Blog de Laudato Si

Chiapas

¿Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma?

Escrito por Laudatosi 04-02-2016 en Francisco en Chiapas. Comentarios (0)

¿Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma?/ Que le están degollando, a sus palomas. Así cantaba la inmensa Violeta Parra a finales de los años sesentas, cuando florecía la primavera de la música latinoamericana con otros grandes como Víctor Jara, Mercedes Sosa, Amparo Ochoa, Atahualpa Yupanqui y muchos más. Prácticamente al mismo tiempo, el último citado, Atahualpa, cantaba el otro lado de la moneda: Que Dios vela por los pobres, tal vez sí, tal vez no/ pero es seguro que almuerza  en la mesa del patrón. Esos poetas del pueblo, que son los más grandes poetas aun cuando nunca reciban el premio Nóbel, supieron captar los más profundo del alma popular, de tal manera que podemos decir con precisión que prácticamente los 500 años de historia de la relación entre el pueblo latinoamericano y la iglesia, entre la iglesia y el pueblo latinoamericano, ha oscilado entre esos dos polos: entre un pueblo que percibe la religión como aliada del opresor y un pueblo que ve en la religión la más profunda fuente de su consuelo y su fortaleza; entre una iglesia que come en la mesa del patrón y una iglesia que hace suya la voz de los pobres y clama al cielo cuando están degollando sus palomas.

Don Samuel Ruiz, que fue obispo de la diócesis de San Cristóbal desde aquellos casi legendarios años hasta el fin del siglo pasado, solía contar la anécdota de su llegada a la diócesis chiapaneca, cuando lo llevaban a comer a la casa del patrón, como era la costumbre (el finquero para decirlo en términos locales) y mientras él comía en la casa grande, una multitud de indígenas esperaba en las afueras de la misma sin probar bocado, sin un cafecito siquiera para animar los agotados miembros y, además, como lo descubrió al entablar conversación con ellos, habiendo entregado rigurosamente su cooperación para la fiesta del obispo. Al darse cuenta de tamaña injusticia Don Samuel decidió nunca más volver a comer en la mesa del patrón… y lo demás es historia, incluyendo por supuesto el odio que le agarraron los patrones y el amor que todavía le tienen los indígenas. Cinco años después de la muerte del Tatik la diócesis de San Cristóbal tiene la suerte de recibir la visita de un papa que también ha entendido que la iglesia traiciona la misión que le encomendó su fundador si se olvida de preferir a los pobres y que ya desde antes de aterrizar en este suelo ha denunciado al sistema injusto que sin ningún escrúpulo degüella a sus palomas cuando se trata de conservar su poder y sus ganancias.

Desgraciadamente lo que debería ser la regla para la iglesia no siempre lo ha sido y lo que vivió esta diócesis con Samuel Ruiz sigue siendo una excepción (aunque gracias a Dios no la única) dentro de la iglesia (católica) mexicana. En cuanto a  lo que a nivel global estamos viviendo con el papa Francisco, es como una inesperada brisa suave de primavera después de los que algunos teólogos llamaron el largo invierno eclesial. Es cierto que Francisco mismo ha dicho que él no está inventando nada, que lo que él dice está todo dentro de la tradición de las enseñanzas sociales de la iglesia, y en su revolucionaria encíclica sobre nuestra casa común cita las enseñanzas de sus predecesores desde Juan XXIII, incluyendo a los papas de ese supuesto invierno eclesial, Juan Pablo II y Benedicto XVI, para mostrar esa continuidad.

Pero aunque sí es cierto que existe tal continuidad doctrinal también es cierto que no todos han logrado de la misma manera mostrarse como la encarnación viviente y eficaz de tales enseñanzas teóricas. Los papas anteriores a Francisco, particularmente Juan Pablo II, no pudieron desembarazarse de la maraña de condicionamientos impuestos por la burocracia de una institución que, por más que proclame su origen divino no deja de ser humana y, en especial de los condicionamientos ideológicos y alianzas fácticas de la  “guerra fría”, a los que Juan Pablo II era particularmente vulnerable dada su experiencia evidentemente negativa con el comunismo en Polonia. El tristemente célebre viaje de Juan Pablo II a Nicaragua en la época de la presidencia imperial de Ronald Reagan es un doloroso ejemplo del poder de tales condicionamientos.

