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Alerta por un mexicano en Honduras

Escrito por Laudatosi 14-03-2016 en Enlaces externos. Comentarios (0)

Artículo: Alerta por un mexicano en Honduras

http://movimientom4.org/2016/03/accion-urgente-es-hora-que-el-gobierno-mexicano-actue-para-levantar-la-alerta-migratoria/

ESP: Firme la Acción Urgente aquí

http://movimientom4.org/2016/03/accion-urgente-es-hora-que-el-gobierno-mexicano-actue-para-levantar-la-alerta-migratoria/

Otros enlaces externos sobre Berta Cáceres y su asesinato:

Asesinan en su casa a dirigente indígena ambientalista en Honduras

Ante el asesinato de Berta Cáceres

La Defensa de la Madre Tierra/VII. ¿Qué es la COP21 y por qué depende de ella nuestro futuro?

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

Mi abuelo tuvo un sueño y me dijo: Hijo, yo ya no lo voy a ver, pero tú sí. La vida se va a poner muy difícil porque va a hacer mucho calor. Los humanos han cortado los árboles, han faltado al respeto a la Madre Tierra, por eso ya no llueve y va a haber mucho sufrimiento.

                                                                                         Palabras de un indígena guaimí de Panamá a Tatik Samuel en febrero del 2004

La semana pasada, comenzando el lunes 30 de noviembre y programada para terminar este viernes 11 de diciembre se inició en París la cumbre mundial conocida como la COP21. Ante este acontecimiento el papa Francisco se manifestó sin rodeos ni eufemismos: “Es ahora o nunca, estamos al borde de un suicidio de la humanidad”. ¿Qué es pues la COP21? ¿Por qué es tan importante? ¿Qué posibilidades tenemos de evitar ese suicidio de la humanidad?

¿Qué es la COP21?

Para empezar a responder cito el portal alterativo de noticias “Democracy Now” que nos informa que: “En este contexto se está desarrollando uno de los encuentros mundiales más importantes de la historia: la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o COP 21 (UNFCCC por sus siglas en inglés: United Nations Framework Convention on Climate Change). Prácticamente todos los países del mundo están representados aquí, a través de sus delegaciones, que están intentando alcanzar un acuerdo antes del 11 de diciembre, con el objetivo de evitar un cambio climático catastrófico e irreversible.”

Francisco, en su encíclica Laudato Si, menciona algunos de los principales antecedentes de esta cumbre: La Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Río de Janeiro, más atrás todavía, la Declaración de Estocolmo (1972) y más cercana a nosotros, La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible denominada Rio+20 (Río de Janeiro 2012). Y se sobreentiende que previa a esta COP21 ha habido otras 20 cumbres anteriores con los mismos objetivos. Aunque Francisco reconoce que algunas de estas reuniones mundiales tuvieron en su momento un valor para ir abriendo la conciencia de pueblos y gobiernos, sin embargo en la práctica no se ha hecho nada realmente significativo y añade sin rodeos que:

“Las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad” (no.169 de LS).

¿Qué está en juego en la COP21?

Para decirlo en pocas palabras, que aunque suenen catastrofistas no son más que el más escueto realismo basado en el rigor de las consideraciones científicas y también en el sentido común de cualquier observador que no esté cegado por sus intereses o por la propaganda, lo que está en juego es el futuro de la humanidad y la habitabilidad de este planeta para los seres humanos y también para muchas especies animales y vegetales cuyas condiciones de existencia podrían desaparecer.

Los científicos calculan que desde que comenzó la era industrial basada en el consumo de los combustibles fósiles (como el carbón, el gas y el petróleo y sus derivados) la temperatura global del planeta se ha elevado en 1º. centígrado. Un grado puede sonar poco para los legos en la materia pero es ya un cambio catastrófico. Además de los trastornos climáticos que implican cada vez más y mayores desastres “naturales” como los huracanes y oscilaciones extremas entre las sequías y las inundaciones, este grado de calentamiento significa que los enormes glaciares, que en otra época aprendimos en la escuela a llamar “eternos” ya no los son: se han empezado a derretir. Lo cual a su vez significa que los miles de millones de metros cúbicos de agua que los formaban pasan a ser parte de los océanos elevando el nivel del mar. El efecto más directo- y ya palpable en algunos lugares – es que al subir el nivel del mar las tierras costeras de poca altura pasan a ser cubiertas por las aguas. Se habla de unos islas en el Pacífico cuyos habitantes ya están buscando un lugar para emigrar masivamente. En México podríamos pensar en nuestro vecino estado de Tabasco donde las inundaciones ya son endémicas y podrían llegar a ser permanentes.

