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Madre Tierra

La Defensa de la Madre Tierra/ VIII. LA COP21, la Madre Tierra y los Muertos Bataclánicos

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

La COP21, la conferencia mundial para tomar medidas contra el cambio climático, que para algunos era el momento más crucial en la historia de la humanidad, terminó el pasado viernes 11, sin que, al parecer, la mayor parte de ese extenso club conocido como “la humanidad” se diera por enterada de que se estaba jugando su futuro. Parte de la explicación de esta indiferencia está en los “muertos bataclánicos”.

Quienes tengan una memoria de las noticias superior a las dos semanas, quizá recuerden que “Bataclan” era el nombre del bar de Paris donde se ejecutó el sangriento atentado que costó la vida a 130 personas. Quienes sean afectos al arte cibernético de navegar o googlear, difícilmente encontrarán en la Web el significado de “bataclánico”, pero con suerte quizá encuentren algo así como:  “bataclán. De Bataclan, nombre de una famosa sala de espectáculos parisina. 1. m. Espectáculo teatral frívolo.” Pero quienes recuerden los setentas del siglo pasado, los años dorados de la música latinoamericana, cuando Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa y otros gigantes de la poesía cantaban a la tierra, al pueblo, a la lucha y a la libertad, seguramente recordarán a Violeta Parra, quizá la más grande de todas, cuando cantando se burla de “una pregúntica de unos graciósicos”: … “si peligrósicas para las másicas son las canciónicas agitadóricas” . Y su respuesta incluye estos memorables versos: “Caballeríticos almidonádicos,  almibarádicos, miniminimini...”  (cualquier parecido con algún secretario de educación es pura profecía) “le echan carbónico al inocéntico  arrellenádicos en los sillónicos (Idem).  Cuentan los muérticos de los encuéntricos como frivólicos y bataclánicos.”  A la luz de la definición del diccionario que nos define “bataclán” como “espectáculo teatral frívolo” la frase de Violeta es una especie de redundancia poética para acentuar la deshumanizada frivolidad con la que los tales “caballeríticos” se toman las masacres de la historia.

Bueno, ¿y qué tiene que ver todo esto con la COP21? Primero, lo más evidente. El atentado terrorista en el bar Bataclan de Paris, apenas dos semanas antes de que se inaugurara la reunión sobre el cambio climático en esa misma ciudad, sirvió de pretexto ideal para que las autoridades decretaran el estado de sitio en la capital de Francia (y alguna vez, se supone, capital de las libertades cívicas) y prohibieran toda manifestación pública. Las movilizaciones planeadas anteriormente (que según los organizadores más optimistas podían haber llegado al medio millón de personas) se cancelaron. El día 12 de diciembre, al día siguiente de la clausura de la reunión cumbre, se pudieron manifestar apenas 10 mil personas, lo que sin embargo y dadas las circunstancias, se podría considerar un triunfo, puesto que esta acción significó desafiar la prohibición vigente. Como dijimos en el artículo anterior, el argumento totalmente válido, de que si la situación creada por el atentado en el bar Bataclan era de emergencia, no lo era menos la amenaza del calentamiento global, fue totalmente desestimado por las autoridades. Pero lo más importante aquí es repetir una vez más, hasta que se nos quede bien grabado, que la “preocupación” exhibida por las autoridades para dizque controlar el terrorismo es, exactamente como en el caso de la “preocupación” de las autoridades mexicanas para dizque mejorar la calidad de la educación, un pretexto para reprimir y controlar cualquier intento de la población por romper las políticas de los poderes dominantes.

Por supuesto la movilización en la calles durante la conferencia no iba a ser la única presión para exigir medidas adecuadas a los responsables de la política mundial. Estaba la presión de las organizaciones populares, de los países “menos desarrollados”, particularmente los más vulnerables al cambio climático en África y el Pacífico Sur. Y estuvo también la verdadera campaña que el papa Francisco emprendió este año para concientizar y presionar para que se tomen las medidas adecuadas: su encíclica Laudato Si, los encuentros promovidos en el Vaticano con científicos, con organizaciones populares y con los alcaldes de las ciudades más grandes del mundo; sus palabras en el congreso de los EU y en la ONU, tanto en Nueva York como en Nairobi y otras muchas acciones que sería muy largo enumerar. ¿Sirvió de algo todo esto? Los gobiernos (como el de Francia, el de México, el de EU) dicen que sí, las organizaciones populares y ecologistas dicen que no. ¿Qué dice Francisco? Hay que ser cautelosos para responder esta pregunta, porque si bien algunos medios hacen sonar su reacción como que “se fue con la finta” por las buenas declaraciones que quedaron en el papel si leemos con cuidado es otra la interpretación. Así, un portal que se especializa en dar noticias sobre el Vaticano, titula su nota: “El Papa aplaude el acuerdo de París sobre el clima y llama a ocuparse de los más débiles”. pero si leemos el contenido de la nota misma nos daremos cuenta de que su postura es más matizada; las palabras que se dan como textuales del papa dicen: “La conferencia sobre el clima acaba de concluir en París con un acuerdo que muchos definen histórico. Su implementación requerirá un empeño colectivo y una generosa dedicación por parte de cada uno”.

