Blog de Laudato Si

Cambio climático

La Defensa de la Madre Tierra/VII. ¿Qué es la COP21 y por qué depende de ella nuestro futuro?

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

Mi abuelo tuvo un sueño y me dijo: Hijo, yo ya no lo voy a ver, pero tú sí. La vida se va a poner muy difícil porque va a hacer mucho calor. Los humanos han cortado los árboles, han faltado al respeto a la Madre Tierra, por eso ya no llueve y va a haber mucho sufrimiento.

                                                                                         Palabras de un indígena guaimí de Panamá a Tatik Samuel en febrero del 2004

La semana pasada, comenzando el lunes 30 de noviembre y programada para terminar este viernes 11 de diciembre se inició en París la cumbre mundial conocida como la COP21. Ante este acontecimiento el papa Francisco se manifestó sin rodeos ni eufemismos: “Es ahora o nunca, estamos al borde de un suicidio de la humanidad”. ¿Qué es pues la COP21? ¿Por qué es tan importante? ¿Qué posibilidades tenemos de evitar ese suicidio de la humanidad?

¿Qué es la COP21?

Para empezar a responder cito el portal alterativo de noticias “Democracy Now” que nos informa que: “En este contexto se está desarrollando uno de los encuentros mundiales más importantes de la historia: la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o COP 21 (UNFCCC por sus siglas en inglés: United Nations Framework Convention on Climate Change). Prácticamente todos los países del mundo están representados aquí, a través de sus delegaciones, que están intentando alcanzar un acuerdo antes del 11 de diciembre, con el objetivo de evitar un cambio climático catastrófico e irreversible.”

Francisco, en su encíclica Laudato Si, menciona algunos de los principales antecedentes de esta cumbre: La Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Río de Janeiro, más atrás todavía, la Declaración de Estocolmo (1972) y más cercana a nosotros, La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible denominada Rio+20 (Río de Janeiro 2012). Y se sobreentiende que previa a esta COP21 ha habido otras 20 cumbres anteriores con los mismos objetivos. Aunque Francisco reconoce que algunas de estas reuniones mundiales tuvieron en su momento un valor para ir abriendo la conciencia de pueblos y gobiernos, sin embargo en la práctica no se ha hecho nada realmente significativo y añade sin rodeos que:

“Las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad” (no.169 de LS).

¿Qué está en juego en la COP21?

Para decirlo en pocas palabras, que aunque suenen catastrofistas no son más que el más escueto realismo basado en el rigor de las consideraciones científicas y también en el sentido común de cualquier observador que no esté cegado por sus intereses o por la propaganda, lo que está en juego es el futuro de la humanidad y la habitabilidad de este planeta para los seres humanos y también para muchas especies animales y vegetales cuyas condiciones de existencia podrían desaparecer.

Los científicos calculan que desde que comenzó la era industrial basada en el consumo de los combustibles fósiles (como el carbón, el gas y el petróleo y sus derivados) la temperatura global del planeta se ha elevado en 1º. centígrado. Un grado puede sonar poco para los legos en la materia pero es ya un cambio catastrófico. Además de los trastornos climáticos que implican cada vez más y mayores desastres “naturales” como los huracanes y oscilaciones extremas entre las sequías y las inundaciones, este grado de calentamiento significa que los enormes glaciares, que en otra época aprendimos en la escuela a llamar “eternos” ya no los son: se han empezado a derretir. Lo cual a su vez significa que los miles de millones de metros cúbicos de agua que los formaban pasan a ser parte de los océanos elevando el nivel del mar. El efecto más directo- y ya palpable en algunos lugares – es que al subir el nivel del mar las tierras costeras de poca altura pasan a ser cubiertas por las aguas. Se habla de unos islas en el Pacífico cuyos habitantes ya están buscando un lugar para emigrar masivamente. En México podríamos pensar en nuestro vecino estado de Tabasco donde las inundaciones ya son endémicas y podrían llegar a ser permanentes.

Los científicos calculan que para evitar lo peor y poder empezar a revertir el proceso destructor, el calentamiento global no deberá de sobrepasar los 2º C, aunque algunos (especialmente los habitantes del Pacífico Sur como los de las islas mencionadas y otras más grandes como las Filipinas) creen que ese tope es demasiado alto, que el límite debería fijarse en 1.5º C. Para lograr incluso la meta menos ‘ambiciosa’ las emisiones que producen el calentamiento deberían detenerse YA. Aun así la temperatura seguiría subiendo puesto que hay procesos ya desatados, pero – si se tomaran las medidas radicales- habría esperanzas de que ese proceso se detuviera en los 2º C y entonces empezaría a decrecer.

La mala noticia es que los gobiernos de los países que más pesan a la hora de tomar decisiones, atrapados por su dependencia-complicidad con las grandes empresas contaminantes, se están haciendo tontos…para decirlo en pocas palabras. Han cambiado el esquema necesario de límites obligatorios fijados por la comunidad internacional, por el de límites voluntarios fijados por cada gobierno (y los poderes financieros que los sostienen). Así, ni siquiera el límite de 2ºC (que muchos sostienen que es ya demasiado alto) está garantizado. Sobrepasar estos límites seguramente implicaría que, como escribe Francisco: “Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros” (24). Y para que no quede duda sobre el esquema de contribuciones voluntarias ha dicho que es “indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables”  (53).

