Blog de Laudato Si

Biodiversidad

Alerta por un mexicano en Honduras

Escrito por Laudatosi 14-03-2016 en Enlaces externos. Comentarios (0)

Artículo: Alerta por un mexicano en Honduras

http://movimientom4.org/2016/03/accion-urgente-es-hora-que-el-gobierno-mexicano-actue-para-levantar-la-alerta-migratoria/

ESP: Firme la Acción Urgente aquí

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Otros enlaces externos sobre Berta Cáceres y su asesinato:

Asesinan en su casa a dirigente indígena ambientalista en Honduras

Ante el asesinato de Berta Cáceres

La Defensa de la Madre Tierra/VI Laudato Si y el ¡Ya basta! de los pueblos

Escrito por Laudatosi 29-11-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

Después de enfatizar cómo los pobres de la tierra y su hermana la tierra misma son victimas del sistema global que sólo respeta la lógica del dinero, Francisco une su voz al clamor de los múltiples y multiformes ¡ya basta! que surgen desde las entrañas de la tierra a lo largo y a lo ancho de todo el planeta:


“Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.” (Ibíd.).

Ese “sistema que se ha hecho global” que todos conocemos, Francisco no lo designa con los términos que comúnmente utilizamos como capitalismo o neoliberalismo, pero no cabe duda de que se está refiriendo a ese sistema que ha hecho un ídolo del dinero y del mecanismo mal llamado de “libre mercado”. Y si ese sistema es culpable de lo que nos aqueja evidentemente es imposible que las soluciones derivadas de él puedan salvarnos. Así Francisco rechaza sin ambages las falsas soluciones a la crisis ambiental que nos ofrecen (más o menos disfrazadas) los poderes de facto. Así por ejemplo, escribe que…

“Algunas de las estrategias de baja emisión de gases contaminantes buscan la internacionalización de los costos ambientales, con el peligro de imponer a los países de menores recursos pesados compromisos de reducción de emisiones comparables a los de los países más industrializados…(170). La estrategia de compraventa de « bonos de carbono » puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes. Este sistema parece ser una solución rápida y fácil, con la apariencia de cierto compromiso con el medio ambiente, pero que de ninguna manera implica un cambio radical a la altura de las circunstancias. Más bien puede convertirse en un recurso diversivo que permita sostener el sobreconsumo de algunos países y sectores (171).”

Y si estas palabras tienen cierto tono de moderación, las siguientes no tienen ningún tapujo:

“No se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidarlos [los ecosistemas tropicales], pueden atentar contra las soberanías nacionales. De hecho, existen «propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales»” (38).

Y a continuación, la puntilla, que una vez más parecería llevar dedicatoria para ciertos gobiernos de todos conocidos; es necesario, dice

“que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.” (38)

Podríamos seguir con una larga lista de citas de muy alta relevancia, pero con esto es más que suficiente para mostrar por dónde va la palabra de Francisco. Más bien, antes de terminar quisiera avocarme a responder una posible pregunta. Quizá alguien podría decir: Todo eso está muy bien y qué bueno que el papa nos apoye, pero todo eso (o casi todo) ya lo sabemos nosotros y lo hemos dicho y repetido hasta el cansancio, ¿no hay algo nuevo o diferente que el papa aporte a nuestras luchas? A tal pregunta hipotética respondo que sí, que sí lo hay y con las limitaciones presentes de tiempo y espacio esbozo tan sólo algunas de las muchas posibles respuestas:

1) Francisco nos ha regalado no sólo unas palabras (escritas o pronunciadas) de apoyo a nuestras luchas sino toda una serie de acciones significativas y articuladas que son todo un modelo de acción personal y de activismo social. Desde un profundo cambio de actitud personal hasta la lucha en las instancias internacionales (como la que se planteó en el foro con respecto al Protocolo de Nagoya) pasando por las acciones familiares, vecinales, regionales y naturalmente de las organizaciones sociales, creo que aquí hay muchas enseñanzas de las que podríamos y deberíamos beneficiarnos. Y en todo ello está presente un principio básico que todos compartimos: “Si los ciudadanos no controlan al poder político –nacional, regional y municipal –, tampoco es posible un control de los daños ambientales” (179). Pero Francisco va todavía más a las raíces; no sólo los ciudadanos organizados deben controlar al poder político, sino que cada ser humano se debe controlar a sí mismo, porque si bien la violencia que destruye a la tierra y a los pobres está como cristalizada en un sistema, también es cierto que está como agazapada “en el corazón humano, herido por el pecado” (2).