Los científicos calculan que para evitar lo peor y poder empezar a revertir el proceso destructor, el calentamiento global no deberá de sobrepasar los 2º C, aunque algunos (especialmente los habitantes del Pacífico Sur como los de las islas mencionadas y otras más grandes como las Filipinas) creen que ese tope es demasiado alto, que el límite debería fijarse en 1.5º C. Para lograr incluso la meta menos ‘ambiciosa’ las emisiones que producen el calentamiento deberían detenerse YA. Aun así la temperatura seguiría subiendo puesto que hay procesos ya desatados, pero – si se tomaran las medidas radicales- habría esperanzas de que ese proceso se detuviera en los 2º C y entonces empezaría a decrecer.

La mala noticia es que los gobiernos de los países que más pesan a la hora de tomar decisiones, atrapados por su dependencia-complicidad con las grandes empresas contaminantes, se están haciendo tontos…para decirlo en pocas palabras. Han cambiado el esquema necesario de límites obligatorios fijados por la comunidad internacional, por el de límites voluntarios fijados por cada gobierno (y los poderes financieros que los sostienen). Así, ni siquiera el límite de 2ºC (que muchos sostienen que es ya demasiado alto) está garantizado. Sobrepasar estos límites seguramente implicaría que, como escribe Francisco: “Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros” (24). Y para que no quede duda sobre el esquema de contribuciones voluntarias ha dicho que es “indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables”  (53).

¿Qué está pasando en la conferencia de Paris?

Hasta este momento desgraciadamente está pasando lo que era de temer. Todas las ficciones y falsas soluciones denunciadas por la encíclica, están presentes. El presidente Obama, que en su país es visto por los republicanos como demasiado radical en cuestiones del cambio climático, se congratuló en su discurso de que la mayoría de los países están haciendo su tarea de entregar sus compromisos voluntarios, o sea, el mismísimo esquema condenado por el papa y los ecologistas reales. Siguen todas las seudo soluciones denunciadas por la encíclica: confiar mágicamente en los mecanismos del mercado o en pretendidos remedios tecnocráticos. Hasta el presidente Peña Nieto, autor de las atroces reformas estructurales que, entre otras cosas decretan que la explotación de hidrocarburos tiene absoluta prioridad sobre la agricultura y cualquier otra actividad humana, se dio su vuelta a París, alardeando de que su modelo de desarrollo es compatible con el control del cambio climático. Quizá estas palabras de la encíclica que parecen, como sus trajes, cortadas a su medida, explique el por qué, según se dice, EPN no quería que el papa viniera a México: “En este marco, el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen” (194).

Y hay algo peor. Si en anteriores cumbres de diverso tipo ya se había hecho costumbre la movilización masiva en las calles para, mal que bien, tratar de que el clamor de los pueblos penetrara de alguna manera hasta los acondicionados salones de lujo donde se reúnen los poderosos, en París, con el pretexto de los recientes atentados terroristas, se prohibieron todas las manifestaciones públicas; aunque algunos se atrevieron a desafiar la prohibición y sufrieron las consecuencias de golpes policíacos, gases lacrimógenos, pimienta y otros que muestran la sensibilidad ecológica del gobierno francés. A un activista que reclamó a las autoridades por la virtual supresión de las garantías civiles le contestaron que se debía a la emergencia de las amenazas terroristas. El activista respondió con toda razón que el cambio climático también es una emergencia y mucho mayor pero esto no impresionó a las autoridades. Mientras tanto la ecología, no solo light, sino chic, se hace presente en los salones de lujo de París donde se exhiben limosinas de “cero emisión” de contaminantes y mansiones acondicionadas por combustibles ‘limpios’. Cada quien sus propias prioridades, pues. Pero no hay que ignorar lo que dijo el dirigente del Movimiento Sin Tierra de los campesinos brasileños: el imperio ha decidido jugar más rudo.

La paradoja de los gobiernos y los activistas.

