Blog de Laudato Si

Blog en construcción

Este blog lo he creado para compartir mis análisis y reflexiones a partir de la encíclica Laudato Si del papa Francisco. Para comenzar…(sigue en la Introducción)

Desde Nicaragua

Escrito por Laudatosi 18-12-2015 en Desde Nicaragua. Comentarios (0)

Arnaldo Zenteno, jesuita mexicano que hace cerca de 30 años decidió irse a vivir a Nicaragua para acompañar a las CEB's (comunidades eclesiales de base) de esa tierra hermana, sufrida y heroica, me ha ofrecido su material sobre la Laudato Si para compartirlo en este blog. Así es que he abierto esta nueva categoría "Desde Nicaragua" para ir incluyendo sus envíos.

La Defensa de la Madre Tierra/ VIII. LA COP21, la Madre Tierra y los Muertos Bataclánicos

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

La COP21, la conferencia mundial para tomar medidas contra el cambio climático, que para algunos era el momento más crucial en la historia de la humanidad, terminó el pasado viernes 11, sin que, al parecer, la mayor parte de ese extenso club conocido como “la humanidad” se diera por enterada de que se estaba jugando su futuro. Parte de la explicación de esta indiferencia está en los “muertos bataclánicos”.

Quienes tengan una memoria de las noticias superior a las dos semanas, quizá recuerden que “Bataclan” era el nombre del bar de Paris donde se ejecutó el sangriento atentado que costó la vida a 130 personas. Quienes sean afectos al arte cibernético de navegar o googlear, difícilmente encontrarán en la Web el significado de “bataclánico”, pero con suerte quizá encuentren algo así como:  “bataclán. De Bataclan, nombre de una famosa sala de espectáculos parisina. 1. m. Espectáculo teatral frívolo.” Pero quienes recuerden los setentas del siglo pasado, los años dorados de la música latinoamericana, cuando Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa y otros gigantes de la poesía cantaban a la tierra, al pueblo, a la lucha y a la libertad, seguramente recordarán a Violeta Parra, quizá la más grande de todas, cuando cantando se burla de “una pregúntica de unos graciósicos”: … “si peligrósicas para las másicas son las canciónicas agitadóricas” . Y su respuesta incluye estos memorables versos: “Caballeríticos almidonádicos,  almibarádicos, miniminimini...”  (cualquier parecido con algún secretario de educación es pura profecía) “le echan carbónico al inocéntico  arrellenádicos en los sillónicos (Idem).  Cuentan los muérticos de los encuéntricos como frivólicos y bataclánicos.”  A la luz de la definición del diccionario que nos define “bataclán” como “espectáculo teatral frívolo” la frase de Violeta es una especie de redundancia poética para acentuar la deshumanizada frivolidad con la que los tales “caballeríticos” se toman las masacres de la historia.

Bueno, ¿y qué tiene que ver todo esto con la COP21? Primero, lo más evidente. El atentado terrorista en el bar Bataclan de Paris, apenas dos semanas antes de que se inaugurara la reunión sobre el cambio climático en esa misma ciudad, sirvió de pretexto ideal para que las autoridades decretaran el estado de sitio en la capital de Francia (y alguna vez, se supone, capital de las libertades cívicas) y prohibieran toda manifestación pública. Las movilizaciones planeadas anteriormente (que según los organizadores más optimistas podían haber llegado al medio millón de personas) se cancelaron. El día 12 de diciembre, al día siguiente de la clausura de la reunión cumbre, se pudieron manifestar apenas 10 mil personas, lo que sin embargo y dadas las circunstancias, se podría considerar un triunfo, puesto que esta acción significó desafiar la prohibición vigente. Como dijimos en el artículo anterior, el argumento totalmente válido, de que si la situación creada por el atentado en el bar Bataclan era de emergencia, no lo era menos la amenaza del calentamiento global, fue totalmente desestimado por las autoridades. Pero lo más importante aquí es repetir una vez más, hasta que se nos quede bien grabado, que la “preocupación” exhibida por las autoridades para dizque controlar el terrorismo es, exactamente como en el caso de la “preocupación” de las autoridades mexicanas para dizque mejorar la calidad de la educación, un pretexto para reprimir y controlar cualquier intento de la población por romper las políticas de los poderes dominantes.

