Blog de Laudato Si

Laudato

La Brexit, la Bayer y la Laudato

Escrito por Laudatosi 24-09-2016 en Enlaces externos. Comentarios (0)

La Jornada: Brexit, Bayer y Laudato

"Trágicamente, la fusión Bayer-Monsanto representa un paso adelante de la globalización corporativa, mientras que la Brexit representa un paso más del desmoronamiento de lo que alguna vez pudo ser la opción contraria: el pacto global por el respeto de la libertad y de los derechos humanos."

SUGERENCIAS ECOLÓGICAS PRÁCTICAS E INSPIRADORAS SOBRE LA LAUDATO SI

Escrito por Laudatosi 03-06-2016 en Desde Nicaragua. Comentarios (0)

SUGERENCIAS ECOLÓGICAS PRÁCTICAS E INSPIRADORAS PARA QUE NUESTRA REFLEXIÓN SOBRE LA ENCÍCLICA ECOLÓGICA DEL PAPA FRANCISCO DÉ MUY BUENOS FRUTOS, Y NO SE QUEDE EN BONITA REFLEXION.

(Gracias a Arnaldo Zenteno por el envío de estas "prácticas e inspiradoras" notas)

  Rui Manuel Grácio das Neves O.P. (conclusiones de un extenso artículo)

Llegamos aquí a lo central de nuestra reflexión, después del análisis  de la Encíclica. Debemos ahora intentar plasmar, a nivel más creativo y propositivo, cuáles son los desafíos que encontramos más significativos para nuestras CEB y nuestro proyecto de vida a nivel ecológico. He aquí algunos aportes.

1. Coherencia entre nuestras palabras y nuestra vida. Como Comunidades tenemos que estar muy atent@s a la coherencia entre nuestro discurso (evangélico) y nuestra vida (evangélica también). Nada hay más anti-testimonio y anti-evangélico que predicar unas cosas y vivir otras, muchas veces incluso opuestas. Si algo tiene sentido en nuestras Comunidades es su carácter profético. Cuando el institucionalismo y su lógica (normalmente, de poder, influencia, prestigio y medios materiales) predominan en nuestras Comunidades y en nuestras vidas personales, entonces “la sal pierde su sabor” y hemos perdido nuestro rumbo, nuestro Norte. Y cuando la sal pierde su sabor y su efectividad es mejor arrojarla fuera. El problema de las Comunidades no es la bajada significativa del número de sus miembros, sino la pérdida de la calidad de vida que debería poseer. “Dejemos que los hermanos prediquen con sus obras”, o con su vida, decía San Francisco de Asís a sus hermanos y esto es válido para todos y todas nosotras que decimos que nos situamos en la óptica de Jesús. Esto es el principio general que afecta a toda nuestra evangelización, principalmente en los ámbitos de Justicia, Paz y Ecología, pero también al nivel del ámbito de nuestras propias comunidades y a su vivencia de fraternidad/sororidad.

2. Ir a las causas, no solo a las consecuencias de la pobreza. El Papa Francisco nos llama la atención en su Encíclica sobre una situación social muy opresora y discriminadora especialmente con las y los más pobres, marginales y excluidos de la Sociedad. No es suficiente la “caridad social” y las obras de misericordia. Esto es trabajar más sobre los efectos que sobre las causas. Sin negar la necesidad extrema de un inmediatismo de la ayuda urgente, hay que avanzar más hacia un trabajo que incida sobre las causas de esa pobreza, marginación, exclusión. Recordemos aquellas palabras de un profeta de América Latina, como lo fue Monseñor Hélder Câmara, de Brasil, cuando decía: “Si digo que hay que alimentar a los pobres, me llaman santo. Si digo que hay que eliminar las causas de la pobreza, me llaman comunista”. Las Comunidades deberíamos ser los abanderados/as de la causa de la Justicia, la Paz y la Ecología (JPE), pues es la misma causa del Evangelio y de su Maestro, Jesús de Nazaret. Promover la igualdad, la paz profunda (que arranca de lo interior) y el respeto total por la Naturaleza deberían ser nuestras prácticas cotidianas y nuestro testimonio en medio de la sociedad capitalista del derroche, la desigualdad y el privilegio.

3. No a la mentalidad Productivista. El Papa también nos llama la atención sobre la mentalidad productivista, propia del paradigma tecnocrático, donde lo que cuenta es la idolatría del dinero, del éxito, del poder, y no los valores humanos de la dignidad de todos los seres humanos, de todos los seres vivos, la flora y la fauna. Podemos preguntarnos: ¿Dónde entra esto en nuestros colegios, en nuestra misión de educadores, en nuestras predicaciones, en nuestra obra caritativa y social, en nuestros escritos y praxis cotidiana, incluyendo aquí la vivencia comunitaria? Todo esto no es algo accesorio, sino lo nuclear del mensaje que decimos defender en el Evangelio desde nuestra identidad como CEB. Por lo tanto, la Justicia Paz y Ecología es una “piedra de toque” sobre la verdad de nuestras vidas apostólicas y comunitarias.