Mientras el pueblo nicaragüense inmerso de lleno en una experiencia sandinista trataba de construir una sociedad más justa (que incorporaba notables elementos cristianos) el gobierno de Estados Unidos desencadenó contra la pequeña Nicaragua (Ay Nicaragua, nicaragüita, cantaba Mejía Godoy, otro de los grandes de la música latinoamericana) la infame guerra de la contra que, encima, fue financiada con dinero proveniente del narcotráfico (sobre esta cuestión es altamente recomendable ver la película estrenada el año pasado, Maten al Mensajero). En esas angustiosas circunstancias los creyentes nicaragüenses esperaban con ansias la visita del papa que vive en Roma, autoproclamado mensajero de la paz, con la esperanza de que una palabra suya contra la injusta guerra del imperio ayudara a Nicaragua a reencontrar el camino de la paz con justicia y dignidad. Pero esas esperanzas fueron cruelmente defraudadas e incluso contradichas. Juan Pablo II no dijo una sola palabra en contra de esa guerra y en cambio dejó huella indeleble del regaño a los líderes sandinistas, en particular al monje y poeta rebelde Ernesto Cardenal. Éste y otros 3 sacerdotes molestaban particularmente al imperio porque su presencia en el gobierno sandinista estorbaba su intento de presentar la revolución de Nicaragua como una amenaza más del comunismo ateo. La honda herida dejada en el pueblo nicaragüense por esa actuación papal, tendería naturalmente a acercar el péndulo al otro polo que mencionamos al principio, el de Atahualpa Yupanqui.

Pero hoy los vientos en la Iglesia Católica han vuelto a cambiar gracias a un papa latinoamericano (paisano del gran Atahualpa por cierto) y a ese espíritu que sopla donde quiere. Atahualpa remataba sus coplas ‘dudantes’ (como él mismo se calificaba en contraposición a los ‘creyentes’) con los versos:Hay un asunto en la tierra más importante que Dios/  y es que naide escupa sangre, pa' que otro viva mejor. De eso se trata, podría sin duda decir Francisco, pero acotaría: no es que sea más importante que Dios, es que ésa es la única y verdadera forma de dar gloria a Dios.


La Defensa de la Madre Tierra/IV La estructura de Laudato Si y de paso una defensa de los pueblos indígenas

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

En la entrega anterior presentamos el carácter a la vez urgente y esperanzador de la Encíclica del papa Francisco a partir de su Introducción que, tomando prestada una línea de nuestro Himno Nacional, podríamos decir que es como “el clarín con su bélico acento (que) nos convoca a lidiar con valor”. Lo que haremos en esta ocasión será echar una mirada a ojo de pájaro sobre el conjunto de la Encíclica Laudato Si a partir de su estructura.

De hecho el mismo Francisco nos ofrece esa visión al final de la Introducción en términos tan claros que lo mejor será citarlos textualmente. Sin embargo, para resaltar todavía más el carácter de esa estructura y hacerlo accesible a primera vista para los lectores, recurriré a un esquema que Francisco no menciona explícitamente pero que es muy conocido en algunas organizaciones populares y particularmente en medios eclesiales como las comunidades eclesiales de base (las CEB’s) como el método del Ver- Juzgar-Actuar (de hecho el obispo de San Cristóbal de las Casas D. Felipe Arizmendi suele utilizar este planteamiento para presentar sus reflexiones pastorales por escrito). Hay que aclarar que este método es una simplificación brillante, pero simplificación al fin y al cabo del muy complejo proceso del conocer y actuar humano, en eso consiste precisamente su gran valor pedagógico. Pero esta aclaración es necesaria porque un complejo documento como la Laudato Si necesariamente desborda cualquier delimitación excesivamente esquemática. Sin embargo, hecha esta salvedad, creo que resulta útil y provechoso aplicar ese sencillo esquema para aprehender mejor cómo está construida la Encíclica.

La Laudato Si consta de 6 capítulos aparte de la Introducción. Si los agrupamos de dos en dos podremos discernir a grandes rasgos la mencionada estructura. Así, los dos primeros capítulos. Lo que le está pasando a nuestra casa (1º) y El evangelio de la creación (2º) corresponderían al VER. Esto es evidente en el primer capítulo que es precisamente una mirada a lo que está pasando; podría no ser tan evidente en el segundo porque tradicionalmente en las CEB’s la lectura de la palabra de Dios ya entra en el paso del “juzgar”. Sin embargo si nos fijamos bien, también esta parte es una mirada y consiste básicamente en una descripción de lo que dice la tradición judeo-cristiana sobre la creación. Sobre este par de capítulos escribe Francisco:

“En primer lugar, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica [Cap. 1º] con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición judío-cristiana [Cap. 2º] a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso con el ambiente.”