Bill McKibben uno de los fundadores de la organización de activistas climáticos <350.org>, medio se consuela por lo que pasa en París diciendo bueno, éste no es el campo de batalla, es más bien algo como el marcador que nos dice como van las anotaciones del partido; lo que cuenta es lo que están haciendo y seguirán haciendo nuestras organizaciones en cada lugar del planeta. Y da como dato esperanzador que, aunque las manifestaciones públicas están prohibidas en París, sólo su organización logró promover el pasado fin de semana “movilizaciones en 2200 lugares alrededor del mundo, desde Camerún, Minneapolis, Malawi, Australia, Estocolmo; desde cada rincón del planeta”. Habría que añadir la marcha del domingo pasado aquí en San Cristóbal, pues aunque no haya tenido como tema específico el cambio climático, la lucha por una nueva Constitución que recupere el sentido de una sociedad organizada para el bien común y no para beneficio de los intereses particulares de los privilegiados, va en la misma dirección.

Sin embargo, otro activista que también anda en París apuntó con realismo que el movimiento para salvar la tierra no puede prescindir de los gobiernos: “Veo aquí a los líderes de los gobiernos, todas sus debilidades, pretensiones, crímenes climáticos; observo que no hay contradicción en la que no incurran. Me asombra la capacidad de los seres humanos para racionalizar su ceguera ante los inenarrables sufrimientos que causa y causará el cambio climático. Y sin embargo, no podemos prescindir de los gobiernos; ellos son nuestra mejor solución. Solo con el poder del estado podemos terminar, no meramente reducir, la emisión de gases de efecto invernadero. Pero necesitaremos que los movimientos sociales obliguen a los gobierno para que a su vez éstos obliguen a la sociedad –corporaciones, sindicatos, iglesias, individuos, a acabar con el mundo de los combustibles fósiles, antes de que ese mundo acabe con el mundo mismo. El poder es la clave”.

Exactamente lo mismo piensa Francisco, pero ante la sordera y ceguera de los gobiernos sigue rezando por un milagro. Tal vez habría que imitarlo, y no me refiero nada más al rezar, sino a la lucha por una transformación radical, de la que él mismo es un ejemplo.


Adviento y Cumbre Climàtica..

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Desde Nicaragua. Comentarios (0)

Queridas y Queridos amigos: Adviento y Cumbre Climàtica... Ojalá en las Celebraciones de Adviento y Retiros de Adviento escuchemos el Clamor y llamado a conversión que nos viene de la Crisis climàtica y de la Urgencia del Papa a escuchar ese Grito de la Madre Tierra.

fraternalmente,

arnaldo.

EL ADVIENTO DE LA CUMBRE CLIMÁTICA Por Joxe Arregi -  

Este domingo inauguramos los cristianos el tiempo litúrgico llamado Adviento o “venida” que dura hasta la Navidad o “nacimiento”. Y, pura y feliz coincidencia, mañana se abre en París -en estado de máxima alerta por los recientes atentados- la XXI Cumbre sobre el Cambio Climático: 195 mandatarios se reúnen con el objetivo de marcar un punto de inflexión. La alerta es máxima. El Adviento urge.//Añado esto, el Papa Francisco desde Kenia:Sería una catástrofe si en la Cumbre no hay acuerdos vinculantes


Es la Veintiuna Cumbre. ¿Pues qué han hecho en las veinte precedentes, desde aquella primera de Berlín en 1995? Casi nada, la verdad. ¿Que podía haber sido peor? De poco nos consuela sabiendo como sabemos que estamos tan mal y que es muy probable que vayamos a peor. Da miedo pensar que tampoco en esta Cumbre se dé el paso decisivo, que todo acabe en una declaración más de buenas intenciones sin compromisos vinculantes, como ya sucedió en la cumbre de Kioto de 1997 o en la de Copenhague de 2009, que los intereses particulares de algunos estados y de muchas empresas multinacionales acaben ganando de nuevo aunque todos perdamos. Da miedo pensar que seamos incapaces de ampliar nuestra mirada o de liberarnos de nuestros miedos, y que sigamos avanzando inconscientes a la aniquilación del planeta, al igual que de medida en medida de seguridad agravamos el terror global y la guerra sin fin. No lo pueden, no lo podemos permitir. Menos mal que está la sociedad civil movilizada, mucho más civilizada que quienes tan bien pagados la dirigen.

