Blog de Laudato Si

Blog en construcción

Este blog lo he creado para compartir mis análisis y reflexiones a partir de la encíclica Laudato Si del papa Francisco. Para comenzar…(sigue en la Introducción)

La Defensa de la Madre Tierra/IV La estructura de Laudato Si y de paso una defensa de los pueblos indígenas

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

En la entrega anterior presentamos el carácter a la vez urgente y esperanzador de la Encíclica del papa Francisco a partir de su Introducción que, tomando prestada una línea de nuestro Himno Nacional, podríamos decir que es como “el clarín con su bélico acento (que) nos convoca a lidiar con valor”. Lo que haremos en esta ocasión será echar una mirada a ojo de pájaro sobre el conjunto de la Encíclica Laudato Si a partir de su estructura.

De hecho el mismo Francisco nos ofrece esa visión al final de la Introducción en términos tan claros que lo mejor será citarlos textualmente. Sin embargo, para resaltar todavía más el carácter de esa estructura y hacerlo accesible a primera vista para los lectores, recurriré a un esquema que Francisco no menciona explícitamente pero que es muy conocido en algunas organizaciones populares y particularmente en medios eclesiales como las comunidades eclesiales de base (las CEB’s) como el método del Ver- Juzgar-Actuar (de hecho el obispo de San Cristóbal de las Casas D. Felipe Arizmendi suele utilizar este planteamiento para presentar sus reflexiones pastorales por escrito). Hay que aclarar que este método es una simplificación brillante, pero simplificación al fin y al cabo del muy complejo proceso del conocer y actuar humano, en eso consiste precisamente su gran valor pedagógico. Pero esta aclaración es necesaria porque un complejo documento como la Laudato Si necesariamente desborda cualquier delimitación excesivamente esquemática. Sin embargo, hecha esta salvedad, creo que resulta útil y provechoso aplicar ese sencillo esquema para aprehender mejor cómo está construida la Encíclica.

La Laudato Si consta de 6 capítulos aparte de la Introducción. Si los agrupamos de dos en dos podremos discernir a grandes rasgos la mencionada estructura. Así, los dos primeros capítulos. Lo que le está pasando a nuestra casa (1º) y El evangelio de la creación (2º) corresponderían al VER. Esto es evidente en el primer capítulo que es precisamente una mirada a lo que está pasando; podría no ser tan evidente en el segundo porque tradicionalmente en las CEB’s la lectura de la palabra de Dios ya entra en el paso del “juzgar”. Sin embargo si nos fijamos bien, también esta parte es una mirada y consiste básicamente en una descripción de lo que dice la tradición judeo-cristiana sobre la creación. Sobre este par de capítulos escribe Francisco:

“En primer lugar, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica [Cap. 1º] con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición judío-cristiana [Cap. 2º] a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso con el ambiente.”

El siguiente par de capítulos correspondería al JUZGAR. El capítulo 3º. Raíz humana de la crisis ecológica analiza y juzga las causas de la situación que se describió en el primer capítulo. El capítulo 4º. Una ecología integral desarrolla, lógicamente, la propuesta ecológica que corrija esas raíces y proporcione un modelo alternativo. Para evitar una interpretación reduccionista de lo ecológico meramente como lo verde y desvinculado de otros aspectos de la realidad, vale la pena citar esta frase contundente que se encuentra precisamente en esta sección:No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”. También en este capítulo, en el apartado sobre Ecología cultural, encontramos un párrafo que ameritaría, ya no digamos un artículo sino un tratado completo dedicado a él. A reserva de poder escribir más adelante por lo menos el artículo, cito aquí el texto que bien podría leerse como un comentario sobre los pueblos indígenas (comunidades aborígenes les llama la Encíclica) de México y las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que decretaron impúdicamente que las actividades extractivas (generalmente en manos de empresas trasnacionales) tienen prioridad absoluta sobre la agricultura (cuando ésta está en manos de campesinos e indígenas). He aquí lo que dice Francisco al respecto:

“Es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura.”

Sobre el par de capítulos que constituyen el JUZGAR Francisco nos dice:

“Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas [Cap. 3º]. Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea [Cap. 4º].”

Finalmente la última pareja de capítulos,  Algunas líneas de orientación y acción (Cap. 5º) y

Educación y espiritualidad ecológica (Cap. 6º) claramente corresponden al ACTUAR, sin que esté ausente otro paso que en los últimos tiempos muchos añadieron al trío del Ver-Juzgar-Actuar, a saber, el CELEBRAR, lo cual, dadas las circunstancias verdaderamente trágicas que describe la Encíclica, constituye una especie de provocación. Pero Francisco sabe lo que hace. Y lo que dice sobre estos dos últimos capítulos es lo siguiente:

“A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional [Cap. 5º]. Finalmente, puesto que estoy convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana [Cap. 6º].”