Más allá de lo que pueda decir el papa en una declaración coyuntural, está lo que escribió en la encíclica y todas las alocuciones y discursos que ha elaborado sobre el tema. Y lo que pasó en la COP21 se ubica exactamente dentro del marco de lo que él ya había previsto: quedarse en la insuficiencia de los compromisos “voluntarios” en vez de las decisiones obligatorias para todos, el no reconocer la “deuda ecológica” que los países ricos tienen hacia los pobres, el creer en la eficacia de soluciones “mágicas” del mercado o de soluciones “tecnocráticas” que en realidad empeorarán las cosas. Ciertamente fue inesperada y muy positiva la decisión final de fijar el límite máximo de calentamiento en 1.5º C (como pedían los países más afectados) y no en 2º C (como se había escrito en el documento de trabajo) pero mientras esa definición no vaya acompañada de las medidas eficaces y obligatorias sirve de muy poco. Por eso como dice el comentario de Francisco tras la cumbre de Paris “su implementación requerirá un empeño colectivo y una generosa dedicación por parte de cada uno” o, como dicen las organizaciones populares y ecologistas, la lucha ni comenzó ni terminó en Paris, sigue cotidianamente.

Ya hemos comentado anteriormente lo dicho por el papa con toda claridad. Quienes obstaculizan las medidas radicales que habría que tomar son los mismos responsables de la explotación de nuestros hermanos más vulnerables y de la destrucción de nuestra hermana madre tierra; son aquéllos para quienes el dinero es su dios. Pero quiero terminar con el otro gran obstáculo que Francisco señala en el camino de la salvación de la madre tierra y de sus hijos (que somos todos): la “globalización de la indiferencia” según sus propias palabras, que debería ser sustituida por otra globalización, la de la conciencia, la responsabilidad y el amor, no el “amor”sentimental y superficial que suelen ofrecer muchos sino el que es capaz de llamar a las cosas por su nombre.

Durante estas dos semanas que duró la reunión de la COP21, tiempo calificado no sólo por Francisco sino por otras personalidades muy diferentes (como Naomi Klein y Noam Chomsky) como uno de los más cruciales en la historia de la humanidad, fue verdaderamente deprimente atestiguar la indiferencia casi total, como decía al principio, de esa misma humanidad. Y no encuentro mejor palabra para describir esa actitud de la gente y de los medios de comunicación (con sus muy contadas y honrosas excepciones) que “bataclánica” (como diría Violeta Parra). Mientras se debatía el futuro de la tierra, los medios de comunicación se ocupaban de recetarnos sus acostumbradas frivolidades como, los partidos de futbol, los discursos huecos de los políticos, las aventuras románticas de actores, actrices y ‘bataclanas’ de la televisión y el “show bisnes” y así por el estilo. La Biblia tiene su propia imagen estremecedora para describir este tipo de indiferencia ciega y suicida: “Como en los días de Noé, los hombres y las mujeres comían y bebían; se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.”

Las decisiones de la COP21 son, en el mejor de los casos, buenas intenciones. Lo que implican es una radical transformación, del modelo económico y del estilo de vida vigentes, para nada es exagerado hablar de una verdadera revolución. Para llevar a cabo esa transformación se necesita vencer la resistencia de un “imperio” que, lo ha demostrado, no se detiene ante ningún escrúpulo ético para asegurar sus intereses. La única forma de lograr eso será con una movilización masiva –y heroica- de ciudadanos concientes y organizados. A partir de la actitud que vimos en estos días hay un largo, larguísimo, camino por recorrer. No es de extrañar que muchos caigan en la desesperación. Pero, como dice Francisco: “Ánimo. Dios no nos ha abandonado”.


La Defensa de la Madre Tierra/VII. ¿Qué es la COP21 y por qué depende de ella nuestro futuro?

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

Mi abuelo tuvo un sueño y me dijo: Hijo, yo ya no lo voy a ver, pero tú sí. La vida se va a poner muy difícil porque va a hacer mucho calor. Los humanos han cortado los árboles, han faltado al respeto a la Madre Tierra, por eso ya no llueve y va a haber mucho sufrimiento.