Algo hemos adelantado. Hace solo 20 años, las advertencias sobre el cambio climático eran cosa de ecologistas románticos y pseudocientíficos alarmistas. Hoy nadie discute que la Tierra se está calentando, que casi cada mes se baten récords de temperatura global, que hielos y nieves se derriten, que los mares se acidifican y suben de nivel, que el clima está haciendo estragos en forma de fríos y calores extremos, de lluvias y sequías extremas. Bien es verdad que el clima cambia sin cesar y que hay muchos factores que influyen en el cambio. Pero no sirve como excusa. Numerosos estudios científicos evidencian que la gravísima aceleración del cambio climático es provocada en buena parte por el ser humano, debido al uso industrial de combustibles fósiles. Somos nosotros los mayores responsables de la situación presente.

No lo hemos tomado en serio hasta que el agua nos ha llegado al cuello. Nunca mejor dicho, pues territorios donde viven 400 millones de personas, como el sur de Bangladesh, quedarán sumergidos por el mar. Los más pobres, como siempre, se llevarán la peor parte. Y entre los más pobres se cuentan no solamente los seres humanos, sino también innumerables seres vivientes de otras especies. ¿Quién ha dicho que somos los señores de la Creación, centro y culmen de la evolución de la vida, y que todos los seres, de las ballenas a las bacterias, están a nuestro servicio?

Somos responsables de parar esta carrera suicida y de eludir la catástrofe total. Ya está en marcha, pero aún podemos mitigar los daños. El Adviento de otro futuro para la vida está en nuestras manos, y sabemos cuál es la condición necesaria: que la temperatura del Tierra no suba más de 2 grado, o incluso 1,5 grados al final de este siglo. Pero las medidas presentadas a la Cumbre de París hacen prever que puede subir 3 grados e incluso 4. La llave está, como en casi todo, en la postura que adopten los EEUU. Y China, que aspira a disputarle la hegemonía. Y Rusia, la India y Brasil, empeñados en no ser menos que aquellos. Y Europa… ¿ existe Europa? ¿Sabe realmente lo que quiere o lo que debe? Por todas partes se impone la ley de la fuerza, la lógica de la economía de la ganancia, que mata más que todos los terroristas juntos. Nadie quiere perder y todos corremos al mismo abismo. Ya estamos cayendo.

Ya no basta el crecimiento sostenible. Se impone un decrecimiento sostenible. Y solo será posible si cambiamos la mirada y la sensibilidad, si nos sentimos hermanas y hermanos de todas las criaturas, si nos convertimos a una ecología integral, profunda.// Y si se apagan los odios y tantas guerras por avaricia y prepotencia. Solo entonces será Adviento de verdad. Advendrá un tiempo nuevo, y tendrán sentido las luces de nuestras calles y los regalos de Navidad.// Añado esto: De lo contrario será una Navidad falsificada, nos dice el Papa.




La Defensa de la Madre Tierra/VI Laudato Si y el ¡Ya basta! de los pueblos

Escrito por Laudatosi 29-11-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

Después de enfatizar cómo los pobres de la tierra y su hermana la tierra misma son victimas del sistema global que sólo respeta la lógica del dinero, Francisco une su voz al clamor de los múltiples y multiformes ¡ya basta! que surgen desde las entrañas de la tierra a lo largo y a lo ancho de todo el planeta:


“Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.” (Ibíd.).

Ese “sistema que se ha hecho global” que todos conocemos, Francisco no lo designa con los términos que comúnmente utilizamos como capitalismo o neoliberalismo, pero no cabe duda de que se está refiriendo a ese sistema que ha hecho un ídolo del dinero y del mecanismo mal llamado de “libre mercado”. Y si ese sistema es culpable de lo que nos aqueja evidentemente es imposible que las soluciones derivadas de él puedan salvarnos. Así Francisco rechaza sin ambages las falsas soluciones a la crisis ambiental que nos ofrecen (más o menos disfrazadas) los poderes de facto. Así por ejemplo, escribe que…

“Algunas de las estrategias de baja emisión de gases contaminantes buscan la internacionalización de los costos ambientales, con el peligro de imponer a los países de menores recursos pesados compromisos de reducción de emisiones comparables a los de los países más industrializados…(170). La estrategia de compraventa de « bonos de carbono » puede dar lugar a una nueva forma de especulación, y no servir para reducir la emisión global de gases contaminantes. Este sistema parece ser una solución rápida y fácil, con la apariencia de cierto compromiso con el medio ambiente, pero que de ninguna manera implica un cambio radical a la altura de las circunstancias. Más bien puede convertirse en un recurso diversivo que permita sostener el sobreconsumo de algunos países y sectores (171).”