Por supuesto la movilización en la calles durante la conferencia no iba a ser la única presión para exigir medidas adecuadas a los responsables de la política mundial. Estaba la presión de las organizaciones populares, de los países “menos desarrollados”, particularmente los más vulnerables al cambio climático en África y el Pacífico Sur. Y estuvo también la verdadera campaña que el papa Francisco emprendió este año para concientizar y presionar para que se tomen las medidas adecuadas: su encíclica Laudato Si, los encuentros promovidos en el Vaticano con científicos, con organizaciones populares y con los alcaldes de las ciudades más grandes del mundo; sus palabras en el congreso de los EU y en la ONU, tanto en Nueva York como en Nairobi y otras muchas acciones que sería muy largo enumerar. ¿Sirvió de algo todo esto? Los gobiernos (como el de Francia, el de México, el de EU) dicen que sí, las organizaciones populares y ecologistas dicen que no. ¿Qué dice Francisco? Hay que ser cautelosos para responder esta pregunta, porque si bien algunos medios hacen sonar su reacción como que “se fue con la finta” por las buenas declaraciones que quedaron en el papel si leemos con cuidado es otra la interpretación. Así, un portal que se especializa en dar noticias sobre el Vaticano, titula su nota: “El Papa aplaude el acuerdo de París sobre el clima y llama a ocuparse de los más débiles”. pero si leemos el contenido de la nota misma nos daremos cuenta de que su postura es más matizada; las palabras que se dan como textuales del papa dicen: “La conferencia sobre el clima acaba de concluir en París con un acuerdo que muchos definen histórico. Su implementación requerirá un empeño colectivo y una generosa dedicación por parte de cada uno”.

Más allá de lo que pueda decir el papa en una declaración coyuntural, está lo que escribió en la encíclica y todas las alocuciones y discursos que ha elaborado sobre el tema. Y lo que pasó en la COP21 se ubica exactamente dentro del marco de lo que él ya había previsto: quedarse en la insuficiencia de los compromisos “voluntarios” en vez de las decisiones obligatorias para todos, el no reconocer la “deuda ecológica” que los países ricos tienen hacia los pobres, el creer en la eficacia de soluciones “mágicas” del mercado o de soluciones “tecnocráticas” que en realidad empeorarán las cosas. Ciertamente fue inesperada y muy positiva la decisión final de fijar el límite máximo de calentamiento en 1.5º C (como pedían los países más afectados) y no en 2º C (como se había escrito en el documento de trabajo) pero mientras esa definición no vaya acompañada de las medidas eficaces y obligatorias sirve de muy poco. Por eso como dice el comentario de Francisco tras la cumbre de Paris “su implementación requerirá un empeño colectivo y una generosa dedicación por parte de cada uno” o, como dicen las organizaciones populares y ecologistas, la lucha ni comenzó ni terminó en Paris, sigue cotidianamente.

Ya hemos comentado anteriormente lo dicho por el papa con toda claridad. Quienes obstaculizan las medidas radicales que habría que tomar son los mismos responsables de la explotación de nuestros hermanos más vulnerables y de la destrucción de nuestra hermana madre tierra; son aquéllos para quienes el dinero es su dios. Pero quiero terminar con el otro gran obstáculo que Francisco señala en el camino de la salvación de la madre tierra y de sus hijos (que somos todos): la “globalización de la indiferencia” según sus propias palabras, que debería ser sustituida por otra globalización, la de la conciencia, la responsabilidad y el amor, no el “amor”sentimental y superficial que suelen ofrecer muchos sino el que es capaz de llamar a las cosas por su nombre.