                                                                                         Palabras de un indígena guaimí de Panamá a Tatik Samuel en febrero del 2004

La semana pasada, comenzando el lunes 30 de noviembre y programada para terminar este viernes 11 de diciembre se inició en París la cumbre mundial conocida como la COP21. Ante este acontecimiento el papa Francisco se manifestó sin rodeos ni eufemismos: “Es ahora o nunca, estamos al borde de un suicidio de la humanidad”. ¿Qué es pues la COP21? ¿Por qué es tan importante? ¿Qué posibilidades tenemos de evitar ese suicidio de la humanidad?

¿Qué es la COP21?

Para empezar a responder cito el portal alterativo de noticias “Democracy Now” que nos informa que: “En este contexto se está desarrollando uno de los encuentros mundiales más importantes de la historia: la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o COP 21 (UNFCCC por sus siglas en inglés: United Nations Framework Convention on Climate Change). Prácticamente todos los países del mundo están representados aquí, a través de sus delegaciones, que están intentando alcanzar un acuerdo antes del 11 de diciembre, con el objetivo de evitar un cambio climático catastrófico e irreversible.”

Francisco, en su encíclica Laudato Si, menciona algunos de los principales antecedentes de esta cumbre: La Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Río de Janeiro, más atrás todavía, la Declaración de Estocolmo (1972) y más cercana a nosotros, La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible denominada Rio+20 (Río de Janeiro 2012). Y se sobreentiende que previa a esta COP21 ha habido otras 20 cumbres anteriores con los mismos objetivos. Aunque Francisco reconoce que algunas de estas reuniones mundiales tuvieron en su momento un valor para ir abriendo la conciencia de pueblos y gobiernos, sin embargo en la práctica no se ha hecho nada realmente significativo y añade sin rodeos que:

“Las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad” (no.169 de LS).

¿Qué está en juego en la COP21?

Para decirlo en pocas palabras, que aunque suenen catastrofistas no son más que el más escueto realismo basado en el rigor de las consideraciones científicas y también en el sentido común de cualquier observador que no esté cegado por sus intereses o por la propaganda, lo que está en juego es el futuro de la humanidad y la habitabilidad de este planeta para los seres humanos y también para muchas especies animales y vegetales cuyas condiciones de existencia podrían desaparecer.

Los científicos calculan que desde que comenzó la era industrial basada en el consumo de los combustibles fósiles (como el carbón, el gas y el petróleo y sus derivados) la temperatura global del planeta se ha elevado en 1º. centígrado. Un grado puede sonar poco para los legos en la materia pero es ya un cambio catastrófico. Además de los trastornos climáticos que implican cada vez más y mayores desastres “naturales” como los huracanes y oscilaciones extremas entre las sequías y las inundaciones, este grado de calentamiento significa que los enormes glaciares, que en otra época aprendimos en la escuela a llamar “eternos” ya no los son: se han empezado a derretir. Lo cual a su vez significa que los miles de millones de metros cúbicos de agua que los formaban pasan a ser parte de los océanos elevando el nivel del mar. El efecto más directo- y ya palpable en algunos lugares – es que al subir el nivel del mar las tierras costeras de poca altura pasan a ser cubiertas por las aguas. Se habla de unos islas en el Pacífico cuyos habitantes ya están buscando un lugar para emigrar masivamente. En México podríamos pensar en nuestro vecino estado de Tabasco donde las inundaciones ya son endémicas y podrían llegar a ser permanentes.

Los científicos calculan que para evitar lo peor y poder empezar a revertir el proceso destructor, el calentamiento global no deberá de sobrepasar los 2º C, aunque algunos (especialmente los habitantes del Pacífico Sur como los de las islas mencionadas y otras más grandes como las Filipinas) creen que ese tope es demasiado alto, que el límite debería fijarse en 1.5º C. Para lograr incluso la meta menos ‘ambiciosa’ las emisiones que producen el calentamiento deberían detenerse YA. Aun así la temperatura seguiría subiendo puesto que hay procesos ya desatados, pero – si se tomaran las medidas radicales- habría esperanzas de que ese proceso se detuviera en los 2º C y entonces empezaría a decrecer.

La mala noticia es que los gobiernos de los países que más pesan a la hora de tomar decisiones, atrapados por su dependencia-complicidad con las grandes empresas contaminantes, se están haciendo tontos…para decirlo en pocas palabras. Han cambiado el esquema necesario de límites obligatorios fijados por la comunidad internacional, por el de límites voluntarios fijados por cada gobierno (y los poderes financieros que los sostienen). Así, ni siquiera el límite de 2ºC (que muchos sostienen que es ya demasiado alto) está garantizado. Sobrepasar estos límites seguramente implicaría que, como escribe Francisco: “Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros” (24). Y para que no quede duda sobre el esquema de contribuciones voluntarias ha dicho que es “indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables”  (53).

¿Qué está pasando en la conferencia de Paris?

