Blog de Laudato Si

La Defensa de la Madre Tierra/ VIII. LA COP21, la Madre Tierra y los Muertos Bataclánicos

La COP21, la conferencia mundial para tomar medidas contra el cambio climático, que para algunos era el momento más crucial en la historia de la humanidad, terminó el pasado viernes 11, sin que, al parecer, la mayor parte de ese extenso club conocido como “la humanidad” se diera por enterada de que se estaba jugando su futuro. Parte de la explicación de esta indiferencia está en los “muertos bataclánicos”.

Quienes tengan una memoria de las noticias superior a las dos semanas, quizá recuerden que “Bataclan” era el nombre del bar de Paris donde se ejecutó el sangriento atentado que costó la vida a 130 personas. Quienes sean afectos al arte cibernético de navegar o googlear, difícilmente encontrarán en la Web el significado de “bataclánico”, pero con suerte quizá encuentren algo así como:  “bataclán. De Bataclan, nombre de una famosa sala de espectáculos parisina. 1. m. Espectáculo teatral frívolo.” Pero quienes recuerden los setentas del siglo pasado, los años dorados de la música latinoamericana, cuando Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa y otros gigantes de la poesía cantaban a la tierra, al pueblo, a la lucha y a la libertad, seguramente recordarán a Violeta Parra, quizá la más grande de todas, cuando cantando se burla de “una pregúntica de unos graciósicos”: … “si peligrósicas para las másicas son las canciónicas agitadóricas” . Y su respuesta incluye estos memorables versos: “Caballeríticos almidonádicos,  almibarádicos, miniminimini...”  (cualquier parecido con algún secretario de educación es pura profecía) “le echan carbónico al inocéntico  arrellenádicos en los sillónicos (Idem).  Cuentan los muérticos de los encuéntricos como frivólicos y bataclánicos.”  A la luz de la definición del diccionario que nos define “bataclán” como “espectáculo teatral frívolo” la frase de Violeta es una especie de redundancia poética para acentuar la deshumanizada frivolidad con la que los tales “caballeríticos” se toman las masacres de la historia.

Bueno, ¿y qué tiene que ver todo esto con la COP21? Primero, lo más evidente. El atentado terrorista en el bar Bataclan de Paris, apenas dos semanas antes de que se inaugurara la reunión sobre el cambio climático en esa misma ciudad, sirvió de pretexto ideal para que las autoridades decretaran el estado de sitio en la capital de Francia (y alguna vez, se supone, capital de las libertades cívicas) y prohibieran toda manifestación pública. Las movilizaciones planeadas anteriormente (que según los organizadores más optimistas podían haber llegado al medio millón de personas) se cancelaron. El día 12 de diciembre, al día siguiente de la clausura de la reunión cumbre, se pudieron manifestar apenas 10 mil personas, lo que sin embargo y dadas las circunstancias, se podría considerar un triunfo, puesto que esta acción significó desafiar la prohibición vigente. Como dijimos en el artículo anterior, el argumento totalmente válido, de que si la situación creada por el atentado en el bar Bataclan era de emergencia, no lo era menos la amenaza del calentamiento global, fue totalmente desestimado por las autoridades. Pero lo más importante aquí es repetir una vez más, hasta que se nos quede bien grabado, que la “preocupación” exhibida por las autoridades para dizque controlar el terrorismo es, exactamente como en el caso de la “preocupación” de las autoridades mexicanas para dizque mejorar la calidad de la educación, un pretexto para reprimir y controlar cualquier intento de la población por romper las políticas de los poderes dominantes.

Por supuesto la movilización en la calles durante la conferencia no iba a ser la única presión para exigir medidas adecuadas a los responsables de la política mundial. Estaba la presión de las organizaciones populares, de los países “menos desarrollados”, particularmente los más vulnerables al cambio climático en África y el Pacífico Sur. Y estuvo también la verdadera campaña que el papa Francisco emprendió este año para concientizar y presionar para que se tomen las medidas adecuadas: su encíclica Laudato Si, los encuentros promovidos en el Vaticano con científicos, con organizaciones populares y con los alcaldes de las ciudades más grandes del mundo; sus palabras en el congreso de los EU y en la ONU, tanto en Nueva York como en Nairobi y otras muchas acciones que sería muy largo enumerar. ¿Sirvió de algo todo esto? Los gobiernos (como el de Francia, el de México, el de EU) dicen que sí, las organizaciones populares y ecologistas dicen que no. ¿Qué dice Francisco? Hay que ser cautelosos para responder esta pregunta, porque si bien algunos medios hacen sonar su reacción como que “se fue con la finta” por las buenas declaraciones que quedaron en el papel si leemos con cuidado es otra la interpretación. Así, un portal que se especializa en dar noticias sobre el Vaticano, titula su nota: “El Papa aplaude el acuerdo de París sobre el clima y llama a ocuparse de los más débiles”. pero si leemos el contenido de la nota misma nos daremos cuenta de que su postura es más matizada; las palabras que se dan como textuales del papa dicen: “La conferencia sobre el clima acaba de concluir en París con un acuerdo que muchos definen histórico. Su implementación requerirá un empeño colectivo y una generosa dedicación por parte de cada uno”.