Durante estas dos semanas que duró la reunión de la COP21, tiempo calificado no sólo por Francisco sino por otras personalidades muy diferentes (como Naomi Klein y Noam Chomsky) como uno de los más cruciales en la historia de la humanidad, fue verdaderamente deprimente atestiguar la indiferencia casi total, como decía al principio, de esa misma humanidad. Y no encuentro mejor palabra para describir esa actitud de la gente y de los medios de comunicación (con sus muy contadas y honrosas excepciones) que “bataclánica” (como diría Violeta Parra). Mientras se debatía el futuro de la tierra, los medios de comunicación se ocupaban de recetarnos sus acostumbradas frivolidades como, los partidos de futbol, los discursos huecos de los políticos, las aventuras románticas de actores, actrices y ‘bataclanas’ de la televisión y el “show bisnes” y así por el estilo. La Biblia tiene su propia imagen estremecedora para describir este tipo de indiferencia ciega y suicida: “Como en los días de Noé, los hombres y las mujeres comían y bebían; se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.”

Las decisiones de la COP21 son, en el mejor de los casos, buenas intenciones. Lo que implican es una radical transformación, del modelo económico y del estilo de vida vigentes, para nada es exagerado hablar de una verdadera revolución. Para llevar a cabo esa transformación se necesita vencer la resistencia de un “imperio” que, lo ha demostrado, no se detiene ante ningún escrúpulo ético para asegurar sus intereses. La única forma de lograr eso será con una movilización masiva –y heroica- de ciudadanos concientes y organizados. A partir de la actitud que vimos en estos días hay un largo, larguísimo, camino por recorrer. No es de extrañar que muchos caigan en la desesperación. Pero, como dice Francisco: “Ánimo. Dios no nos ha abandonado”.


La Defensa de la Madre Tierra/VII. ¿Qué es la COP21 y por qué depende de ella nuestro futuro?

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

Mi abuelo tuvo un sueño y me dijo: Hijo, yo ya no lo voy a ver, pero tú sí. La vida se va a poner muy difícil porque va a hacer mucho calor. Los humanos han cortado los árboles, han faltado al respeto a la Madre Tierra, por eso ya no llueve y va a haber mucho sufrimiento.

                                                                                         Palabras de un indígena guaimí de Panamá a Tatik Samuel en febrero del 2004

La semana pasada, comenzando el lunes 30 de noviembre y programada para terminar este viernes 11 de diciembre se inició en París la cumbre mundial conocida como la COP21. Ante este acontecimiento el papa Francisco se manifestó sin rodeos ni eufemismos: “Es ahora o nunca, estamos al borde de un suicidio de la humanidad”. ¿Qué es pues la COP21? ¿Por qué es tan importante? ¿Qué posibilidades tenemos de evitar ese suicidio de la humanidad?

¿Qué es la COP21?

Para empezar a responder cito el portal alterativo de noticias “Democracy Now” que nos informa que: “En este contexto se está desarrollando uno de los encuentros mundiales más importantes de la historia: la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o COP 21 (UNFCCC por sus siglas en inglés: United Nations Framework Convention on Climate Change). Prácticamente todos los países del mundo están representados aquí, a través de sus delegaciones, que están intentando alcanzar un acuerdo antes del 11 de diciembre, con el objetivo de evitar un cambio climático catastrófico e irreversible.”

Francisco, en su encíclica Laudato Si, menciona algunos de los principales antecedentes de esta cumbre: La Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Río de Janeiro, más atrás todavía, la Declaración de Estocolmo (1972) y más cercana a nosotros, La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible denominada Rio+20 (Río de Janeiro 2012). Y se sobreentiende que previa a esta COP21 ha habido otras 20 cumbres anteriores con los mismos objetivos. Aunque Francisco reconoce que algunas de estas reuniones mundiales tuvieron en su momento un valor para ir abriendo la conciencia de pueblos y gobiernos, sin embargo en la práctica no se ha hecho nada realmente significativo y añade sin rodeos que:

“Las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad” (no.169 de LS).

¿Qué está en juego en la COP21?

Para decirlo en pocas palabras, que aunque suenen catastrofistas no son más que el más escueto realismo basado en el rigor de las consideraciones científicas y también en el sentido común de cualquier observador que no esté cegado por sus intereses o por la propaganda, lo que está en juego es el futuro de la humanidad y la habitabilidad de este planeta para los seres humanos y también para muchas especies animales y vegetales cuyas condiciones de existencia podrían desaparecer.