¿Qué está pasando en la conferencia de Paris?

Hasta este momento desgraciadamente está pasando lo que era de temer. Todas las ficciones y falsas soluciones denunciadas por la encíclica, están presentes. El presidente Obama, que en su país es visto por los republicanos como demasiado radical en cuestiones del cambio climático, se congratuló en su discurso de que la mayoría de los países están haciendo su tarea de entregar sus compromisos voluntarios, o sea, el mismísimo esquema condenado por el papa y los ecologistas reales. Siguen todas las seudo soluciones denunciadas por la encíclica: confiar mágicamente en los mecanismos del mercado o en pretendidos remedios tecnocráticos. Hasta el presidente Peña Nieto, autor de las atroces reformas estructurales que, entre otras cosas decretan que la explotación de hidrocarburos tiene absoluta prioridad sobre la agricultura y cualquier otra actividad humana, se dio su vuelta a París, alardeando de que su modelo de desarrollo es compatible con el control del cambio climático. Quizá estas palabras de la encíclica que parecen, como sus trajes, cortadas a su medida, explique el por qué, según se dice, EPN no quería que el papa viniera a México: “En este marco, el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen” (194).

Y hay algo peor. Si en anteriores cumbres de diverso tipo ya se había hecho costumbre la movilización masiva en las calles para, mal que bien, tratar de que el clamor de los pueblos penetrara de alguna manera hasta los acondicionados salones de lujo donde se reúnen los poderosos, en París, con el pretexto de los recientes atentados terroristas, se prohibieron todas las manifestaciones públicas; aunque algunos se atrevieron a desafiar la prohibición y sufrieron las consecuencias de golpes policíacos, gases lacrimógenos, pimienta y otros que muestran la sensibilidad ecológica del gobierno francés. A un activista que reclamó a las autoridades por la virtual supresión de las garantías civiles le contestaron que se debía a la emergencia de las amenazas terroristas. El activista respondió con toda razón que el cambio climático también es una emergencia y mucho mayor pero esto no impresionó a las autoridades. Mientras tanto la ecología, no solo light, sino chic, se hace presente en los salones de lujo de París donde se exhiben limosinas de “cero emisión” de contaminantes y mansiones acondicionadas por combustibles ‘limpios’. Cada quien sus propias prioridades, pues. Pero no hay que ignorar lo que dijo el dirigente del Movimiento Sin Tierra de los campesinos brasileños: el imperio ha decidido jugar más rudo.

La paradoja de los gobiernos y los activistas.

Bill McKibben uno de los fundadores de la organización de activistas climáticos <350.org>, medio se consuela por lo que pasa en París diciendo bueno, éste no es el campo de batalla, es más bien algo como el marcador que nos dice como van las anotaciones del partido; lo que cuenta es lo que están haciendo y seguirán haciendo nuestras organizaciones en cada lugar del planeta. Y da como dato esperanzador que, aunque las manifestaciones públicas están prohibidas en París, sólo su organización logró promover el pasado fin de semana “movilizaciones en 2200 lugares alrededor del mundo, desde Camerún, Minneapolis, Malawi, Australia, Estocolmo; desde cada rincón del planeta”. Habría que añadir la marcha del domingo pasado aquí en San Cristóbal, pues aunque no haya tenido como tema específico el cambio climático, la lucha por una nueva Constitución que recupere el sentido de una sociedad organizada para el bien común y no para beneficio de los intereses particulares de los privilegiados, va en la misma dirección.

Sin embargo, otro activista que también anda en París apuntó con realismo que el movimiento para salvar la tierra no puede prescindir de los gobiernos: “Veo aquí a los líderes de los gobiernos, todas sus debilidades, pretensiones, crímenes climáticos; observo que no hay contradicción en la que no incurran. Me asombra la capacidad de los seres humanos para racionalizar su ceguera ante los inenarrables sufrimientos que causa y causará el cambio climático. Y sin embargo, no podemos prescindir de los gobiernos; ellos son nuestra mejor solución. Solo con el poder del estado podemos terminar, no meramente reducir, la emisión de gases de efecto invernadero. Pero necesitaremos que los movimientos sociales obliguen a los gobierno para que a su vez éstos obliguen a la sociedad –corporaciones, sindicatos, iglesias, individuos, a acabar con el mundo de los combustibles fósiles, antes de que ese mundo acabe con el mundo mismo. El poder es la clave”.

Exactamente lo mismo piensa Francisco, pero ante la sordera y ceguera de los gobiernos sigue rezando por un milagro. Tal vez habría que imitarlo, y no me refiero nada más al rezar, sino a la lucha por una transformación radical, de la que él mismo es un ejemplo.


Adviento y Cumbre Climàtica..