2) El movimiento en defensa de la tierra se ha desarrollado generalmente de abajo hacia arriba y no tanto a partir de grandes teorías e ideologías sino a partir de experiencias concretas. Frente a esta realidad algunos se preguntan si no será necesario articular todas estas experiencias parciales en una gran visión global, pero al mismo tiempo recelan de que un intento de lograr esto pueda dar lugar a otra imposición ideológica más. Creo que los planteamientos de Francisco pueden ser un significativo aporte, más allá de las ideologías para obtener esa visión global. Tal vez algunos objeten que la visión del papa quizá no sea ideológica pero en cambio es teológica (lo que para algunos sería todavía peor). Pero si se lee la encíclica sin prejuicios se verá que el papa en ningún momento trata de imponer su teología y en cambio ofrece, con gran respeto a la diversidad, bases ético-humanas que podrían ser aceptadas como punto de partida por todas las personas que de buena voluntad desean defender nuestra casa común.

3) A título personal, pero creo que muchos compartirán esto conmigo, creo que la mayor aportación que nos hace Francisco a los que de una u otra manera luchamos por la defensa de la tierra y de sus guardianes naturales que son los indígenas y los pequeños agricultores campesinos es la esperanza. Confieso que aunque hace mucho tiempo me preocupan los problemas ecológicos en ocasiones me abstengo de leer noticias relacionadas con el tema, pues cuando lo hago acabo deprimido: que si tantos millones de hectáreas de bosque en el mundo se destruyen cada día, que si en la Amazonia desaparece cada minuto el equivalente a 10 campos de futbol, que si las reservas de agua se contaminan, que si los transgénicos destruyen la biodiversidad, que si el Ártico se derrite y los osos polares andan como almas en pena haciendo equilibrios en fragmentos de hielo… ¿Para qué leer más? ¿O para qué seguir con más ahora mismo? Ahora bien a mi modo de ver Francisco logra algo verdaderamente notable. No nos pinta un panorama color de rosa; todo lo contrario, con implacable objetividad nos dice que:

“Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones” (161).

No sólo eso, “parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre” que anuncian nuevas y mayores catástrofes naturales (61) y además “el agotamiento de algunos recursos, va creando un escenario favorable para nuevas guerras” (57). El problema no es para las generaciones futuras sino que está ya afectando a millones de seres humanos, por ejemplo en las regiones empobrecidas de África, “donde el aumento de la temperatura unido a la sequía hace estragos en el rendimiento de los cultivos” (51).

Y sin embargo lo que deja al final la lectura de la encíclica no es depresión y desánimo sino esperanza y hasta gozo. Y es que Francisco, siguiendo las huellas de su tocayo de Asís, no sólo nos presenta el lado obscuro de la realidad sino que se une a él para cantarle a la belleza de la hermana madre tierra, de la hermana agua, del hermano sol, de las hermanas plantas. Y aunque

“Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo…”, nosotros “estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud” (53).

Por eso no es incongruente que, a pesar de los negros nubarrones Francisco nos convoque a que:

“Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza” (244).

* Ponencia presentada por el autor en el foro El Despojo Biocultural: La amenaza del protocolo de Nagoya o las patentes sobre los bienes comunes. Una visión desde los pueblos. llevado a cabo en el CIDECI- UNITIERRA de SCLC el 23 de octubre de 2015. (2ª. y última parte).


La Defensa de la Madre Tierra/V. Laudato Si y las organizaciones populares

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

La encíclica Laudato Si; sobre el cuidado de la Casa Común, publicada por el papa Francisco en junio pasado tiene una importancia crucial y evidente para los movimientos y organizaciones que, como los que participaron en este foro*, luchan por la defensa de la tierra, el territorio, la biodiversidad y los derechos de los pueblos. Dicho sea de paso, y en honor de quienes organizaron este foro, Francisco prácticamente hace suya la frase, y no sólo la frase sino la convicción firme y profunda de que, frente al modelo hegemónico impuesto como si no hubiera alternativas, en realidad, otro mundo es posible.

Antes de entrar de lleno a este tema, de lo que significa la encíclica para las organizaciones y movimientos populares, quisiera muy brevemente decir un par de cosas sobre lo que significa la encíclica para la Iglesia misma (hablo en estos momentos específicamente de la Iglesia Católica; en cuanto a las otras Iglesias, sería muy interesante que las mismas dijeran los que para ellas significa). En primer lugar significa una novedad que en cierto modo no es novedad dado que implica regresar a lo más antiguo de la Iglesia, a sus propios orígenes. En realidad muchas novedades, y no sólo en el ámbito eclesial sino en la historia de las personas y de los pueblos, nacen de volver a los orígenes, de redescubrir la propia identidad. Francisco está decidido a que la Iglesia eche su suerte con los pobres de la tierra  (para decirlo con las coplas de José Martí) o sea, que vuelva a sus orígenes de ser la que anuncia la buena noticia a los pobres. Con esto el papa está tratando muy en serio de desmarcar a la Iglesia de las posturas ideológicas conservadoras que hace demasiado tiempo han condicionado, limitado y tergiversado su mensaje y de desenredarla de la maraña de intereses económicos y políticos que igualmente la mantienen cautiva a ella y a su mensaje liberador. La segunda novedad me atrevo a decir que es más que la primera una novedad en términos absolutos. Hace unos días tuve la oportunidad de platicar con un sacerdote indígena que es uno de los pioneros en México de lo que aquí en la Diócesis de San Cristóbal se llama la Iglesia Autóctona y de lo que se conoce también como la Teología India. Me decía que –hasta donde llegaba su conocimiento, que es bastante amplio- ésta es la primera vez en la historia de la Iglesia que un papa utiliza la expresión Madre Tierra, y más todavía, no lo utiliza en una conversación casual sino en un documento de esta naturaleza que es de los que tienen mayor autoridad doctrinal en la Iglesia. Este sólo hecho tiene una importancia trascendental para los pueblos indígenas que desde siempre han utilizado esta expresión y que de esta manera obtiene una reivindicación más para sus culturas tan golpeadas, negadas y reprimidas a través de la historia y particularmente en estos momentos de capitalismo salvaje (algunos historiadores dicen que ni siquiera en tiempos de la conquista los pueblos y las culturas indígenas habían sido tan amenazadas como ahora). Y con esto entramos ya de lleno al tema que nos ocupa.