Los científicos calculan que desde que comenzó la era industrial basada en el consumo de los combustibles fósiles (como el carbón, el gas y el petróleo y sus derivados) la temperatura global del planeta se ha elevado en 1º. centígrado. Un grado puede sonar poco para los legos en la materia pero es ya un cambio catastrófico. Además de los trastornos climáticos que implican cada vez más y mayores desastres “naturales” como los huracanes y oscilaciones extremas entre las sequías y las inundaciones, este grado de calentamiento significa que los enormes glaciares, que en otra época aprendimos en la escuela a llamar “eternos” ya no los son: se han empezado a derretir. Lo cual a su vez significa que los miles de millones de metros cúbicos de agua que los formaban pasan a ser parte de los océanos elevando el nivel del mar. El efecto más directo- y ya palpable en algunos lugares – es que al subir el nivel del mar las tierras costeras de poca altura pasan a ser cubiertas por las aguas. Se habla de unos islas en el Pacífico cuyos habitantes ya están buscando un lugar para emigrar masivamente. En México podríamos pensar en nuestro vecino estado de Tabasco donde las inundaciones ya son endémicas y podrían llegar a ser permanentes.

Los científicos calculan que para evitar lo peor y poder empezar a revertir el proceso destructor, el calentamiento global no deberá de sobrepasar los 2º C, aunque algunos (especialmente los habitantes del Pacífico Sur como los de las islas mencionadas y otras más grandes como las Filipinas) creen que ese tope es demasiado alto, que el límite debería fijarse en 1.5º C. Para lograr incluso la meta menos ‘ambiciosa’ las emisiones que producen el calentamiento deberían detenerse YA. Aun así la temperatura seguiría subiendo puesto que hay procesos ya desatados, pero – si se tomaran las medidas radicales- habría esperanzas de que ese proceso se detuviera en los 2º C y entonces empezaría a decrecer.

La mala noticia es que los gobiernos de los países que más pesan a la hora de tomar decisiones, atrapados por su dependencia-complicidad con las grandes empresas contaminantes, se están haciendo tontos…para decirlo en pocas palabras. Han cambiado el esquema necesario de límites obligatorios fijados por la comunidad internacional, por el de límites voluntarios fijados por cada gobierno (y los poderes financieros que los sostienen). Así, ni siquiera el límite de 2ºC (que muchos sostienen que es ya demasiado alto) está garantizado. Sobrepasar estos límites seguramente implicaría que, como escribe Francisco: “Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros” (24). Y para que no quede duda sobre el esquema de contribuciones voluntarias ha dicho que es “indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables”  (53).

¿Qué está pasando en la conferencia de Paris?

Hasta este momento desgraciadamente está pasando lo que era de temer. Todas las ficciones y falsas soluciones denunciadas por la encíclica, están presentes. El presidente Obama, que en su país es visto por los republicanos como demasiado radical en cuestiones del cambio climático, se congratuló en su discurso de que la mayoría de los países están haciendo su tarea de entregar sus compromisos voluntarios, o sea, el mismísimo esquema condenado por el papa y los ecologistas reales. Siguen todas las seudo soluciones denunciadas por la encíclica: confiar mágicamente en los mecanismos del mercado o en pretendidos remedios tecnocráticos. Hasta el presidente Peña Nieto, autor de las atroces reformas estructurales que, entre otras cosas decretan que la explotación de hidrocarburos tiene absoluta prioridad sobre la agricultura y cualquier otra actividad humana, se dio su vuelta a París, alardeando de que su modelo de desarrollo es compatible con el control del cambio climático. Quizá estas palabras de la encíclica que parecen, como sus trajes, cortadas a su medida, explique el por qué, según se dice, EPN no quería que el papa viniera a México: “En este marco, el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen” (194).