Hasta este momento desgraciadamente está pasando lo que era de temer. Todas las ficciones y falsas soluciones denunciadas por la encíclica, están presentes. El presidente Obama, que en su país es visto por los republicanos como demasiado radical en cuestiones del cambio climático, se congratuló en su discurso de que la mayoría de los países están haciendo su tarea de entregar sus compromisos voluntarios, o sea, el mismísimo esquema condenado por el papa y los ecologistas reales. Siguen todas las seudo soluciones denunciadas por la encíclica: confiar mágicamente en los mecanismos del mercado o en pretendidos remedios tecnocráticos. Hasta el presidente Peña Nieto, autor de las atroces reformas estructurales que, entre otras cosas decretan que la explotación de hidrocarburos tiene absoluta prioridad sobre la agricultura y cualquier otra actividad humana, se dio su vuelta a París, alardeando de que su modelo de desarrollo es compatible con el control del cambio climático. Quizá estas palabras de la encíclica que parecen, como sus trajes, cortadas a su medida, explique el por qué, según se dice, EPN no quería que el papa viniera a México: “En este marco, el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen” (194).

Y hay algo peor. Si en anteriores cumbres de diverso tipo ya se había hecho costumbre la movilización masiva en las calles para, mal que bien, tratar de que el clamor de los pueblos penetrara de alguna manera hasta los acondicionados salones de lujo donde se reúnen los poderosos, en París, con el pretexto de los recientes atentados terroristas, se prohibieron todas las manifestaciones públicas; aunque algunos se atrevieron a desafiar la prohibición y sufrieron las consecuencias de golpes policíacos, gases lacrimógenos, pimienta y otros que muestran la sensibilidad ecológica del gobierno francés. A un activista que reclamó a las autoridades por la virtual supresión de las garantías civiles le contestaron que se debía a la emergencia de las amenazas terroristas. El activista respondió con toda razón que el cambio climático también es una emergencia y mucho mayor pero esto no impresionó a las autoridades. Mientras tanto la ecología, no solo light, sino chic, se hace presente en los salones de lujo de París donde se exhiben limosinas de “cero emisión” de contaminantes y mansiones acondicionadas por combustibles ‘limpios’. Cada quien sus propias prioridades, pues. Pero no hay que ignorar lo que dijo el dirigente del Movimiento Sin Tierra de los campesinos brasileños: el imperio ha decidido jugar más rudo.

La paradoja de los gobiernos y los activistas.

Bill McKibben uno de los fundadores de la organización de activistas climáticos <350.org>, medio se consuela por lo que pasa en París diciendo bueno, éste no es el campo de batalla, es más bien algo como el marcador que nos dice como van las anotaciones del partido; lo que cuenta es lo que están haciendo y seguirán haciendo nuestras organizaciones en cada lugar del planeta. Y da como dato esperanzador que, aunque las manifestaciones públicas están prohibidas en París, sólo su organización logró promover el pasado fin de semana “movilizaciones en 2200 lugares alrededor del mundo, desde Camerún, Minneapolis, Malawi, Australia, Estocolmo; desde cada rincón del planeta”. Habría que añadir la marcha del domingo pasado aquí en San Cristóbal, pues aunque no haya tenido como tema específico el cambio climático, la lucha por una nueva Constitución que recupere el sentido de una sociedad organizada para el bien común y no para beneficio de los intereses particulares de los privilegiados, va en la misma dirección.

Sin embargo, otro activista que también anda en París apuntó con realismo que el movimiento para salvar la tierra no puede prescindir de los gobiernos: “Veo aquí a los líderes de los gobiernos, todas sus debilidades, pretensiones, crímenes climáticos; observo que no hay contradicción en la que no incurran. Me asombra la capacidad de los seres humanos para racionalizar su ceguera ante los inenarrables sufrimientos que causa y causará el cambio climático. Y sin embargo, no podemos prescindir de los gobiernos; ellos son nuestra mejor solución. Solo con el poder del estado podemos terminar, no meramente reducir, la emisión de gases de efecto invernadero. Pero necesitaremos que los movimientos sociales obliguen a los gobierno para que a su vez éstos obliguen a la sociedad –corporaciones, sindicatos, iglesias, individuos, a acabar con el mundo de los combustibles fósiles, antes de que ese mundo acabe con el mundo mismo. El poder es la clave”.

Exactamente lo mismo piensa Francisco, pero ante la sordera y ceguera de los gobiernos sigue rezando por un milagro. Tal vez habría que imitarlo, y no me refiero nada más al rezar, sino a la lucha por una transformación radical, de la que él mismo es un ejemplo.


La Defensa de la Madre Tierra/VI Laudato Si y el ¡Ya basta! de los pueblos

Escrito por Laudatosi 29-11-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

Después de enfatizar cómo los pobres de la tierra y su hermana la tierra misma son victimas del sistema global que sólo respeta la lógica del dinero, Francisco une su voz al clamor de los múltiples y multiformes ¡ya basta! que surgen desde las entrañas de la tierra a lo largo y a lo ancho de todo el planeta:


“Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.” (Ibíd.).