Y a continuación añade el autor de la Encíclica una observación sobre su método:

“ Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado…”

Y algo más que aunque no lo dice aquí sí lo hace en otros momentos y de otras maneras: Que aunque naturalmente Francisco escribe como creyente y cabeza de la Iglesia Católica (y obviamente no podría hacerlo de otra manera) sin embargo constantemente está tratando de entablar un diálogo con todos los hombres y mujeres concientes, sean de la religión que sean o aunque no tengan ninguna o sean declaradamente ateos. Como él mismo lo dice: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar.”


Tabla de Contenido

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en CONTENIDO. Comentarios (0)


Esta tabla no se genera automáticamente por lo tanto podría suceder que en algunos momentos no esté actualizada.

Tabla de Contenido (en construcción...)


INTRODUCCIÓN

Acerca de este blog

Celebración nocturna en Acteal

Acerca del autor

Artículos publicados en Mirada Sur (1)


Serie: Defensa de la Madre Tierra

I Llamada urgente y escasa respuesta

II. El Papa Francisco y Ayotzinapa
 

III. ¡La situación es grave pero la victoria es nuestra!
 IV. La estructura de Laudato Si y de paso una defensa de los pueblos indígenas

V. Laudato Si y las organizaciones populares

VI. Laudato Si y el ¡Ya basta! de los pueblos

VII: ¿Qué es la COP21 y por qué depende de ella nuestro futuro?

VIII: La COP21 la Madre Tierra y los Muertos Bataclánicos
Artículos publicados en Mirada Sur (2)

Serie:  Francisco en Chiapas
  ¿Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma?
 De los Acuerdos de San Andrés a la visita de Francisco
  Brevísima relación de la visita de Francisco (1ª. parte)
  El Papa frente a los indígenas repitió su ¡Ya basta! (2ª. parte de la Brevísima Relación)
  Chomsky, Chiapas y Francisco
 Artículos publicados en La Jornada

 Una mirada de lo global

De la tragedia griega al gran teatro del mundo
Cuando la utopía es evitar la catástrofe
Brexit, Bayer y Laudato
El Octubre que sí se olvida
Fidel, Kennedy y el estado rufián
Los mexicanos chivos expiatorios de Trump
La Declaración Universal de Derechos Humanos (y el retrono del nazismo)
      
  Acteal, Chenalhó, Chiapas
  Más allá de Chenalhó
¿Género contra Justicia?
Debatir, no (des) calificar
Impunidad y Resistencia: de Acteal a Standing Rock
  Otros temas
  Como criminales impotentes ante un poder criminal
  Alerta por un mexicano en Honduras
Últimas noticias sobre caso Berta Cáceres, COPINH y Gustavo Castro
  Desde Nicaragua
 
Presentación
 Adviento y Cumbre Climática
 SUGERENCIAS ECOLÓGICAS PRÁCTICAS E INSPIRADORAS SOBRE LA LAUDATO SI


La Defensa de la Madre Tierra/III ¡La situación es grave pero la victoria es nuestra!

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

En una entrega anterior comparé al papa Francisco y su encíclica Laudato Si con un capitán de barco que da la voz de alarma sobre el inminente naufragio del navío que comanda pero a la vez sostiene que todavía hay esperanza. Variando un poco la metáfora, también lo podríamos comparar con un general que toma el mando de su ejército en un momento en que éste parece aplastado irremisiblemente por el enemigo: el territorio patrio está invadido, los centros de poder político y de comunicación nacional están prácticamente en su totalidad en manos de los invasores extranjeros – sea a través de sus agentes infiltrados o de traidores colaboracionistas- la población en su mayoría parece insensible a la tragedia o ha absorbido inconcientemente la ideología del enemigo, mientras la porción de ella que está directamente bajo la bota del opresor vive en una situación de terror y cuando resiste heroicamente parece no tener más que sus uñas para hacerlo. En pocas palabras, la situación parece perdida. Pero en estas circunstancias se produce un cambio en el mando supremo del ejército y el nuevo general que llega a hacerse cargo logra, con una serie de rápidos y contundentes movimientos, cambiar la percepción de la situación y la perspectiva de la guerra.