Y hay algo peor. Si en anteriores cumbres de diverso tipo ya se había hecho costumbre la movilización masiva en las calles para, mal que bien, tratar de que el clamor de los pueblos penetrara de alguna manera hasta los acondicionados salones de lujo donde se reúnen los poderosos, en París, con el pretexto de los recientes atentados terroristas, se prohibieron todas las manifestaciones públicas; aunque algunos se atrevieron a desafiar la prohibición y sufrieron las consecuencias de golpes policíacos, gases lacrimógenos, pimienta y otros que muestran la sensibilidad ecológica del gobierno francés. A un activista que reclamó a las autoridades por la virtual supresión de las garantías civiles le contestaron que se debía a la emergencia de las amenazas terroristas. El activista respondió con toda razón que el cambio climático también es una emergencia y mucho mayor pero esto no impresionó a las autoridades. Mientras tanto la ecología, no solo light, sino chic, se hace presente en los salones de lujo de París donde se exhiben limosinas de “cero emisión” de contaminantes y mansiones acondicionadas por combustibles ‘limpios’. Cada quien sus propias prioridades, pues. Pero no hay que ignorar lo que dijo el dirigente del Movimiento Sin Tierra de los campesinos brasileños: el imperio ha decidido jugar más rudo.

La paradoja de los gobiernos y los activistas.

Bill McKibben uno de los fundadores de la organización de activistas climáticos <350.org>, medio se consuela por lo que pasa en París diciendo bueno, éste no es el campo de batalla, es más bien algo como el marcador que nos dice como van las anotaciones del partido; lo que cuenta es lo que están haciendo y seguirán haciendo nuestras organizaciones en cada lugar del planeta. Y da como dato esperanzador que, aunque las manifestaciones públicas están prohibidas en París, sólo su organización logró promover el pasado fin de semana “movilizaciones en 2200 lugares alrededor del mundo, desde Camerún, Minneapolis, Malawi, Australia, Estocolmo; desde cada rincón del planeta”. Habría que añadir la marcha del domingo pasado aquí en San Cristóbal, pues aunque no haya tenido como tema específico el cambio climático, la lucha por una nueva Constitución que recupere el sentido de una sociedad organizada para el bien común y no para beneficio de los intereses particulares de los privilegiados, va en la misma dirección.

Sin embargo, otro activista que también anda en París apuntó con realismo que el movimiento para salvar la tierra no puede prescindir de los gobiernos: “Veo aquí a los líderes de los gobiernos, todas sus debilidades, pretensiones, crímenes climáticos; observo que no hay contradicción en la que no incurran. Me asombra la capacidad de los seres humanos para racionalizar su ceguera ante los inenarrables sufrimientos que causa y causará el cambio climático. Y sin embargo, no podemos prescindir de los gobiernos; ellos son nuestra mejor solución. Solo con el poder del estado podemos terminar, no meramente reducir, la emisión de gases de efecto invernadero. Pero necesitaremos que los movimientos sociales obliguen a los gobierno para que a su vez éstos obliguen a la sociedad –corporaciones, sindicatos, iglesias, individuos, a acabar con el mundo de los combustibles fósiles, antes de que ese mundo acabe con el mundo mismo. El poder es la clave”.

Exactamente lo mismo piensa Francisco, pero ante la sordera y ceguera de los gobiernos sigue rezando por un milagro. Tal vez habría que imitarlo, y no me refiero nada más al rezar, sino a la lucha por una transformación radical, de la que él mismo es un ejemplo.


Adviento y Cumbre Climàtica..

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Desde Nicaragua. Comentarios (0)

Queridas y Queridos amigos: Adviento y Cumbre Climàtica... Ojalá en las Celebraciones de Adviento y Retiros de Adviento escuchemos el Clamor y llamado a conversión que nos viene de la Crisis climàtica y de la Urgencia del Papa a escuchar ese Grito de la Madre Tierra.

fraternalmente,

arnaldo.