Ese “sistema que se ha hecho global” que todos conocemos, Francisco no lo designa con los términos que comúnmente utilizamos como capitalismo o neoliberalismo, pero no cabe duda de que se está refiriendo a ese sistema que ha hecho un ídolo del dinero y del mecanismo mal llamado de “libre mercado”. Y si ese sistema es culpable de lo que nos aqueja evidentemente es imposible que las soluciones derivadas de él puedan salvarnos. Así Francisco rechaza sin ambages las falsas soluciones a la crisis ambiental que nos ofrecen (más o menos disfrazadas) los poderes de facto. Así por ejemplo, escribe que…

“Algunas de las estrategias de baja emisión de gases contaminantes buscan la internacionalización de los costos ambientales, con el peligro de imponer a los países de menores recursos pesados compromisos de reducción de emisiones comparables a los de los países más industrializados…(170). La estrategia de compraventa de « bonos de carbono » puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes. Este sistema parece ser una solución rápida y fácil, con la apariencia de cierto compromiso con el medio ambiente, pero que de ninguna manera implica un cambio radical a la altura de las circunstancias. Más bien puede convertirse en un recurso diversivo que permita sostener el sobreconsumo de algunos países y sectores (171).”

Y si estas palabras tienen cierto tono de moderación, las siguientes no tienen ningún tapujo:

“No se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidarlos [los ecosistemas tropicales], pueden atentar contra las soberanías nacionales. De hecho, existen «propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales»” (38).

Y a continuación, la puntilla, que una vez más parecería llevar dedicatoria para ciertos gobiernos de todos conocidos; es necesario, dice

“que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.” (38)

Podríamos seguir con una larga lista de citas de muy alta relevancia, pero con esto es más que suficiente para mostrar por dónde va la palabra de Francisco. Más bien, antes de terminar quisiera avocarme a responder una posible pregunta. Quizá alguien podría decir: Todo eso está muy bien y qué bueno que el papa nos apoye, pero todo eso (o casi todo) ya lo sabemos nosotros y lo hemos dicho y repetido hasta el cansancio, ¿no hay algo nuevo o diferente que el papa aporte a nuestras luchas? A tal pregunta hipotética respondo que sí, que sí lo hay y con las limitaciones presentes de tiempo y espacio esbozo tan sólo algunas de las muchas posibles respuestas:

1) Francisco nos ha regalado no sólo unas palabras (escritas o pronunciadas) de apoyo a nuestras luchas sino toda una serie de acciones significativas y articuladas que son todo un modelo de acción personal y de activismo social. Desde un profundo cambio de actitud personal hasta la lucha en las instancias internacionales (como la que se planteó en el foro con respecto al Protocolo de Nagoya) pasando por las acciones familiares, vecinales, regionales y naturalmente de las organizaciones sociales, creo que aquí hay muchas enseñanzas de las que podríamos y deberíamos beneficiarnos. Y en todo ello está presente un principio básico que todos compartimos: “Si los ciudadanos no controlan al poder político –nacional, regional y municipal –, tampoco es posible un control de los daños ambientales” (179). Pero Francisco va todavía más a las raíces; no sólo los ciudadanos organizados deben controlar al poder político, sino que cada ser humano se debe controlar a sí mismo, porque si bien la violencia que destruye a la tierra y a los pobres está como cristalizada en un sistema, también es cierto que está como agazapada “en el corazón humano, herido por el pecado” (2).

2) El movimiento en defensa de la tierra se ha desarrollado generalmente de abajo hacia arriba y no tanto a partir de grandes teorías e ideologías sino a partir de experiencias concretas. Frente a esta realidad algunos se preguntan si no será necesario articular todas estas experiencias parciales en una gran visión global, pero al mismo tiempo recelan de que un intento de lograr esto pueda dar lugar a otra imposición ideológica más. Creo que los planteamientos de Francisco pueden ser un significativo aporte, más allá de las ideologías para obtener esa visión global. Tal vez algunos objeten que la visión del papa quizá no sea ideológica pero en cambio es teológica (lo que para algunos sería todavía peor). Pero si se lee la encíclica sin prejuicios se verá que el papa en ningún momento trata de imponer su teología y en cambio ofrece, con gran respeto a la diversidad, bases ético-humanas que podrían ser aceptadas como punto de partida por todas las personas que de buena voluntad desean defender nuestra casa común.