Con la ayuda de esta metáfora militar procederé a exponer sucintamente los principales elementos que componen la Encíclica Laudato Sí.

En primer lugar, Francisco, que es naturalmente el general del que hablamos, en un golpe de vista aprehende la situación con ese tipo de mirada que, según Napoleón, define a los genios: la capacidad de ver tanto el conjunto de la situación como los detalles, la capacidad de captar con una mirada el estado de las fuerzas del enemigo así como el de las propias, pero con un elemento, que muchas veces olvidamos o somos incapaces de incorporar, sin el cual los mejores análisis de la realidad son peor que inútiles porque no hacen más que incrementar la sensación derrotista por el abrumador poder del enemigo; me refiero a la capacidad de detectar, aun en medio de las peores circunstancias adversas las ventanas de oportunidad que, si se aprovecharan, podrían darle la vuelta a la situación. Así Francisco, como ya veíamos anteriormente, no minimiza los peligros ni le saca la vuelta a las situaciones que anuncian una inminente catástrofe (mal haría un general si lanzara sus tropas al asalto dejándoles la impresión de que las fuerzas enemigas son mucho menores de lo que son en realidad) pero, viendo más allá de la noche, avizora el amanecer. Y con esta visión plena de esperanza levanta el ánimo de sus tropas abatidas o resignadas a la inevitable derrota. ¡Vamos! ¡Adelante! ¡La victoria es nuestra! Si el Señor está de nuestro lado ¿quién podrá en contra nuestra?

Desglosando lo anterior en términos de la estructura básica de Laudato Sí, tenemos que en primer lugar (lo que correspondería a la Introducción que va del los párrafos 1 al 16) Francisco resume el problema y el estado de la cuestión en un par de párrafos concisos y contundentes. Sabiamente, como corresponde a un general que sabe por dónde hay que mover el alma de un pueblo invadido y casi derrotado, no comienza con una descripción de los estragos causados por del enemigo. Comienza recordándole al pueblo la graadeza y la belleza original de su patria, en este caso, de nuestra casa común, nuestra hermana madre tierra. Una vez hecho esto, entonces sí, viene, no tanto la descripción de los estragos (eso vendrá después) sino el súbito y estremecedor lamento por la patria herida que “clama por el daño que le provocamos” , junto con (y esta adición es importantísima) el lamento por nuestros compatriotas más pobres que con la hermana madre tierra son los que más cruelmente han recibido los impactos de la violencia: “Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto”.

Acto seguido Francisco esboza una línea de continuidad con sus antecesores desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI (se siente la ausencia de Juan Pablo I, quizá el que más se le parece de todos ellos). Vale la pena destacar que lo primero que hace, inmediatamente después de sus palabras sobre el clamor de la tierra, es establecer un paralelismo entre su encíclica y la encíclica Pacem in Terris (Paz en la Tierra) de Juan XXIII, escrita “hace más de cincuenta años, cuando el mundo estaba vacilando al filo de una crisis nuclear”, encíclica que “no se conformaba con rechazar una guerra, sino que quiso transmitir una propuesta de paz.” Con esto Francisco: a) Liga indisolublemente el tema de la ecología (en el sentido amplio que él le da a ésta noción) con el tema de la paz. b) Subraya el carácter mortalmente crítico del momento actual: así como el mundo estuvo al borde de la catástrofe nuclear (hace exactamente 53 años, en el mes de octubre de 1962, durante la llamada “crisis de los misiles” en Cuba, para ser más precisos) así estamos ahora al borde de la catástrofe ecologica. c) Sugiere, a la vez con delicadeza y con claridad, que si el mundo se salvó en aquel entonces de milagro (quien usó esta expresión no fue Francisco ni ningún correligionario suyo inclinado de por sí a creer en lo sobrenatural, sino el mismísimo Noam Chomsky, bastión del mejor racionalismo moderno) y se salvó en buena medida por la mediación de Juan XXIII entre Kennedy y Jrushov, los dirigentes de las dos potencias nucleares que estuvieron a punto de jalar el gatillo y hacer saltar el mundo en pedazos, sin embargo, el deseo mayor del papa bueno, la instauración de una auténtica paz que fuera algo más que no-guerra, quedó frustrado. De manera implícita pero obvia, Francisco manifiesta su esperanza de que, en esta ocasión, podrá la humanidad, no sólo evitar la catástrofe que la amenaza, sino, ahora sí, instaurar una verdadera “ecología integral” que será además la verdadera paz que anhelaba san Juan XXIII.