EL ADVIENTO DE LA CUMBRE CLIMÁTICA Por Joxe Arregi -  

Este domingo inauguramos los cristianos el tiempo litúrgico llamado Adviento o “venida” que dura hasta la Navidad o “nacimiento”. Y, pura y feliz coincidencia, mañana se abre en París -en estado de máxima alerta por los recientes atentados- la XXI Cumbre sobre el Cambio Climático: 195 mandatarios se reúnen con el objetivo de marcar un punto de inflexión. La alerta es máxima. El Adviento urge.//Añado esto, el Papa Francisco desde Kenia:Sería una catástrofe si en la Cumbre no hay acuerdos vinculantes


Es la Veintiuna Cumbre. ¿Pues qué han hecho en las veinte precedentes, desde aquella primera de Berlín en 1995? Casi nada, la verdad. ¿Que podía haber sido peor? De poco nos consuela sabiendo como sabemos que estamos tan mal y que es muy probable que vayamos a peor. Da miedo pensar que tampoco en esta Cumbre se dé el paso decisivo, que todo acabe en una declaración más de buenas intenciones sin compromisos vinculantes, como ya sucedió en la cumbre de Kioto de 1997 o en la de Copenhague de 2009, que los intereses particulares de algunos estados y de muchas empresas multinacionales acaben ganando de nuevo aunque todos perdamos. Da miedo pensar que seamos incapaces de ampliar nuestra mirada o de liberarnos de nuestros miedos, y que sigamos avanzando inconscientes a la aniquilación del planeta, al igual que de medida en medida de seguridad agravamos el terror global y la guerra sin fin. No lo pueden, no lo podemos permitir. Menos mal que está la sociedad civil movilizada, mucho más civilizada que quienes tan bien pagados la dirigen.

Algo hemos adelantado. Hace solo 20 años, las advertencias sobre el cambio climático eran cosa de ecologistas románticos y pseudocientíficos alarmistas. Hoy nadie discute que la Tierra se está calentando, que casi cada mes se baten récords de temperatura global, que hielos y nieves se derriten, que los mares se acidifican y suben de nivel, que el clima está haciendo estragos en forma de fríos y calores extremos, de lluvias y sequías extremas. Bien es verdad que el clima cambia sin cesar y que hay muchos factores que influyen en el cambio. Pero no sirve como excusa. Numerosos estudios científicos evidencian que la gravísima aceleración del cambio climático es provocada en buena parte por el ser humano, debido al uso industrial de combustibles fósiles. Somos nosotros los mayores responsables de la situación presente.

No lo hemos tomado en serio hasta que el agua nos ha llegado al cuello. Nunca mejor dicho, pues territorios donde viven 400 millones de personas, como el sur de Bangladesh, quedarán sumergidos por el mar. Los más pobres, como siempre, se llevarán la peor parte. Y entre los más pobres se cuentan no solamente los seres humanos, sino también innumerables seres vivientes de otras especies. ¿Quién ha dicho que somos los señores de la Creación, centro y culmen de la evolución de la vida, y que todos los seres, de las ballenas a las bacterias, están a nuestro servicio?

Somos responsables de parar esta carrera suicida y de eludir la catástrofe total. Ya está en marcha, pero aún podemos mitigar los daños. El Adviento de otro futuro para la vida está en nuestras manos, y sabemos cuál es la condición necesaria: que la temperatura del Tierra no suba más de 2 grado, o incluso 1,5 grados al final de este siglo. Pero las medidas presentadas a la Cumbre de París hacen prever que puede subir 3 grados e incluso 4. La llave está, como en casi todo, en la postura que adopten los EEUU. Y China, que aspira a disputarle la hegemonía. Y Rusia, la India y Brasil, empeñados en no ser menos que aquellos. Y Europa… ¿ existe Europa? ¿Sabe realmente lo que quiere o lo que debe? Por todas partes se impone la ley de la fuerza, la lógica de la economía de la ganancia, que mata más que todos los terroristas juntos. Nadie quiere perder y todos corremos al mismo abismo. Ya estamos cayendo.

Ya no basta el crecimiento sostenible. Se impone un decrecimiento sostenible. Y solo será posible si cambiamos la mirada y la sensibilidad, si nos sentimos hermanas y hermanos de todas las criaturas, si nos convertimos a una ecología integral, profunda.// Y si se apagan los odios y tantas guerras por avaricia y prepotencia. Solo entonces será Adviento de verdad. Advendrá un tiempo nuevo, y tendrán sentido las luces de nuestras calles y los regalos de Navidad.// Añado esto: De lo contrario será una Navidad falsificada, nos dice el Papa.