3) A título personal, pero creo que muchos compartirán esto conmigo, creo que la mayor aportación que nos hace Francisco a los que de una u otra manera luchamos por la defensa de la tierra y de sus guardianes naturales que son los indígenas y los pequeños agricultores campesinos es la esperanza. Confieso que aunque hace mucho tiempo me preocupan los problemas ecológicos en ocasiones me abstengo de leer noticias relacionadas con el tema, pues cuando lo hago acabo deprimido: que si tantos millones de hectáreas de bosque en el mundo se destruyen cada día, que si en la Amazonia desaparece cada minuto el equivalente a 10 campos de futbol, que si las reservas de agua se contaminan, que si los transgénicos destruyen la biodiversidad, que si el Ártico se derrite y los osos polares andan como almas en pena haciendo equilibrios en fragmentos de hielo… ¿Para qué leer más? ¿O para qué seguir con más ahora mismo? Ahora bien a mi modo de ver Francisco logra algo verdaderamente notable. No nos pinta un panorama color de rosa; todo lo contrario, con implacable objetividad nos dice que:

“Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones” (161).

No sólo eso, “parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre” que anuncian nuevas y mayores catástrofes naturales (61) y además “el agotamiento de algunos recursos, va creando un escenario favorable para nuevas guerras” (57). El problema no es para las generaciones futuras sino que está ya afectando a millones de seres humanos, por ejemplo en las regiones empobrecidas de África, “donde el aumento de la temperatura unido a la sequía hace estragos en el rendimiento de los cultivos” (51).

Y sin embargo lo que deja al final la lectura de la encíclica no es depresión y desánimo sino esperanza y hasta gozo. Y es que Francisco, siguiendo las huellas de su tocayo de Asís, no sólo nos presenta el lado obscuro de la realidad sino que se une a él para cantarle a la belleza de la hermana madre tierra, de la hermana agua, del hermano sol, de las hermanas plantas. Y aunque

“Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo…”, nosotros “estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud” (53).

Por eso no es incongruente que, a pesar de los negros nubarrones Francisco nos convoque a que:

“Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza” (244).

* Ponencia presentada por el autor en el foro El Despojo Biocultural: La amenaza del protocolo de Nagoya o las patentes sobre los bienes comunes. Una visión desde los pueblos. llevado a cabo en el CIDECI- UNITIERRA de SCLC el 23 de octubre de 2015. (2ª. y última parte).


La Defensa de la Madre Tierra/V. Laudato Si y las organizaciones populares

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

La encíclica Laudato Si; sobre el cuidado de la Casa Común, publicada por el papa Francisco en junio pasado tiene una importancia crucial y evidente para los movimientos y organizaciones que, como los que participaron en este foro*, luchan por la defensa de la tierra, el territorio, la biodiversidad y los derechos de los pueblos. Dicho sea de paso, y en honor de quienes organizaron este foro, Francisco prácticamente hace suya la frase, y no sólo la frase sino la convicción firme y profunda de que, frente al modelo hegemónico impuesto como si no hubiera alternativas, en realidad, otro mundo es posible.

Antes de entrar de lleno a este tema, de lo que significa la encíclica para las organizaciones y movimientos populares, quisiera muy brevemente decir un par de cosas sobre lo que significa la encíclica para la Iglesia misma (hablo en estos momentos específicamente de la Iglesia Católica; en cuanto a las otras Iglesias, sería muy interesante que las mismas dijeran los que para ellas significa). En primer lugar significa una novedad que en cierto modo no es novedad dado que implica regresar a lo más antiguo de la Iglesia, a sus propios orígenes. En realidad muchas novedades, y no sólo en el ámbito eclesial sino en la historia de las personas y de los pueblos, nacen de volver a los orígenes, de redescubrir la propia identidad. Francisco está decidido a que la Iglesia eche su suerte con los pobres de la tierra  (para decirlo con las coplas de José Martí) o sea, que vuelva a sus orígenes de ser la que anuncia la buena noticia a los pobres. Con esto el papa está tratando muy en serio de desmarcar a la Iglesia de las posturas ideológicas conservadoras que hace demasiado tiempo han condicionado, limitado y tergiversado su mensaje y de desenredarla de la maraña de intereses económicos y políticos que igualmente la mantienen cautiva a ella y a su mensaje liberador. La segunda novedad me atrevo a decir que es más que la primera una novedad en términos absolutos. Hace unos días tuve la oportunidad de platicar con un sacerdote indígena que es uno de los pioneros en México de lo que aquí en la Diócesis de San Cristóbal se llama la Iglesia Autóctona y de lo que se conoce también como la Teología India. Me decía que –hasta donde llegaba su conocimiento, que es bastante amplio- ésta es la primera vez en la historia de la Iglesia que un papa utiliza la expresión Madre Tierra, y más todavía, no lo utiliza en una conversación casual sino en un documento de esta naturaleza que es de los que tienen mayor autoridad doctrinal en la Iglesia. Este sólo hecho tiene una importancia trascendental para los pueblos indígenas que desde siempre han utilizado esta expresión y que de esta manera obtiene una reivindicación más para sus culturas tan golpeadas, negadas y reprimidas a través de la historia y particularmente en estos momentos de capitalismo salvaje (algunos historiadores dicen que ni siquiera en tiempos de la conquista los pueblos y las culturas indígenas habían sido tan amenazadas como ahora). Y con esto entramos ya de lleno al tema que nos ocupa.