El siguiente par de capítulos correspondería al JUZGAR. El capítulo 3º. Raíz humana de la crisis ecológica analiza y juzga las causas de la situación que se describió en el primer capítulo. El capítulo 4º. Una ecología integral desarrolla, lógicamente, la propuesta ecológica que corrija esas raíces y proporcione un modelo alternativo. Para evitar una interpretación reduccionista de lo ecológico meramente como lo verde y desvinculado de otros aspectos de la realidad, vale la pena citar esta frase contundente que se encuentra precisamente en esta sección:No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”. También en este capítulo, en el apartado sobre Ecología cultural, encontramos un párrafo que ameritaría, ya no digamos un artículo sino un tratado completo dedicado a él. A reserva de poder escribir más adelante por lo menos el artículo, cito aquí el texto que bien podría leerse como un comentario sobre los pueblos indígenas (comunidades aborígenes les llama la Encíclica) de México y las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que decretaron impúdicamente que las actividades extractivas (generalmente en manos de empresas trasnacionales) tienen prioridad absoluta sobre la agricultura (cuando ésta está en manos de campesinos e indígenas). He aquí lo que dice Francisco al respecto:

“Es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura.”

Sobre el par de capítulos que constituyen el JUZGAR Francisco nos dice:

“Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas [Cap. 3º]. Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea [Cap. 4º].”

Finalmente la última pareja de capítulos,  Algunas líneas de orientación y acción (Cap. 5º) y

Educación y espiritualidad ecológica (Cap. 6º) claramente corresponden al ACTUAR, sin que esté ausente otro paso que en los últimos tiempos muchos añadieron al trío del Ver-Juzgar-Actuar, a saber, el CELEBRAR, lo cual, dadas las circunstancias verdaderamente trágicas que describe la Encíclica, constituye una especie de provocación. Pero Francisco sabe lo que hace. Y lo que dice sobre estos dos últimos capítulos es lo siguiente:

“A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional [Cap. 5º]. Finalmente, puesto que estoy convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana [Cap. 6º].”

Y a continuación añade el autor de la Encíclica una observación sobre su método:

“ Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado…”

Y algo más que aunque no lo dice aquí sí lo hace en otros momentos y de otras maneras: Que aunque naturalmente Francisco escribe como creyente y cabeza de la Iglesia Católica (y obviamente no podría hacerlo de otra manera) sin embargo constantemente está tratando de entablar un diálogo con todos los hombres y mujeres concientes, sean de la religión que sean o aunque no tengan ninguna o sean declaradamente ateos. Como él mismo lo dice: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar.”


Acerca del autor

Escrito por Laudatosi 29-10-2015 en Autor. Comentarios (0)

Rafael Landerreche

Sociólogo por formación profesional (FCPS-UNAM) y un poco todólogo (con afición particular a la historia y la filosofía) por circunstancias de la vida. Nacido en el DF desde hace 22 años me mudé al Sureste de la república empezando por Villahermosa, Tabasco. Seis años después cambié de estado (y de clima) y desde hace 12 años vivo en San Cristóbal de las Casas, Chiapas trabajando con la parroquia de San Pedro Chenalhó (municipio tzotzil de los Altos de Chiapas y escenario de la Masacre de Acteal el 22 de diciembre de 1997) y con la Sociedad Civil de las Abejas de Acteal) acompañando proyectos educativos... y lo que se va ofreciendo.

La encíclica Laudato Si me ha tocado el corazón (como dirían los tzotziles) tanto por la problemática social-ecológica y la referencia a nuestra hermana madre tierra (como la llama Francisco) realidades en las que estamos inmersos cotidianamente en este lugar, así como por el hecho de que los planteamientos de la encíclica vienen a confluir con reflexiones y consideraciones que desde hace mucho ocupan mi mente sin encontrar cómo expresarlas y que de pronto encuentran un cauce abierto por las palabras del primer papa latinoamericano. Confío en que podré plasmarlas aquí y que serán de algún provecho a quien las lea.


Junto al sepulcro de Monseñor Romero en la cripta de la catedral de San Salvador con miembros de Las Abejas, del Seminario Intercultural Mayense y de Bautistas por la Paz.