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Desde Nicaragua. Comentarios (0)

Queridas y Queridos amigos: Adviento y Cumbre Climàtica... Ojalá en las Celebraciones de Adviento y Retiros de Adviento escuchemos el Clamor y llamado a conversión que nos viene de la Crisis climàtica y de la Urgencia del Papa a escuchar ese Grito de la Madre Tierra.

fraternalmente,

arnaldo.

EL ADVIENTO DE LA CUMBRE CLIMÁTICA Por Joxe Arregi -  

Este domingo inauguramos los cristianos el tiempo litúrgico llamado Adviento o “venida” que dura hasta la Navidad o “nacimiento”. Y, pura y feliz coincidencia, mañana se abre en París -en estado de máxima alerta por los recientes atentados- la XXI Cumbre sobre el Cambio Climático: 195 mandatarios se reúnen con el objetivo de marcar un punto de inflexión. La alerta es máxima. El Adviento urge.//Añado esto, el Papa Francisco desde Kenia:Sería una catástrofe si en la Cumbre no hay acuerdos vinculantes


Es la Veintiuna Cumbre. ¿Pues qué han hecho en las veinte precedentes, desde aquella primera de Berlín en 1995? Casi nada, la verdad. ¿Que podía haber sido peor? De poco nos consuela sabiendo como sabemos que estamos tan mal y que es muy probable que vayamos a peor. Da miedo pensar que tampoco en esta Cumbre se dé el paso decisivo, que todo acabe en una declaración más de buenas intenciones sin compromisos vinculantes, como ya sucedió en la cumbre de Kioto de 1997 o en la de Copenhague de 2009, que los intereses particulares de algunos estados y de muchas empresas multinacionales acaben ganando de nuevo aunque todos perdamos. Da miedo pensar que seamos incapaces de ampliar nuestra mirada o de liberarnos de nuestros miedos, y que sigamos avanzando inconscientes a la aniquilación del planeta, al igual que de medida en medida de seguridad agravamos el terror global y la guerra sin fin. No lo pueden, no lo podemos permitir. Menos mal que está la sociedad civil movilizada, mucho más civilizada que quienes tan bien pagados la dirigen.

Algo hemos adelantado. Hace solo 20 años, las advertencias sobre el cambio climático eran cosa de ecologistas románticos y pseudocientíficos alarmistas. Hoy nadie discute que la Tierra se está calentando, que casi cada mes se baten récords de temperatura global, que hielos y nieves se derriten, que los mares se acidifican y suben de nivel, que el clima está haciendo estragos en forma de fríos y calores extremos, de lluvias y sequías extremas. Bien es verdad que el clima cambia sin cesar y que hay muchos factores que influyen en el cambio. Pero no sirve como excusa. Numerosos estudios científicos evidencian que la gravísima aceleración del cambio climático es provocada en buena parte por el ser humano, debido al uso industrial de combustibles fósiles. Somos nosotros los mayores responsables de la situación presente.

No lo hemos tomado en serio hasta que el agua nos ha llegado al cuello. Nunca mejor dicho, pues territorios donde viven 400 millones de personas, como el sur de Bangladesh, quedarán sumergidos por el mar. Los más pobres, como siempre, se llevarán la peor parte. Y entre los más pobres se cuentan no solamente los seres humanos, sino también innumerables seres vivientes de otras especies. ¿Quién ha dicho que somos los señores de la Creación, centro y culmen de la evolución de la vida, y que todos los seres, de las ballenas a las bacterias, están a nuestro servicio?

Somos responsables de parar esta carrera suicida y de eludir la catástrofe total. Ya está en marcha, pero aún podemos mitigar los daños. El Adviento de otro futuro para la vida está en nuestras manos, y sabemos cuál es la condición necesaria: que la temperatura del Tierra no suba más de 2 grado, o incluso 1,5 grados al final de este siglo. Pero las medidas presentadas a la Cumbre de París hacen prever que puede subir 3 grados e incluso 4. La llave está, como en casi todo, en la postura que adopten los EEUU. Y China, que aspira a disputarle la hegemonía. Y Rusia, la India y Brasil, empeñados en no ser menos que aquellos. Y Europa… ¿ existe Europa? ¿Sabe realmente lo que quiere o lo que debe? Por todas partes se impone la ley de la fuerza, la lógica de la economía de la ganancia, que mata más que todos los terroristas juntos. Nadie quiere perder y todos corremos al mismo abismo. Ya estamos cayendo.

Ya no basta el crecimiento sostenible. Se impone un decrecimiento sostenible. Y solo será posible si cambiamos la mirada y la sensibilidad, si nos sentimos hermanas y hermanos de todas las criaturas, si nos convertimos a una ecología integral, profunda.// Y si se apagan los odios y tantas guerras por avaricia y prepotencia. Solo entonces será Adviento de verdad. Advendrá un tiempo nuevo, y tendrán sentido las luces de nuestras calles y los regalos de Navidad.// Añado esto: De lo contrario será una Navidad falsificada, nos dice el Papa.




Cuando la utopía es evitar la catástrofe

Escrito por Laudatosi 29-11-2015 en Enlaces externos. Comentarios (0)

Cuando la utopía es evitar la catástrofe