lo mejor será citarlos textualmente. Sin embargo, para resaltar todavía más el carácter de esa estructura y hacerlo accesible a primera vista para los lectores, recurriré a un esquema que Francisco no menciona explícitamente pero que es muy conocido en algunas organizaciones populares y particularmente en medios eclesiales como las comunidades eclesiales de base (las CEB’s) como el método del Ver- Juzgar-Actuar (de hecho el obispo de San Cristóbal de las Casas D. Felipe Arizmendi suele utilizar este planteamiento para presentar sus reflexiones pastorales por escrito). Hay que aclarar que este método es una simplificación brillante, pero simplificación al fin y al cabo del muy complejo proceso del conocer y actuar humano, en eso consiste precisamente su gran valor pedagógico. Pero esta aclaración es necesaria porque un complejo documento como la Laudato Si necesariamente desborda cualquier delimitación excesivamente esquemática. Sin embargo, hecha esta salvedad, creo que resulta útil y provechoso aplicar ese sencillo esquema para aprehender mejor cómo está construida la Encíclica.

La Laudato Si consta de 6 capítulos aparte de la Introducción. Si los agrupamos de dos en dos podremos discernir a grandes rasgos la mencionada estructura. Así, los dos primeros capítulos. Lo que le está pasando a nuestra casa (1º) y El evangelio de la creación (2º) corresponderían al VER. Esto es evidente en el primer capítulo que es precisamente una mirada a lo que está pasando; podría no ser tan evidente en el segundo porque tradicionalmente en las CEB’s la lectura de la palabra de Dios ya entra en el paso del “juzgar”. Sin embargo si nos fijamos bien, también esta parte es una mirada y consiste básicamente en una descripción de lo que dice la tradición judeo-cristiana sobre la creación. Sobre este par de capítulos escribe Francisco:

“En primer lugar, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica [Cap. 1º] con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición judío-cristiana [Cap. 2º] a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso con el ambiente.”

El siguiente par de capítulos correspondería al JUZGAR. El capítulo 3º. Raíz humana de la crisis ecológica analiza y juzga las causas de la situación que se describió en el primer capítulo. El capítulo 4º. Una ecología integral desarrolla, lógicamente, la propuesta ecológica que corrija esas raíces y proporcione un modelo alternativo. Para evitar una interpretación reduccionista de lo ecológico meramente como lo verde y desvinculado de otros aspectos de la realidad, vale la pena citar esta frase contundente que se encuentra precisamente en esta sección:No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”. También en este capítulo, en el apartado sobre Ecología cultural, encontramos un párrafo que ameritaría, ya no digamos un artículo sino un tratado completo dedicado a él. A reserva de poder escribir más adelante por lo menos el artículo, cito aquí el texto que bien podría leerse como un comentario sobre los pueblos indígenas (comunidades aborígenes les llama la Encíclica) de México y las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que decretaron impúdicamente que las actividades extractivas (generalmente en manos de empresas trasnacionales) tienen prioridad absoluta sobre la agricultura (cuando ésta está en manos de campesinos e indígenas). He aquí lo que dice Francisco al respecto:

“Es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura.”

Sobre el par de capítulos que constituyen el JUZGAR Francisco nos dice:

“Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas [Cap. 3º]. Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea [Cap. 4º].”

Finalmente la última pareja de capítulos,  Algunas líneas de orientación y acción (Cap. 5º) y

Educación y espiritualidad ecológica (Cap. 6º) claramente corresponden al ACTUAR, sin que esté ausente otro paso que en los últimos tiempos muchos añadieron al trío del Ver-Juzgar-Actuar, a saber, el CELEBRAR, lo cual, dadas las circunstancias verdaderamente trágicas que describe la Encíclica, constituye una especie de provocación. Pero Francisco sabe lo que hace. Y lo que dice sobre estos dos últimos capítulos es lo siguiente:

“A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional [Cap. 5º]. Finalmente, puesto que estoy convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana [Cap. 6º].”

Y a continuación añade el autor de la Encíclica una observación sobre su método:

“ Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado…”

Y algo más que aunque no lo dice aquí sí lo hace en otros momentos y de otras maneras: Que aunque naturalmente Francisco escribe como creyente y cabeza de la Iglesia Católica (y obviamente no podría hacerlo de otra manera) sin embargo constantemente está tratando de entablar un diálogo con todos los hombres y mujeres concientes, sean de la religión que sean o aunque no tengan ninguna o sean declaradamente ateos. Como él mismo lo dice: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar.”


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