Blog de Laudato Si

Blog en construcción

Este blog lo he creado para compartir mis análisis y reflexiones a partir de la encíclica Laudato Si del papa Francisco. Para comenzar…(sigue en la Introducción)

La Defensa de la Madre Tierra/V. Laudato Si y las organizaciones populares

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

La encíclica Laudato Si; sobre el cuidado de la Casa Común, publicada por el papa Francisco en junio pasado tiene una importancia crucial y evidente para los movimientos y organizaciones que, como los que participaron en este foro*, luchan por la defensa de la tierra, el territorio, la biodiversidad y los derechos de los pueblos. Dicho sea de paso, y en honor de quienes organizaron este foro, Francisco prácticamente hace suya la frase, y no sólo la frase sino la convicción firme y profunda de que, frente al modelo hegemónico impuesto como si no hubiera alternativas, en realidad, otro mundo es posible.

Antes de entrar de lleno a este tema, de lo que significa la encíclica para las organizaciones y movimientos populares, quisiera muy brevemente decir un par de cosas sobre lo que significa la encíclica para la Iglesia misma (hablo en estos momentos específicamente de la Iglesia Católica; en cuanto a las otras Iglesias, sería muy interesante que las mismas dijeran los que para ellas significa). En primer lugar significa una novedad que en cierto modo no es novedad dado que implica regresar a lo más antiguo de la Iglesia, a sus propios orígenes. En realidad muchas novedades, y no sólo en el ámbito eclesial sino en la historia de las personas y de los pueblos, nacen de volver a los orígenes, de redescubrir la propia identidad. Francisco está decidido a que la Iglesia eche su suerte con los pobres de la tierra  (para decirlo con las coplas de José Martí) o sea, que vuelva a sus orígenes de ser la que anuncia la buena noticia a los pobres. Con esto el papa está tratando muy en serio de desmarcar a la Iglesia de las posturas ideológicas conservadoras que hace demasiado tiempo han condicionado, limitado y tergiversado su mensaje y de desenredarla de la maraña de intereses económicos y políticos que igualmente la mantienen cautiva a ella y a su mensaje liberador. La segunda novedad me atrevo a decir que es más que la primera una novedad en términos absolutos. Hace unos días tuve la oportunidad de platicar con un sacerdote indígena que es uno de los pioneros en México de lo que aquí en la Diócesis de San Cristóbal se llama la Iglesia Autóctona y de lo que se conoce también como la Teología India. Me decía que –hasta donde llegaba su conocimiento, que es bastante amplio- ésta es la primera vez en la historia de la Iglesia que un papa utiliza la expresión Madre Tierra, y más todavía, no lo utiliza en una conversación casual sino en un documento de esta naturaleza que es de los que tienen mayor autoridad doctrinal en la Iglesia. Este sólo hecho tiene una importancia trascendental para los pueblos indígenas que desde siempre han utilizado esta expresión y que de esta manera obtiene una reivindicación más para sus culturas tan golpeadas, negadas y reprimidas a través de la historia y particularmente en estos momentos de capitalismo salvaje (algunos historiadores dicen que ni siquiera en tiempos de la conquista los pueblos y las culturas indígenas habían sido tan amenazadas como ahora). Y con esto entramos ya de lleno al tema que nos ocupa.

La encíclica Laudato Sí retoma las luchas y reivindicaciones de los movimientos populares dando un lugar especial a los pueblos indígenas. Cabe decir que incluso durante las décadas de lo que algunos teólogos de la liberación denominaron el invierno eclesial, era posible para los pobres y para los pueblos indígenas encontrar algunas palabras de aliento y de apoyo a sus luchas en los pronunciamientos de los papas, por ejemplo, las palabras que pronunció Juan Pablo II ante sus representantes en su visita a Mérida, Yucatán. Pero ahora estamos frente a algo radicalmente nuevo y profundamente esperanzador y desafiante. Los papas anteriores hablaban desde posiciones teológicas, por así decirlo, pero nunca como ahora habían retomado las palabras, las luchas, las reivindicaciones y el espíritu de las luchas populares y se las habían devuelto con su propia firma como aval, de modo que los pueblos pudieran contemplarse a sí mismos en una encíclica papal. Tal vez podría decirse que el papa Juan Pablo II hizo algo semejante con el movimiento obrero de Solidaridad en su natal Polonia. Pero ahora nos toca a nosotros y ojalá pudiéramos sacar tantas consecuencias prácticas de sus palabras como hicieron los polacos pero sin cometer los errores que ellos cometieron.