Esta sección introductoria se cierra con la reiteración por parte del papa Francisco de lo que ya había dicho en los primeros párrafos de la encíclica y seguirá machacando a lo largo de todo el texto: “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta”.


De la Tragedia Griega al Gran Teatro del Mundo

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Enlaces externos. Comentarios (0)

(Una versión un poco más corta de este artículo se publicó en La Jornada:

De la tragedia griega al gran teatro del mundo )

"Cuando acaban de escucharse estas palabras, entra Evo y se dirige al personaje de blanco. Le entrega una pequeña escultura de una hoz y un martillo con un Cristo clavado en el martillo. Afuera se escuchan los gritos y el rechinar de dientes de los Maestros de la Ley: ¡Comunista, hereje, blasfemo! El personaje de blanco reflexiona y dice en tono pausado: No estoy de acuerdo con el análisis marxista, pero debemos dialogar y trabajar juntos, sobre todo por los oprimidos: los pobres y nuestra hermana la Madre Tierra."

De la Tragedia Griega al Gran Teatro del Mundo

PRIMER ACTO. En el Ágora de Atenas, un ciudadano de nombre Tsipras se dirige a los miembros de la polis. Detrás de él, como telón de fondo, se yergue majestuoso el Monte Olimpo. El personaje, griego, pero no ajeno a los efectos digitales, hace un movimiento con las manos y aparece Hércules que va a enfrentarse con la Hidra. A un lado, como en una pantalla paralela, aparecen imágenes de manifestaciones populares que llevan mantas y pancartas en todas las lenguas del mundo. Entre ésas se percibe una en español que dice: Frente a la Hidra Capitalista, Resistencia Popular.

Por el lado del oriente entra un personaje vestido con algo menos que una túnica griega. Es Gandhi. Echa un vistazo a la escena anterior y dice a media voz: “El precio de una ofensiva exitosa es una alternativa viable. En política blofear se paga muy caro.”  La escena se transforma como mágicamente. En vez del Ágora aparece un gris salón de conferencias internacionales, en vez de los nobles atenienses, un puñado de burócratas encabezado por dos mujeres. Tsipras aparece vestido de bufón y una de las mujeres lleva en el pecho un letrero que dice FMI y, en letras más pequeñas, “Vichy”. Todos ríen, se felicitan unos a otros y hacen firmar al bufón unos papeles. Afuera se escuchan, ahogados por los muros que los separan de la escena, los gritos impotentes de los griegos.

Siguiente escena: Se escucha el lento tañer de las campanas que anuncian la muerte de la democracia griega. El Coro se dirige a los espectadores: No pregunten por quién doblan las campanas; están doblando por ustedes. Entre la muchedumbre se empieza a desarrollar una escena típica de la antigüedad. Los vencedores entran a la ciudad en sus carros de guerra conduciendo encadenados detrás de sí a los vencidos. Se dirigen al mercado para venderlos como esclavos. Al llegar al mercado los ponen a subasta. En lugar de los cuerpos de los vencidos aparecen unos letreros: lotes para la explotación de hidrocarburos.

SEGUNDO ACTO. La escena cambia radicalmente. El tiempo ha avanzado (¿o retrocedido?) al año 2000 DC. En el telón de fondo el Olimpo ha sido sustituido por otros picos más numerosos y majestuosos. Son el Aconcagua, el Illimani, el Chimborazo, “el lugar de la tierra más cercano al sol”. Mientras la escena transcurre la nieve que los cubre va desapareciendo lentamente a causa del cambio climático. Al pie de los Andes aparece la Hidra de muchas cabezas. Está negociando un tratado con el presidente del país, un militar golpista, asesino y narcotraficante. La Hidra le dice: ‘Tú eres el único representante legítimo de este país’. Firman unos papeles en los que se entregan las aguas de la nación a una empresa que es una de las cabezas de la Hidra. El pueblo se levanta. Ocupa las calles, las oficinas del gobierno y las de la empresa transnacional. Derrama su sangre pero no cede. Finalmente la Hidra se retira, no sin antes amenazar con volver bajo la forma de ATP. El pueblo recupera el agua, depone al presidente y en su lugar pone a uno de los suyos. Se llama como la Madre de todos los Mortales pero en masculino: Evo.

TERCER ACTO. Escena 1. Un salón de clases. Aparece el profesor de economía. Declama: ‘Todo hombre que se ocupe del pueblo, aunque sea un poquito, es un populista. Todo populista es un peligro para su país.’ Entran los profesores de teología. Recitan: ‘Evo es un comunista ateo, está contra la religión católica. Su ideología de la Madre Tierra es un panteísmo New Age.’