Y si estas palabras tienen cierto tono de moderación, las siguientes no tienen ningún tapujo:

“No se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidarlos [los ecosistemas tropicales], pueden atentar contra las soberanías nacionales. De hecho, existen «propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales»” (38).

Y a continuación, la puntilla, que una vez más parecería llevar dedicatoria para ciertos gobiernos de todos conocidos; es necesario, dice

“que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.” (38)

Podríamos seguir con una larga lista de citas de muy alta relevancia, pero con esto es más que suficiente para mostrar por dónde va la palabra de Francisco. Más bien, antes de terminar quisiera avocarme a responder una posible pregunta. Quizá alguien podría decir: Todo eso está muy bien y qué bueno que el papa nos apoye, pero todo eso (o casi todo) ya lo sabemos nosotros y lo hemos dicho y repetido hasta el cansancio, ¿no hay algo nuevo o diferente que el papa aporte a nuestras luchas? A tal pregunta hipotética respondo que sí, que sí lo hay y con las limitaciones presentes de tiempo y espacio esbozo tan sólo algunas de las muchas posibles respuestas:

1) Francisco nos ha regalado no sólo unas palabras (escritas o pronunciadas) de apoyo a nuestras luchas sino toda una serie de acciones significativas y articuladas que son todo un modelo de acción personal y de activismo social. Desde un profundo cambio de actitud personal hasta la lucha en las instancias internacionales (como la que se planteó en el foro con respecto al Protocolo de Nagoya) pasando por las acciones familiares, vecinales, regionales y naturalmente de las organizaciones sociales, creo que aquí hay muchas enseñanzas de las que podríamos y deberíamos beneficiarnos. Y en todo ello está presente un principio básico que todos compartimos: “Si los ciudadanos no controlan al poder político –nacional, regional y municipal –, tampoco es posible un control de los daños ambientales” (179). Pero Francisco va todavía más a las raíces; no sólo los ciudadanos organizados deben controlar al poder político, sino que cada ser humano se debe controlar a sí mismo, porque si bien la violencia que destruye a la tierra y a los pobres está como cristalizada en un sistema, también es cierto que está como agazapada “en el corazón humano, herido por el pecado” (2).

2) El movimiento en defensa de la tierra se ha desarrollado generalmente de abajo hacia arriba y no tanto a partir de grandes teorías e ideologías sino a partir de experiencias concretas. Frente a esta realidad algunos se preguntan si no será necesario articular todas estas experiencias parciales en una gran visión global, pero al mismo tiempo recelan de que un intento de lograr esto pueda dar lugar a otra imposición ideológica más. Creo que los planteamientos de Francisco pueden ser un significativo aporte, más allá de las ideologías para obtener esa visión global. Tal vez algunos objeten que la visión del papa quizá no sea ideológica pero en cambio es teológica (lo que para algunos sería todavía peor). Pero si se lee la encíclica sin prejuicios se verá que el papa en ningún momento trata de imponer su teología y en cambio ofrece, con gran respeto a la diversidad, bases ético-humanas que podrían ser aceptadas como punto de partida por todas las personas que de buena voluntad desean defender nuestra casa común.

3) A título personal, pero creo que muchos compartirán esto conmigo, creo que la mayor aportación que nos hace Francisco a los que de una u otra manera luchamos por la defensa de la tierra y de sus guardianes naturales que son los indígenas y los pequeños agricultores campesinos es la esperanza. Confieso que aunque hace mucho tiempo me preocupan los problemas ecológicos en ocasiones me abstengo de leer noticias relacionadas con el tema, pues cuando lo hago acabo deprimido: que si tantos millones de hectáreas de bosque en el mundo se destruyen cada día, que si en la Amazonia desaparece cada minuto el equivalente a 10 campos de futbol, que si las reservas de agua se contaminan, que si los transgénicos destruyen la biodiversidad, que si el Ártico se derrite y los osos polares andan como almas en pena haciendo equilibrios en fragmentos de hielo… ¿Para qué leer más? ¿O para qué seguir con más ahora mismo? Ahora bien a mi modo de ver Francisco logra algo verdaderamente notable. No nos pinta un panorama color de rosa; todo lo contrario, con implacable objetividad nos dice que:

“Las predicciones catastróficas ya no pueden ser miradas con desprecio e ironía. A las próximas generaciones podríamos dejarles demasiados escombros, desiertos y suciedad. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones” (161).