Vale la pena recordar que Francisco quiso enmarcar, por así decirlo, su encíclica en medio de dos encuentros con organizaciones populares. El primero, previo a la publicación de la encíclica, con movimientos populares en general, en el Vaticano en octubre del 2014. El segundo, justo después de la publicación de la encíclica y como para reforzar su sentido, se llevó a cabo principalmente con organizaciones indígenas, en Santa Cruz, Bolivia en julio del presente año. Y en la encíclica ofrece estas palabras de reconocimiento y apoyo a los pueblos indígenas – o “las comunidades aborígenes” como las designa el papa- palabras que muy bien podríamos pensar que llevan dedicatoria (entre otros) a las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que pretenden imponer el despojo de tierras a los campesinos con el peregrino argumento de que la entrega de tierras a las trasnacionales privadas es de interés público para la nación:

“En este sentido, es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura” (no.146 de LS).

Desde las primeras palabras de la encíclica y con machacona insistencia a lo largo de cada una de sus páginas, Francisco insiste, con diferentes formulaciones pero con una misma idea siempre, en una tesis central que también lo es para organizaciones y movimientos como los aquí reunidos: la íntima e indestructible unidad entre el tema de la defensa de la tierra y el de la defensa de los derechos de los pobres. He aquí algunas de sus expresiones:

“En San Francisco de Asís se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (10).

“Algunos ejes atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta” (16).

Y una vez más, para que no quepa ninguna duda:

“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (139).

“La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza” (175)…“ El poder conectado con las finanzas es el que más se resiste a este esfuerzo” (57).

Y estas palabras, al mero comienzo de la encíclica, que para mí son una de las aportaciones más originales del papa Bergoglio a partir de la intuición genial de San Francisco que considera a la tierra no sólo como madre, sino como hermana:

“Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto»” (2)

Con estas palabras y otros argumentos posteriores Francisco le sale al paso a las falsas posiciones de reduccionismo verde y la “ecología superficial”, que algunos llamarían la ecología light, que quisieran quedarse en soluciones parciales que no ven la raíz del problema, raíz sobre la cual se expresa con absoluta claridad ante los movimientos populares en Bolivia:

“Ustedes me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?”

* Este artículo es una Ponencia presentada por el autor en el foro El Despojo Biocultural: La amenaza del protocolo de Nagoya o las patentes sobre los bienes comunes. Una visión desde los pueblos. llevado a cabo en el CIDECI- UNITIERRA de SCLC el 23 de octubre de 2015. El foro fue convocado por COMPITCH, Amigos de la Tierra (Internacional), Movimiento de Rebeldía de los Montes Azules y Otros Mundos. (Primera de dos partes).


La Defensa de la Madre Tierra/IV La estructura de Laudato Si y de paso una defensa de los pueblos indígenas

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

En la entrega anterior presentamos el carácter a la vez urgente y esperanzador de la Encíclica del papa Francisco a partir de su Introducción que, tomando prestada una línea de nuestro Himno Nacional, podríamos decir que es como “el clarín con su bélico acento (que) nos convoca a lidiar con valor”. Lo que haremos en esta ocasión será echar una mirada a ojo de pájaro sobre el conjunto de la Encíclica Laudato Si a partir de su estructura.