Escena 2. Aparece un hombre vestido de blanco. Entra al salón y con un látigo corre a los Maestros de la Ley. Hace un gesto con la mano y desaparece el salón de clase y reaparecen las montañas; junto a él aparece un personaje vestido como un mendigo, un tal Francisco, de la aldea de Asís. Empieza a cantar bajo el dosel majestuoso de los Andes: “Alabado seas mi Señor por los hermanos volcanes, por la hermana agua, alabado seas por la hermana Madre Tierra”. El personaje de blanco toma la palabra: “Entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, nuestra hermana madre tierra, que «gime y sufre dolores de parto».”

Cuando acaban de escucharse estás palabras, entra Evo y se dirige al personaje de blanco. Le entrega una pequeña escultura de una hoz y un martillo con un Cristo clavado en el martillo. Afuera se escuchan los gritos y el rechinar de dientes de los Maestros de la Ley: “¡Comunista, Hereje, Blasfemo!”. El personaje de blanco reflexiona y dice en tono pausado: “No estoy de acuerdo con el análisis marxista, pero debemos dialogar y trabajar juntos, sobre todo por los oprimidos: los pobres y nuestra hermana la Madre Tierra”. Y dirigiéndose, ya no a Evo, sino a las organizaciones populares, les dice:

“Ustedes me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren. ¿Reconocemos la causa de todas ellas en un hilo invisible, un sistema global, que ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo? La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero. El nuevo colonialismo adopta diversas fachadas: corporaciones, prestamistas, tratados «de libre comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los pobres. Se privatizan recursos escasos como el agua, siendo que el acceso al agua es un derecho humano básico.  La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica que tienen los países ricos con los pobres. Ahora no sólo las personas, sino las naciones son convertidas en esclavas a causa de una deuda. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos…Y tampoco lo aguanta la Madre Tierra".

Cuando el hombre de blanco menciona al becerro de oro aparece en la pantalla paralela escenas filmadas desde los drones de vigilancia del distrito financiero de Nueva York. En la esquina de Wall Street y Broad Street se ve el becerro de metal que preside las actividades de la Bolsa. Todos los que pasan por ahí, ricos y pobres, se postran ante él y le rinden pleitesía. Pero sus sacerdotes sólo son los que visten los trajes a la última moda de la 5ª. Avenida y sus vestiduras están manchadas de la sangre de los sacrificios que ofrecen al ídolo de metal; cada vez que un niño, un líder campesino o un trozo de la madre tierra son sacrificados ante su altar sube el índice de la Bolsa, mientra tanto el humo de los sacrificios se eleva ante él de día y de noche en la forma de gases de efecto invernadero.

La figura de blanco prosigue su monólogo:

-“No puede ser que cuando un hombre muere de hambre en la calle no es noticia, en cambio cuando baja el índice de la Bolsa todos los periódicos lo comentan…”

La escena prosigue en Wall Street, pero ahora el escenario es ocupado por una multitud de jóvenes indignados que grita y escribe consignas contra “el 1%”. Una nueva oleada humana invade el espacio, van vestidos como robocops y arremeten contra lo que queda del 99% y contra todo aquél que se resiste a adorar a la Bestia y a su imagen (que es transmitida y ofrecida al culto de las masas por todos los medios de comunicación)

EPÍLOGO. El Coro se dirige al público: Y ustedes ¿seguirán aguantando?


La Defensa de la Madre Tierra/II. El Papa Francisco y Ayotzinapa

Escrito por Laudatosi 29-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

En esta serie de artículos sobre la encíclica Laudato Sí del papa Francisco y sus otros pronunciamientos –y acciones- relacionados, no seguiremos un orden sistemático y exhaustivo de los temas, que sería más propio de una cátedra de postgrado, sino un orden (si así se le puede llamar) más azaroso y atento a los acontecimientos del momento, como corresponde a las páginas de un periódico y que, además, puede ayudar a reflejar mejor la enorme riqueza de la encíclica que, como ya lo habíamos señalado y lo advierte su mismo autor, está muy lejos de circunscribirse a la temática que convencionalmente se denomina “verde” o “ecológica”.