No sólo eso, “parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre” que anuncian nuevas y mayores catástrofes naturales (61) y además “el agotamiento de algunos recursos, va creando un escenario favorable para nuevas guerras” (57). El problema no es para las generaciones futuras sino que está ya afectando a millones de seres humanos, por ejemplo en las regiones empobrecidas de África, “donde el aumento de la temperatura unido a la sequía hace estragos en el rendimiento de los cultivos” (51).

Y sin embargo lo que deja al final la lectura de la encíclica no es depresión y desánimo sino esperanza y hasta gozo. Y es que Francisco, siguiendo las huellas de su tocayo de Asís, no sólo nos presenta el lado obscuro de la realidad sino que se une a él para cantarle a la belleza de la hermana madre tierra, de la hermana agua, del hermano sol, de las hermanas plantas. Y aunque

“Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo…”, nosotros “estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud” (53).

Por eso no es incongruente que, a pesar de los negros nubarrones Francisco nos convoque a que:

“Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza” (244).

* Ponencia presentada por el autor en el foro El Despojo Biocultural: La amenaza del protocolo de Nagoya o las patentes sobre los bienes comunes. Una visión desde los pueblos. llevado a cabo en el CIDECI- UNITIERRA de SCLC el 23 de octubre de 2015. (2ª. y última parte).


La Defensa de la Madre Tierra/V. Laudato Si y las organizaciones populares

Escrito por Laudatosi 30-10-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

La encíclica Laudato Si; sobre el cuidado de la Casa Común, publicada por el papa Francisco en junio pasado tiene una importancia crucial y evidente para los movimientos y organizaciones que, como los que participaron en este foro*, luchan por la defensa de la tierra, el territorio, la biodiversidad y los derechos de los pueblos. Dicho sea de paso, y en honor de quienes organizaron este foro, Francisco prácticamente hace suya la frase, y no sólo la frase sino la convicción firme y profunda de que, frente al modelo hegemónico impuesto como si no hubiera alternativas, en realidad, otro mundo es posible.

Antes de entrar de lleno a este tema, de lo que significa la encíclica para las organizaciones y movimientos populares, quisiera muy brevemente decir un par de cosas sobre lo que significa la encíclica para la Iglesia misma (hablo en estos momentos específicamente de la Iglesia Católica; en cuanto a las otras Iglesias, sería muy interesante que las mismas dijeran los que para ellas significa). En primer lugar significa una novedad que en cierto modo no es novedad dado que implica regresar a lo más antiguo de la Iglesia, a sus propios orígenes. En realidad muchas novedades, y no sólo en el ámbito eclesial sino en la historia de las personas y de los pueblos, nacen de volver a los orígenes, de redescubrir la propia identidad. Francisco está decidido a que la Iglesia eche su suerte con los pobres de la tierra  (para decirlo con las coplas de José Martí) o sea, que vuelva a sus orígenes de ser la que anuncia la buena noticia a los pobres. Con esto el papa está tratando muy en serio de desmarcar a la Iglesia de las posturas ideológicas conservadoras que hace demasiado tiempo han condicionado, limitado y tergiversado su mensaje y de desenredarla de la maraña de intereses económicos y políticos que igualmente la mantienen cautiva a ella y a su mensaje liberador. La segunda novedad me atrevo a decir que es más que la primera una novedad en términos absolutos. Hace unos días tuve la oportunidad de platicar con un sacerdote indígena que es uno de los pioneros en México de lo que aquí en la Diócesis de San Cristóbal se llama la Iglesia Autóctona y de lo que se conoce también como la Teología India. Me decía que –hasta donde llegaba su conocimiento, que es bastante amplio- ésta es la primera vez en la historia de la Iglesia que un papa utiliza la expresión Madre Tierra, y más todavía, no lo utiliza en una conversación casual sino en un documento de esta naturaleza que es de los que tienen mayor autoridad doctrinal en la Iglesia. Este sólo hecho tiene una importancia trascendental para los pueblos indígenas que desde siempre han utilizado esta expresión y que de esta manera obtiene una reivindicación más para sus culturas tan golpeadas, negadas y reprimidas a través de la historia y particularmente en estos momentos de capitalismo salvaje (algunos historiadores dicen que ni siquiera en tiempos de la conquista los pueblos y las culturas indígenas habían sido tan amenazadas como ahora). Y con esto entramos ya de lleno al tema que nos ocupa.