De hecho el mismo Francisco nos ofrece esa visión al final de la Introducción en términos tan claros que lo mejor será citarlos textualmente. Sin embargo, para resaltar todavía más el carácter de esa estructura y hacerlo accesible a primera vista para los lectores, recurriré a un esquema que Francisco no menciona explícitamente pero que es muy conocido en algunas organizaciones populares y particularmente en medios eclesiales como las comunidades eclesiales de base (las CEB’s) como el método del Ver- Juzgar-Actuar (de hecho el obispo de San Cristóbal de las Casas D. Felipe Arizmendi suele utilizar este planteamiento para presentar sus reflexiones pastorales por escrito). Hay que aclarar que este método es una simplificación brillante, pero simplificación al fin y al cabo del muy complejo proceso del conocer y actuar humano, en eso consiste precisamente su gran valor pedagógico. Pero esta aclaración es necesaria porque un complejo documento como la Laudato Si necesariamente desborda cualquier delimitación excesivamente esquemática. Sin embargo, hecha esta salvedad, creo que resulta útil y provechoso aplicar ese sencillo esquema para aprehender mejor cómo está construida la Encíclica.

La Laudato Si consta de 6 capítulos aparte de la Introducción. Si los agrupamos de dos en dos podremos discernir a grandes rasgos la mencionada estructura. Así, los dos primeros capítulos. Lo que le está pasando a nuestra casa (1º) y El evangelio de la creación (2º) corresponderían al VER. Esto es evidente en el primer capítulo que es precisamente una mirada a lo que está pasando; podría no ser tan evidente en el segundo porque tradicionalmente en las CEB’s la lectura de la palabra de Dios ya entra en el paso del “juzgar”. Sin embargo si nos fijamos bien, también esta parte es una mirada y consiste básicamente en una descripción de lo que dice la tradición judeo-cristiana sobre la creación. Sobre este par de capítulos escribe Francisco:

“En primer lugar, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica [Cap. 1º] con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición judío-cristiana [Cap. 2º] a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso con el ambiente.”

El siguiente par de capítulos correspondería al JUZGAR. El capítulo 3º. Raíz humana de la crisis ecológica analiza y juzga las causas de la situación que se describió en el primer capítulo. El capítulo 4º. Una ecología integral desarrolla, lógicamente, la propuesta ecológica que corrija esas raíces y proporcione un modelo alternativo. Para evitar una interpretación reduccionista de lo ecológico meramente como lo verde y desvinculado de otros aspectos de la realidad, vale la pena citar esta frase contundente que se encuentra precisamente en esta sección:No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”. También en este capítulo, en el apartado sobre Ecología cultural, encontramos un párrafo que ameritaría, ya no digamos un artículo sino un tratado completo dedicado a él. A reserva de poder escribir más adelante por lo menos el artículo, cito aquí el texto que bien podría leerse como un comentario sobre los pueblos indígenas (comunidades aborígenes les llama la Encíclica) de México y las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que decretaron impúdicamente que las actividades extractivas (generalmente en manos de empresas trasnacionales) tienen prioridad absoluta sobre la agricultura (cuando ésta está en manos de campesinos e indígenas). He aquí lo que dice Francisco al respecto:

“Es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura.”

Sobre el par de capítulos que constituyen el JUZGAR Francisco nos dice:

“Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas [Cap. 3º]. Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea [Cap. 4º].”

Finalmente la última pareja de capítulos,  Algunas líneas de orientación y acción (Cap. 5º) y

Educación y espiritualidad ecológica (Cap. 6º) claramente corresponden al ACTUAR, sin que esté ausente otro paso que en los últimos tiempos muchos añadieron al trío del Ver-Juzgar-Actuar, a saber, el CELEBRAR, lo cual, dadas las circunstancias verdaderamente trágicas que describe la Encíclica, constituye una especie de provocación. Pero Francisco sabe lo que hace. Y lo que dice sobre estos dos últimos capítulos es lo siguiente:

“A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional [Cap. 5º]. Finalmente, puesto que estoy convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana [Cap. 6º].”

Y a continuación añade el autor de la Encíclica una observación sobre su método:

“ Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado…”

Y algo más que aunque no lo dice aquí sí lo hace en otros momentos y de otras maneras: Que aunque naturalmente Francisco escribe como creyente y cabeza de la Iglesia Católica (y obviamente no podría hacerlo de otra manera) sin embargo constantemente está tratando de entablar un diálogo con todos los hombres y mujeres concientes, sean de la religión que sean o aunque no tengan ninguna o sean declaradamente ateos. Como él mismo lo dice: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar.”