La encíclica Laudato Sí retoma las luchas y reivindicaciones de los movimientos populares dando un lugar especial a los pueblos indígenas. Cabe decir que incluso durante las décadas de lo que algunos teólogos de la liberación denominaron el invierno eclesial, era posible para los pobres y para los pueblos indígenas encontrar algunas palabras de aliento y de apoyo a sus luchas en los pronunciamientos de los papas, por ejemplo, las palabras que pronunció Juan Pablo II ante sus representantes en su visita a Mérida, Yucatán. Pero ahora estamos frente a algo radicalmente nuevo y profundamente esperanzador y desafiante. Los papas anteriores hablaban desde posiciones teológicas, por así decirlo, pero nunca como ahora habían retomado las palabras, las luchas, las reivindicaciones y el espíritu de las luchas populares y se las habían devuelto con su propia firma como aval, de modo que los pueblos pudieran contemplarse a sí mismos en una encíclica papal. Tal vez podría decirse que el papa Juan Pablo II hizo algo semejante con el movimiento obrero de Solidaridad en su natal Polonia. Pero ahora nos toca a nosotros y ojalá pudiéramos sacar tantas consecuencias prácticas de sus palabras como hicieron los polacos pero sin cometer los errores que ellos cometieron.

Vale la pena recordar que Francisco quiso enmarcar, por así decirlo, su encíclica en medio de dos encuentros con organizaciones populares. El primero, previo a la publicación de la encíclica, con movimientos populares en general, en el Vaticano en octubre del 2014. El segundo, justo después de la publicación de la encíclica y como para reforzar su sentido, se llevó a cabo principalmente con organizaciones indígenas, en Santa Cruz, Bolivia en julio del presente año. Y en la encíclica ofrece estas palabras de reconocimiento y apoyo a los pueblos indígenas – o “las comunidades aborígenes” como las designa el papa- palabras que muy bien podríamos pensar que llevan dedicatoria (entre otros) a las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que pretenden imponer el despojo de tierras a los campesinos con el peregrino argumento de que la entrega de tierras a las trasnacionales privadas es de interés público para la nación:

“En este sentido, es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura” (no.146 de LS).

Desde las primeras palabras de la encíclica y con machacona insistencia a lo largo de cada una de sus páginas, Francisco insiste, con diferentes formulaciones pero con una misma idea siempre, en una tesis central que también lo es para organizaciones y movimientos como los aquí reunidos: la íntima e indestructible unidad entre el tema de la defensa de la tierra y el de la defensa de los derechos de los pobres. He aquí algunas de sus expresiones:

“En San Francisco de Asís se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (10).

“Algunos ejes atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta” (16).

Y una vez más, para que no quepa ninguna duda:

“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (139).

“La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza” (175)…“ El poder conectado con las finanzas es el que más se resiste a este esfuerzo” (57).

Y estas palabras, al mero comienzo de la encíclica, que para mí son una de las aportaciones más originales del papa Bergoglio a partir de la intuición genial de San Francisco que considera a la tierra no sólo como madre, sino como hermana:

“Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto»” (2)

Con estas palabras y otros argumentos posteriores Francisco le sale al paso a las falsas posiciones de reduccionismo verde y la “ecología superficial”, que algunos llamarían la ecología light, que quisieran quedarse en soluciones parciales que no ven la raíz del problema, raíz sobre la cual se expresa con absoluta claridad ante los movimientos populares en Bolivia:

“Ustedes me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?”

* Este artículo es una Ponencia presentada por el autor en el foro El Despojo Biocultural: La amenaza del protocolo de Nagoya o las patentes sobre los bienes comunes. Una visión desde los pueblos. llevado a cabo en el CIDECI- UNITIERRA de SCLC el 23 de octubre de 2015. El foro fue convocado por COMPITCH, Amigos de la Tierra (Internacional), Movimiento de Rebeldía de los Montes Azules y Otros Mundos. (Primera de dos partes).


La Defensa de la Madre Tierra/IV La estructura de Laudato Si y de paso una defensa de los pueblos indígenas

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

En la entrega anterior presentamos el carácter a la vez urgente y esperanzador de la Encíclica del papa Francisco a partir de su Introducción que, tomando prestada una línea de nuestro Himno Nacional, podríamos decir que es como “el clarín con su bélico acento (que) nos convoca a lidiar con valor”. Lo que haremos en esta ocasión será echar una mirada a ojo de pájaro sobre el conjunto de la Encíclica Laudato Si a partir de su estructura.