Más allá de lo que pueda decir el papa en una declaración coyuntural, está lo que escribió en la encíclica y todas las alocuciones y discursos que ha elaborado sobre el tema. Y lo que pasó en la COP21 se ubica exactamente dentro del marco de lo que él ya había previsto: quedarse en la insuficiencia de los compromisos “voluntarios” en vez de las decisiones obligatorias para todos, el no reconocer la “deuda ecológica” que los países ricos tienen hacia los pobres, el creer en la eficacia de soluciones “mágicas” del mercado o de soluciones “tecnocráticas” que en realidad empeorarán las cosas. Ciertamente fue inesperada y muy positiva la decisión final de fijar el límite máximo de calentamiento en 1.5º C (como pedían los países más afectados) y no en 2º C (como se había escrito en el documento de trabajo) pero mientras esa definición no vaya acompañada de las medidas eficaces y obligatorias sirve de muy poco. Por eso como dice el comentario de Francisco tras la cumbre de Paris “su implementación requerirá un empeño colectivo y una generosa dedicación por parte de cada uno” o, como dicen las organizaciones populares y ecologistas, la lucha ni comenzó ni terminó en Paris, sigue cotidianamente.

Ya hemos comentado anteriormente lo dicho por el papa con toda claridad. Quienes obstaculizan las medidas radicales que habría que tomar son los mismos responsables de la explotación de nuestros hermanos más vulnerables y de la destrucción de nuestra hermana madre tierra; son aquéllos para quienes el dinero es su dios. Pero quiero terminar con el otro gran obstáculo que Francisco señala en el camino de la salvación de la madre tierra y de sus hijos (que somos todos): la “globalización de la indiferencia” según sus propias palabras, que debería ser sustituida por otra globalización, la de la conciencia, la responsabilidad y el amor, no el “amor”sentimental y superficial que suelen ofrecer muchos sino el que es capaz de llamar a las cosas por su nombre.

Durante estas dos semanas que duró la reunión de la COP21, tiempo calificado no sólo por Francisco sino por otras personalidades muy diferentes (como Naomi Klein y Noam Chomsky) como uno de los más cruciales en la historia de la humanidad, fue verdaderamente deprimente atestiguar la indiferencia casi total, como decía al principio, de esa misma humanidad. Y no encuentro mejor palabra para describir esa actitud de la gente y de los medios de comunicación (con sus muy contadas y honrosas excepciones) que “bataclánica” (como diría Violeta Parra). Mientras se debatía el futuro de la tierra, los medios de comunicación se ocupaban de recetarnos sus acostumbradas frivolidades como, los partidos de futbol, los discursos huecos de los políticos, las aventuras románticas de actores, actrices y ‘bataclanas’ de la televisión y el “show bisnes” y así por el estilo. La Biblia tiene su propia imagen estremecedora para describir este tipo de indiferencia ciega y suicida: “Como en los días de Noé, los hombres y las mujeres comían y bebían; se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.”

Las decisiones de la COP21 son, en el mejor de los casos, buenas intenciones. Lo que implican es una radical transformación, del modelo económico y del estilo de vida vigentes, para nada es exagerado hablar de una verdadera revolución. Para llevar a cabo esa transformación se necesita vencer la resistencia de un “imperio” que, lo ha demostrado, no se detiene ante ningún escrúpulo ético para asegurar sus intereses. La única forma de lograr eso será con una movilización masiva –y heroica- de ciudadanos concientes y organizados. A partir de la actitud que vimos en estos días hay un largo, larguísimo, camino por recorrer. No es de extrañar que muchos caigan en la desesperación. Pero, como dice Francisco: “Ánimo. Dios no nos ha abandonado”.


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