La encíclica Laudato Sí retoma las luchas y reivindicaciones de los movimientos populares dando un lugar especial a los pueblos indígenas. Cabe decir que incluso durante las décadas de lo que algunos teólogos de la liberación denominaron el invierno eclesial, era posible para los pobres y para los pueblos indígenas encontrar algunas palabras de aliento y de apoyo a sus luchas en los pronunciamientos de los papas, por ejemplo, las palabras que pronunció Juan Pablo II ante sus representantes en su visita a Mérida, Yucatán. Pero ahora estamos frente a algo radicalmente nuevo y profundamente esperanzador y desafiante. Los papas anteriores hablaban desde posiciones teológicas, por así decirlo, pero nunca como ahora habían retomado las palabras, las luchas, las reivindicaciones y el espíritu de las luchas populares y se las habían devuelto con su propia firma como aval, de modo que los pueblos pudieran contemplarse a sí mismos en una encíclica papal. Tal vez podría decirse que el papa Juan Pablo II hizo algo semejante con el movimiento obrero de Solidaridad en su natal Polonia. Pero ahora nos toca a nosotros y ojalá pudiéramos sacar tantas consecuencias prácticas de sus palabras como hicieron los polacos pero sin cometer los errores que ellos cometieron.

Vale la pena recordar que Francisco quiso enmarcar, por así decirlo, su encíclica en medio de dos encuentros con organizaciones populares. El primero, previo a la publicación de la encíclica, con movimientos populares en general, en el Vaticano en octubre del 2014. El segundo, justo después de la publicación de la encíclica y como para reforzar su sentido, se llevó a cabo principalmente con organizaciones indígenas, en Santa Cruz, Bolivia en julio del presente año. Y en la encíclica ofrece estas palabras de reconocimiento y apoyo a los pueblos indígenas – o “las comunidades aborígenes” como las designa el papa- palabras que muy bien podríamos pensar que llevan dedicatoria (entre otros) a las atroces reformas estructurales de Peña Nieto que pretenden imponer el despojo de tierras a los campesinos con el peregrino argumento de que la entrega de tierras a las trasnacionales privadas es de interés público para la nación:

“En este sentido, es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios. Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan. Sin embargo, en diversas partes del mundo, son objeto de presiones para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agropecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura” (no.146 de LS).

Desde las primeras palabras de la encíclica y con machacona insistencia a lo largo de cada una de sus páginas, Francisco insiste, con diferentes formulaciones pero con una misma idea siempre, en una tesis central que también lo es para organizaciones y movimientos como los aquí reunidos: la íntima e indestructible unidad entre el tema de la defensa de la tierra y el de la defensa de los derechos de los pobres. He aquí algunas de sus expresiones:

“En San Francisco de Asís se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (10).

“Algunos ejes atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta” (16).

Y una vez más, para que no quepa ninguna duda:

“No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (139).

“La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza” (175)…“ El poder conectado con las finanzas es el que más se resiste a este esfuerzo” (57).

Y estas palabras, al mero comienzo de la encíclica, que para mí son una de las aportaciones más originales del papa Bergoglio a partir de la intuición genial de San Francisco que considera a la tierra no sólo como madre, sino como hermana:

“Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto»” (2)

Con estas palabras y otros argumentos posteriores Francisco le sale al paso a las falsas posiciones de reduccionismo verde y la “ecología superficial”, que algunos llamarían la ecología light, que quisieran quedarse en soluciones parciales que no ven la raíz del problema, raíz sobre la cual se expresa con absoluta claridad ante los movimientos populares en Bolivia:

“Ustedes me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?”

* Este artículo es una Ponencia presentada por el autor en el foro El Despojo Biocultural: La amenaza del protocolo de Nagoya o las patentes sobre los bienes comunes. Una visión desde los pueblos. llevado a cabo en el CIDECI- UNITIERRA de SCLC el 23 de octubre de 2015. El foro fue convocado por COMPITCH, Amigos de la Tierra (Internacional), Movimiento de Rebeldía de los Montes Azules y Otros Mundos. (Primera de dos partes).