De hecho el mismo Francisco nos ofrece esa visión al final de la Introducción en términos tan claros que lo mejor será citarlos textualmente. Sin embargo, para resaltar todavía más el carácter de esa estructura y hacerlo accesible a primera vista para los lectores, recurriré a un esquema que Francisco no menciona explícitamente pero que es muy conocido en algunas organizaciones populares y particularmente en medios eclesiales como las comunidades eclesiales de base (las CEB’s) como el método del Ver- Juzgar-Actuar (de hecho el obispo de San Cristóbal de las Casas D. Felipe Arizmendi suele utilizar este planteamiento para presentar sus reflexiones pastorales por escrito). Hay que aclarar que este método es una simplificación brillante, pero simplificación al fin y al cabo del muy complejo proceso del conocer y actuar humano, en eso consiste precisamente su gran valor pedagógico. Pero esta aclaración es necesaria porque un complejo documento como la Laudato Si necesariamente desborda cualquier delimitación excesivamente esquemática. Sin embargo, hecha esta salvedad, creo que resulta útil y provechoso aplicar ese sencillo esquema para aprehender mejor cómo está construida la Encíclica.

La Laudato Si consta de 6 capítulos aparte de la Introducción. Si los agrupamos de dos en dos podremos discernir a grandes rasgos la mencionada estructura. Así, los dos primeros capítulos. Lo que le está pasando a nuestra casa (1º) y El evangelio de la creación (2º) corresponderían al VER. Esto es evidente en el primer capítulo que es precisamente una mirada a lo que está pasando; podría no ser tan evidente en el segundo porque tradicionalmente en las CEB’s la lectura de la palabra de Dios ya entra en el paso del “juzgar”. Sin embargo si nos fijamos bien, también esta parte es una mirada y consiste básicamente en una descripción de lo que dice la tradición judeo-cristiana sobre la creación. Sobre este par de capítulos escribe Francisco:

“En primer lugar, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica [Cap. 1º] con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición judío-cristiana [Cap. 2º] a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso con el ambiente.”

El siguiente par de capítulos correspondería al JUZGAR. El capítulo 3º. Raíz humana de la crisis ecológica analiza y juzga las causas de la situación que se describió en el primer capítulo. El capítulo 4º. Una ecología integral desarrolla, lógicamente, la propuesta ecológica que corrija esas raíces y proporcione un modelo alternativo. Para evitar una interpretación reduccionista de lo ecológico meramente como lo verde y desvinculado de otros aspectos de la realidad, vale la pena citar esta frase contundente que se encuentra precisamente en esta sección:No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”. También en este capítulo, en el apartado sobre Ecología cultural, encontramos un párrafo que ameritaría, ya no digamos un artículo sino un tratado completo dedicado a él. A reserva de poder escribir más adelante por lo menos el artículo, cito aquí el texto que bien podría leerse como un comentario sobre los pueblos indígenas (comunidades aborígenes les llama la Encíclica) de México y las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que decretaron impúdicamente que las actividades extractivas (generalmente en manos de empresas trasnacionales) tienen prioridad absoluta sobre la agricultura (cuando ésta está en manos de campesinos e indígenas). He aquí lo que dice Francisco al respecto:

“Es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura.”

Sobre el par de capítulos que constituyen el JUZGAR Francisco nos dice:

“Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas [Cap. 3º]. Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea [Cap. 4º].”

Finalmente la última pareja de capítulos,  Algunas líneas de orientación y acción (Cap. 5º) y

Educación y espiritualidad ecológica (Cap. 6º) claramente corresponden al ACTUAR, sin que esté ausente otro paso que en los últimos tiempos muchos añadieron al trío del Ver-Juzgar-Actuar, a saber, el CELEBRAR, lo cual, dadas las circunstancias verdaderamente trágicas que describe la Encíclica, constituye una especie de provocación. Pero Francisco sabe lo que hace. Y lo que dice sobre estos dos últimos capítulos es lo siguiente:

“A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional [Cap. 5º]. Finalmente, puesto que estoy convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana [Cap. 6º].”

Y a continuación añade el autor de la Encíclica una observación sobre su método:

“ Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado…”

Y algo más que aunque no lo dice aquí sí lo hace en otros momentos y de otras maneras: Que aunque naturalmente Francisco escribe como creyente y cabeza de la Iglesia Católica (y obviamente no podría hacerlo de otra manera) sin embargo constantemente está tratando de entablar un diálogo con todos los hombres y mujeres concientes, sean de la religión que sean o aunque no tengan ninguna o sean declaradamente ateos. Como él mismo lo dice: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar.”