Tabla de Contenido

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en CONTENIDO. Comentarios (0)


Esta tabla no se genera automáticamente por lo tanto podría suceder que en algunos momentos no esté actualizada.

Tabla de Contenido (en construcción...)


INTRODUCCIÓN

Acerca de este blog

Celebración nocturna en Acteal

Acerca del autor

Artículos publicados en Mirada Sur (1)


Serie: Defensa de la Madre Tierra

I Llamada urgente y escasa respuesta

II. El Papa Francisco y Ayotzinapa
 

III. ¡La situación es grave pero la victoria es nuestra!
 IV. La estructura de Laudato Si y de paso una defensa de los pueblos indígenas

V. Laudato Si y las organizaciones populares

VI. Laudato Si y el ¡Ya basta! de los pueblos

VII: ¿Qué es la COP21 y por qué depende de ella nuestro futuro?

VIII: La COP21 la Madre Tierra y los Muertos Bataclánicos
Artículos publicados en Mirada Sur (2)

Serie:  Francisco en Chiapas
  ¿Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma?
 De los Acuerdos de San Andrés a la visita de Francisco
  Brevísima relación de la visita de Francisco (1ª. parte)
  El Papa frente a los indígenas repitió su ¡Ya basta! (2ª. parte de la Brevísima Relación)
  Chomsky, Chiapas y Francisco
 Artículos publicados en La Jornada

 Una mirada de lo global

De la tragedia griega al gran teatro del mundo
Cuando la utopía es evitar la catástrofe
Brexit, Bayer y Laudato
El Octubre que sí se olvida
Fidel, Kennedy y el estado rufián
Los mexicanos chivos expiatorios de Trump
La Declaración Universal de Derechos Humanos (y el retrono del nazismo)
      
  Acteal, Chenalhó, Chiapas
  Más allá de Chenalhó
¿Género contra Justicia?
Debatir, no (des) calificar
Impunidad y Resistencia: de Acteal a Standing Rock
Marichuy, Lupita y la Hidra Capitalista
  Otros temas
  Como criminales impotentes ante un poder criminal
  Alerta por un mexicano en Honduras
Últimas noticias sobre caso Berta Cáceres, COPINH y Gustavo Castro
  Desde Nicaragua
 
Presentación
 Adviento y Cumbre Climática
 SUGERENCIAS ECOLÓGICAS PRÁCTICAS E INSPIRADORAS SOBRE LA LAUDATO SI


La Defensa de la Madre Tierra/III ¡La situación es grave pero la victoria es nuestra!

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

En una entrega anterior comparé al papa Francisco y su encíclica Laudato Si con un capitán de barco que da la voz de alarma sobre el inminente naufragio del navío que comanda pero a la vez sostiene que todavía hay esperanza. Variando un poco la metáfora, también lo podríamos comparar con un general que toma el mando de su ejército en un momento en que éste parece aplastado irremisiblemente por el enemigo: el territorio patrio está invadido, los centros de poder político y de comunicación nacional están prácticamente en su totalidad en manos de los invasores extranjeros – sea a través de sus agentes infiltrados o de traidores colaboracionistas- la población en su mayoría parece insensible a la tragedia o ha absorbido inconcientemente la ideología del enemigo, mientras la porción de ella que está directamente bajo la bota del opresor vive en una situación de terror y cuando resiste heroicamente parece no tener más que sus uñas para hacerlo. En pocas palabras, la situación parece perdida. Pero en estas circunstancias se produce un cambio en el mando supremo del ejército y el nuevo general que llega a hacerse cargo logra, con una serie de rápidos y contundentes movimientos, cambiar la percepción de la situación y la perspectiva de la guerra.

Con la ayuda de esta metáfora militar procederé a exponer sucintamente los principales elementos que componen la Encíclica Laudato Sí.