Por tanto, ¿qué tema más apropiado que éste en estos días en que acaba de conmemorarse el primer aniversario de los trágicos e indignantes sucesos de Ayotzinapa? No se trata ciertamente de una relación o referencia directa de Francisco al caso de Ayotzinapa. Aunque circularon versiones de que una delegación de padres y madres de los estudiantes normalistas buscarían una entrevista con el papa durante su viaje a los Estados Unidos, ese frustrado intento, aun en el caso de que se hubiera dado, no habría sido lo más importante. Más aún, aunque es comprensible y hasta estimulante que el impacto global que están teniendo Francisco y sus acciones se manifieste en el deseo de encuentros de este tipo, en realidad el esperar mucho de su eventual intervención directa en algún problema más bien contradice el verdadero espíritu de lo que el papa argentino está promoviendo: que cada uno de nosotros asuma el papel que le corresponde en esta lucha que es muy probablemente la cuestión más urgente de nuestro tiempo.

Lo verdaderamente importante es la relevancia para el caso Ayotzinapa de lo que ha dicho y escrito Francisco en otros contextos, relevancia tan grande que parece que sus palabras fueron dichas para nuestro caso específico. E, inversamente, un caso como el de Ayotzinapa nos permite resaltar con enorme fuerza el vínculo indisoluble que Francisco insiste una y otra vez que no debemos olvidar: La correspondencia entre la violencia que se hace a la madre tierra y la violencia que se ejerce contra los más pobres, vulnerables y descartables para el sistema económico vigente; consecuentemente, también están indisolublemente unidas la lucha por defender la madre tierra y la lucha por la justicia, la paz y la democracia.

El texto de la encíclica de Francisco prácticamente se inicia con el clamor de la madre tierra que, según el texto de San Pablo, “gime y se agita con dolores de parto”. Inmediatamente unido a eso y con una lógica a la vez normal y apabullante, aparecen los hijos también heridos de la madre tierra. En efecto, ¿puede uno lamentarse por la madre sin lamentarse por los hijos? e, inversamente, ¿puede uno preocuparse por la suerte de los hijos sin preocuparse por la suerte de la madre? Si la madre se enferma no tendrá fuerza para alimentar a sus hijos y si no se atiende madre e hijos acabarán pereciendo juntos. La encíclica nos recuerda el gemido de la madre tierra por su propio dolor pero no es difícil encontrar en la experiencia común de la humanidad y en los mismos textos bíblicos que tanto reflejan esa experiencia el otro llanto de la madre, no por sí misma sino por sus hijos; de las profundidades de la historia de Israel nos llega el clamor cuyos ecos reverberan en las madres de Ayotzinapa y en todas las demás madres de los miles de jóvenes asesinados y desaparecidos en México:  “Una gran voz fue oída en Ramá; grande llanto y lamentación. Es Raquel que llora por sus hijos, y no quiere ser consolada, porque ya sus hijos han desaparecido” (Mt. 2, 18).

En el encuentro que Francisco tuvo con organizaciones indígenas y sociales en Bolivia unos días después de haber publicado su encíclica, el papa preguntó a los presentes:

“Hay un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones e injusticias que hemos considerado juntos ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?”

Ya sea que detrás de la barbarie de Ayotzinapa esté el narcotráfico de las grandes alturas político-militares, como sugirió el GIEI, o la contrainsurgencia, como piensan muchos otros, la explicación que ofrece Francisco con una certeza absoluta se aplica al caso mexicano a la perfección: “un sistema que ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo”. Y otra de la expresiones que utiliza constantemente el papa hasta podría arrojar una luz nueva sobre el verdadero sentido, un sentido oculto, de las palabras de los funcionarios públicos que, a pesar de todas las pruebas en contrario, siguen insistiendo en el basurero de Cocula como el último destino de los estudiantes. El papa habla de “la cultura del descarte”. ¿No será que la presencia de esa cultura en el fondo de la conciencia (o la inconciencia) de esos funcionarios es lo que se manifiesta en esa postura que, si no corresponde a la realidad sí corresponde a sus más íntimos deseos: poder mandar a la basura a todos los que estorban sus ganancias?

Finalmente, la relevancia de las palabras de Francisco no se queda nada más en la realidad global de ese sistema de exclusión que genera crímenes como el de Ayotzinapa, sino que desciende a lo específico del tema de la educación que está detrás también de todo el movimiento magisterial. En su otra encíclica anterior a Laudato Si- “El Gozo del Evangelio” (y que conviene leer conjuntamente) Francisco escribe estas palabras lapidarias:

“Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres de sus propios males y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en sus gobiernos, empresarios e instituciones, cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes.”

¿Qué dirán de esto los televisos, antaño tan papistas…?