La encíclica Laudato Sí retoma las luchas y reivindicaciones de los movimientos populares dando un lugar especial a los pueblos indígenas. Cabe decir que incluso durante las décadas de lo que algunos teólogos de la liberación denominaron el invierno eclesial, era posible para los pobres y para los pueblos indígenas encontrar algunas palabras de aliento y de apoyo a sus luchas en los pronunciamientos de los papas, por ejemplo, las palabras que pronunció Juan Pablo II ante sus representantes en su visita a Mérida, Yucatán. Pero ahora estamos frente a algo radicalmente nuevo y profundamente esperanzador y desafiante. Los papas anteriores hablaban desde posiciones teológicas, por así decirlo, pero nunca como ahora habían retomado las palabras, las luchas, las reivindicaciones y el espíritu de las luchas populares y se las habían devuelto con su propia firma como aval, de modo que los pueblos pudieran contemplarse a sí mismos en una encíclica papal. Tal vez podría decirse que el papa Juan Pablo II hizo algo semejante con el movimiento obrero de Solidaridad en su natal Polonia. Pero ahora nos toca a nosotros y ojalá pudiéramos sacar tantas consecuencias prácticas de sus palabras como hicieron los polacos pero sin cometer los errores que ellos cometieron.

Vale la pena recordar que Francisco quiso enmarcar, por así decirlo, su encíclica en medio de dos encuentros con organizaciones populares. El primero, previo a la publicación de la encíclica, con movimientos populares en general, en el Vaticano en octubre del 2014. El segundo, justo después de la publicación de la encíclica y como para reforzar su sentido, se llevó a cabo principalmente con organizaciones indígenas, en Santa Cruz, Bolivia en julio del presente año. Y en la encíclica ofrece estas palabras de reconocimiento y apoyo a los pueblos indígenas – o “las comunidades aborígenes” como las designa el papa- palabras que muy bien podríamos pensar que llevan dedicatoria (entre otros) a las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que pretenden imponer el despojo de tierras a los campesinos con el peregrino argumento de que la entrega de tierras a las trasnacionales privadas es de interés público para la nación:

“En este sentido, es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura” (no.146 de LS).

Desde las primeras palabras de la encíclica y con machacona insistencia a lo largo de cada una de sus páginas, Francisco insiste, con diferentes formulaciones pero con una misma idea siempre, en una tesis central que también lo es para organizaciones y movimientos como los aquí reunidos: la íntima e indestructible unidad entre el tema de la defensa de la tierra y el de la defensa de los derechos de los pobres. He aquí algunas de sus expresiones:

“En San Francisco de Asís se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (10).

“Algunos ejes atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta” (16).

Y una vez más, para que no quepa ninguna duda:

“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (139).

“La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza” (175)…“ El poder conectado con las finanzas es el que más se resiste a este esfuerzo” (57).

Y estas palabras, al mero comienzo de la encíclica, que para mí son una de las aportaciones más originales del papa Bergoglio a partir de la intuición genial de San Francisco que considera a la tierra no sólo como madre, sino como hermana:

“Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto»” (2)

Con estas palabras y otros argumentos posteriores Francisco le sale al paso a las falsas posiciones de reduccionismo verde y la “ecología superficial”, que algunos llamarían la ecología light, que quisieran quedarse en soluciones parciales que no ven la raíz del problema, raíz sobre la cual se expresa con absoluta claridad ante los movimientos populares en Bolivia:

“Ustedes me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?”

* Este artículo es una Ponencia presentada por el autor en el foro El Despojo Biocultural: La amenaza del protocolo de Nagoya o las patentes sobre los bienes comunes. Una visión desde los pueblos. llevado a cabo en el CIDECI- UNITIERRA de SCLC el 23 de octubre de 2015. El foro fue convocado por COMPITCH, Amigos de la Tierra (Internacional), Movimiento de Rebeldía de los Montes Azules y Otros Mundos. (Primera de dos partes).