En primer lugar, Francisco, que es naturalmente el general del que hablamos, en un golpe de vista aprehende la situación con ese tipo de mirada que, según Napoleón, define a los genios: la capacidad de ver tanto el conjunto de la situación como los detalles, la capacidad de captar con una mirada el estado de las fuerzas del enemigo así como el de las propias, pero con un elemento, que muchas veces olvidamos o somos incapaces de incorporar, sin el cual los mejores análisis de la realidad son peor que inútiles porque no hacen más que incrementar la sensación derrotista por el abrumador poder del enemigo; me refiero a la capacidad de detectar, aun en medio de las peores circunstancias adversas las ventanas de oportunidad que, si se aprovecharan, podrían darle la vuelta a la situación. Así Francisco, como ya veíamos anteriormente, no minimiza los peligros ni le saca la vuelta a las situaciones que anuncian una inminente catástrofe (mal haría un general si lanzara sus tropas al asalto dejándoles la impresión de que las fuerzas enemigas son mucho menores de lo que son en realidad) pero, viendo más allá de la noche, avizora el amanecer. Y con esta visión plena de esperanza levanta el ánimo de sus tropas abatidas o resignadas a la inevitable derrota. ¡Vamos! ¡Adelante! ¡La victoria es nuestra! Si el Señor está de nuestro lado ¿quién podrá en contra nuestra?

Desglosando lo anterior en términos de la estructura básica de Laudato Sí, tenemos que en primer lugar (lo que correspondería a la Introducción que va del los párrafos 1 al 16) Francisco resume el problema y el estado de la cuestión en un par de párrafos concisos y contundentes. Sabiamente, como corresponde a un general que sabe por dónde hay que mover el alma de un pueblo invadido y casi derrotado, no comienza con una descripción de los estragos causados por del enemigo. Comienza recordándole al pueblo la graadeza y la belleza original de su patria, en este caso, de nuestra casa común, nuestra hermana madre tierra. Una vez hecho esto, entonces sí, viene, no tanto la descripción de los estragos (eso vendrá después) sino el súbito y estremecedor lamento por la patria herida que “clama por el daño que le provocamos” , junto con (y esta adición es importantísima) el lamento por nuestros compatriotas más pobres que con la hermana madre tierra son los que más cruelmente han recibido los impactos de la violencia: “Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto”.

Acto seguido Francisco esboza una línea de continuidad con sus antecesores desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI (se siente la ausencia de Juan Pablo I, quizá el que más se le parece de todos ellos). Vale la pena destacar que lo primero que hace, inmediatamente después de sus palabras sobre el clamor de la tierra, es establecer un paralelismo entre su encíclica y la encíclica Pacem in Terris (Paz en la Tierra) de Juan XXIII, escrita “hace más de cincuenta años, cuando el mundo estaba vacilando al filo de una crisis nuclear”, encíclica que “no se conformaba con rechazar una guerra, sino que quiso transmitir una propuesta de paz.” Con esto Francisco: a) Liga indisolublemente el tema de la ecología (en el sentido amplio que él le da a ésta noción) con el tema de la paz. b) Subraya el carácter mortalmente crítico del momento actual: así como el mundo estuvo al borde de la catástrofe nuclear (hace exactamente 53 años, en el mes de octubre de 1962, durante la llamada “crisis de los misiles” en Cuba, para ser más precisos) así estamos ahora al borde de la catástrofe ecologica. c) Sugiere, a la vez con delicadeza y con claridad, que si el mundo se salvó en aquel entonces de milagro (quien usó esta expresión no fue Francisco ni ningún correligionario suyo inclinado de por sí a creer en lo sobrenatural, sino el mismísimo Noam Chomsky, bastión del mejor racionalismo moderno) y se salvó en buena medida por la mediación de Juan XXIII entre Kennedy y Jrushov, los dirigentes de las dos potencias nucleares que estuvieron a punto de jalar el gatillo y hacer saltar el mundo en pedazos, sin embargo, el deseo mayor del papa bueno, la instauración de una auténtica paz que fuera algo más que no-guerra, quedó frustrado. De manera implícita pero obvia, Francisco manifiesta su esperanza de que, en esta ocasión, podrá la humanidad, no sólo evitar la catástrofe que la amenaza, sino, ahora sí, instaurar una verdadera “ecología integral” que será además la verdadera paz que anhelaba san Juan XXIII.

Esta sección introductoria se cierra con la reiteración por parte del papa Francisco de lo que ya había dicho en los primeros párrafos de la encíclica y seguirá machacando a lo largo de todo el texto: “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta”.


De la Tragedia Griega al Gran Teatro del Mundo

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Enlaces externos. Comentarios (0)

(Una versión un poco más corta de este artículo se publicó en La Jornada:

De la tragedia griega al gran teatro del mundo )

"Cuando acaban de escucharse estas palabras, entra Evo y se dirige al personaje de blanco. Le entrega una pequeña escultura de una hoz y un martillo con un Cristo clavado en el martillo. Afuera se escuchan los gritos y el rechinar de dientes de los Maestros de la Ley: ¡Comunista, hereje, blasfemo! El personaje de blanco reflexiona y dice en tono pausado: No estoy de acuerdo con el análisis marxista, pero debemos dialogar y trabajar juntos, sobre todo por los oprimidos: los pobres y nuestra hermana la Madre Tierra."

De la Tragedia Griega al Gran Teatro del Mundo

PRIMER ACTO. En el Ágora de Atenas, un ciudadano de nombre Tsipras se dirige a los miembros de la polis. Detrás de él, como telón de fondo, se yergue majestuoso el Monte Olimpo. El personaje, griego, pero no ajeno a los efectos digitales, hace un movimiento con las manos y aparece Hércules que va a enfrentarse con la Hidra. A un lado, como en una pantalla paralela, aparecen imágenes de manifestaciones populares que llevan mantas y pancartas en todas las lenguas del mundo. Entre ésas se percibe una en español que dice: Frente a la Hidra Capitalista, Resistencia Popular.

Por el lado del oriente entra un personaje vestido con algo menos que una túnica griega. Es Gandhi. Echa un vistazo a la escena anterior y dice a media voz: “El precio de una ofensiva exitosa es una alternativa viable. En política blofear se paga muy caro.”  La escena se transforma como mágicamente. En vez del Ágora aparece un gris salón de conferencias internacionales, en vez de los nobles atenienses, un puñado de burócratas encabezado por dos mujeres. Tsipras aparece vestido de bufón y una de las mujeres lleva en el pecho un letrero que dice FMI y, en letras más pequeñas, “Vichy”. Todos ríen, se felicitan unos a otros y hacen firmar al bufón unos papeles. Afuera se escuchan, ahogados por los muros que los separan de la escena, los gritos impotentes de los griegos.

Siguiente escena: Se escucha el lento tañer de las campanas que anuncian la muerte de la democracia griega. El Coro se dirige a los espectadores: No pregunten por quién doblan las campanas; están doblando por ustedes. Entre la muchedumbre se empieza a desarrollar una escena típica de la antigüedad. Los vencedores entran a la ciudad en sus carros de guerra conduciendo encadenados detrás de sí a los vencidos. Se dirigen al mercado para venderlos como esclavos. Al llegar al mercado los ponen a subasta. En lugar de los cuerpos de los vencidos aparecen unos letreros: lotes para la explotación de hidrocarburos.

SEGUNDO ACTO. La escena cambia radicalmente. El tiempo ha avanzado (¿o retrocedido?) al año 2000 DC. En el telón de fondo el Olimpo ha sido sustituido por otros picos más numerosos y majestuosos. Son el Aconcagua, el Illimani, el Chimborazo, “el lugar de la tierra más cercano al sol”. Mientras la escena transcurre la nieve que los cubre va desapareciendo lentamente a causa del cambio climático. Al pie de los Andes aparece la Hidra de muchas cabezas. Está negociando un tratado con el presidente del país, un militar golpista, asesino y narcotraficante. La Hidra le dice: ‘Tú eres el único representante legítimo de este país’. Firman unos papeles en los que se entregan las aguas de la nación a una empresa que es una de las cabezas de la Hidra. El pueblo se levanta. Ocupa las calles, las oficinas del gobierno y las de la empresa transnacional. Derrama su sangre pero no cede. Finalmente la Hidra se retira, no sin antes amenazar con volver bajo la forma de ATP. El pueblo recupera el agua, depone al presidente y en su lugar pone a uno de los suyos. Se llama como la Madre de todos los Mortales pero en masculino: Evo.

TERCER ACTO. Escena 1. Un salón de clases. Aparece el profesor de economía. Declama: ‘Todo hombre que se ocupe del pueblo, aunque sea un poquito, es un populista. Todo populista es un peligro para su país.’ Entran los profesores de teología. Recitan: ‘Evo es un comunista ateo, está contra la religión católica. Su ideología de la Madre Tierra es un panteísmo New Age.’

Escena 2. Aparece un hombre vestido de blanco. Entra al salón y con un látigo corre a los Maestros de la Ley. Hace un gesto con la mano y desaparece el salón de clase y reaparecen las montañas; junto a él aparece un personaje vestido como un mendigo, un tal Francisco, de la aldea de Asís. Empieza a cantar bajo el dosel majestuoso de los Andes: “Alabado seas mi Señor por los hermanos volcanes, por la hermana agua, alabado seas por la hermana Madre Tierra”. El personaje de blanco toma la palabra: “Entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, nuestra hermana madre tierra, que «gime y sufre dolores de parto».”

Cuando acaban de escucharse estás palabras, entra Evo y se dirige al personaje de blanco. Le entrega una pequeña escultura de una hoz y un martillo con un Cristo clavado en el martillo. Afuera se escuchan los gritos y el rechinar de dientes de los Maestros de la Ley: “¡Comunista, Hereje, Blasfemo!”. El personaje de blanco reflexiona y dice en tono pausado: “No estoy de acuerdo con el análisis marxista, pero debemos dialogar y trabajar juntos, sobre todo por los oprimidos: los pobres y nuestra hermana la Madre Tierra”. Y dirigiéndose, ya no a Evo, sino a las organizaciones populares, les dice:

“Ustedes me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren. ¿Reconocemos la causa de todas ellas en un hilo invisible, un sistema global, que ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo? La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero. El nuevo colonialismo adopta diversas fachadas: corporaciones, prestamistas, tratados «de libre comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los pobres. Se privatizan recursos escasos como el agua, siendo que el acceso al agua es un derecho humano básico.  La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica que tienen los países ricos con los pobres. Ahora no sólo las personas, sino las naciones son convertidas en esclavas a causa de una deuda. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos…Y tampoco lo aguanta la Madre Tierra".

Cuando el hombre de blanco menciona al becerro de oro aparece en la pantalla paralela escenas filmadas desde los drones de vigilancia del distrito financiero de Nueva York. En la esquina de Wall Street y Broad Street se ve el becerro de metal que preside las actividades de la Bolsa. Todos los que pasan por ahí, ricos y pobres, se postran ante él y le rinden pleitesía. Pero sus sacerdotes sólo son los que visten los trajes a la última moda de la 5ª. Avenida y sus vestiduras están manchadas de la sangre de los sacrificios que ofrecen al ídolo de metal; cada vez que un niño, un líder campesino o un trozo de la madre tierra son sacrificados ante su altar sube el índice de la Bolsa, mientra tanto el humo de los sacrificios se eleva ante él de día y de noche en la forma de gases de efecto invernadero.

La figura de blanco prosigue su monólogo:

-“No puede ser que cuando un hombre muere de hambre en la calle no es noticia, en cambio cuando baja el índice de la Bolsa todos los periódicos lo comentan…”

La escena prosigue en Wall Street, pero ahora el escenario es ocupado por una multitud de jóvenes indignados que grita y escribe consignas contra “el 1%”. Una nueva oleada humana invade el espacio, van vestidos como robocops y arremeten contra lo que queda del 99% y contra todo aquél que se resiste a adorar a la Bestia y a su imagen (que es transmitida y ofrecida al culto de las masas por todos los medios de comunicación)

EPÍLOGO. El Coro se dirige al público: Y ustedes ¿seguirán aguantando?