4. Empezar por nuestra propia práctica ecológica y contagiarla  a los demás. “El manzano no puede dar peras”. ¿Cómo vamos a impulsar los valores de la defensa de la Naturaleza si no tenemos esto todavía bien claro en nuestra mentalidad? A veces, lo más difícil es predicar estas cosas a nuestros propios hermanos o hermanas. Pero por ahí se empieza: viviéndolo uno/a mismo/a y contagiándolo a las y los demás. La denuncia es importante, pero debe apoyar en el anuncio de una práctica cotidiana de vivencia ecológica, comunitaria, fraterna y defensa de la justicia frente a l@s injusticiad@s de la Historia. Hay que programar estas cosas y evaluarlas periódicamente. El Papa nos dejó varios ejemplos que, a buen entendedor, deberíamos implementar e ir más allá incluso.

5. PREGUNTAS Y SUGERENCIAS CONCRETAS. Además de los diversos aspectos prácticos que se dicen aquí y acullá en la Encíclica papal, sería bueno, por ejemplo, en lo referente a la cuestión ecológica que en nuestros Proyectos Comunitarios entrasen cuestiones como las siguientes (con criterios de evaluación y seguimiento):

(1) ¿Tenemos modos alternativos de gestionar la generación de energía de nuestra Comunidad, que conduzcan a un mayor ahorro energético (en lo referente al ahorro de electricidad, agua, uso de plásticos, papel, etc.)?

(2) ¿Tenemos la disciplina de hacer separación de basura?

(3) ¿Procuramos usar transportes públicos siempre que posible o compartir los vehículos que tengamos, llevando varias personas,  sobre todo ayudando a gente pobre y necesitada siempre que haga falta (ida a médicos, viajes o parte de ellos, etc.)? ¿Qué tal el uso de bicicletas y otros medios no contaminantes?

(4) ¿Hay posibilidad de una huerta de la Comunidad? Y, sobre todo, ¿de fomentarla entre los más pobres? En nuestros trabajos pastorales, ¿fomentamos cocinas comunitarias, cocinas solares populares, métodos hidropónicos de cultivo, entre otros posibles?

(5) También en nuestros trabajos pastorales, ¿fomentamos la medicina alternativa, especialmente la popular, y el uso de fitoterapia curativa? ¿Qué tal fomentar hábitos de higiene y de alimentación más sana? ¿Qué tal la extensión de alimentación vegetariana o semi-vegetariana? ¿Promovemos también la alimentación saludable en nuestras comunidades, a base de mayor introducción de verduras, frutas, líquidos naturales, como zumos de fruta y agua purificada en abundancia, proteína vegetal? (Esto no debe ser un privilegio de algunos lugares, puesto que, si se investiga, hay también alternativas populares y baratas).

(6) ¿Promovemos en nuestras propias comunidades la práctica del ejercicio físico en general, y otras prácticas alternativas como hatha-yoga, tai chi, pilates, o equivalentes, que ayuden al equilibrio psico-físico-espiritual? ¿Igualmente lo hacemos en nuestro trabajo pastoral?

(7)¿Promovemos el hábito de la meditación  que nos ayuden en la observación de nuestros pensamientos, emociones, así como posibilitan que vivamos más en el aquí-y-ahora, en el Presente, y, por supuesto, vivimos la Presencia Divina en el aquí y ahora?

(8) ¿Procuramos el contacto con la Naturaleza, sin ser adictos a móviles, Internet, y cosas semejantes?

(9) ¿Promovemos la formación de algunos hermanos y hermanas en ciencias sociales, con la finalidad de que ofrezcan técnicamente modelos de economía alternativa al sistema capitalista dominante (modelos de una economía de tipo socialista autogestionario, por ejemplo), así como formulen modelos políticos de democracia directa y participativa, que ayuden a superar el modelo de democracia representativa y formal imperante?

(10) ¿Promovemos espacios y tiempos de vivencia comunitaria del Arte en su forma plural de manifestar? No solo en nuestras comunidades, sino entre los mismos pobres y excluidos. Un Arte de libre manifestación, donde se exprese lo mejor de nosotros/as mismos/as, generando creatividad, buen humor, positividad y hábitos identitarios alternativos.

(11) ¿Fomentamos hábitos de vida simple, natural, con una mística de la gratitud y gratuidad, alegrándonos con cada cosa sencilla de la Naturaleza?

(12) Y, sobre todo, ¿observamos profundamente nuestros apegos y aversiones de todo tipo que nos hacen sufrir, y tampoco ayudan a una vivencia sana comunitaria?

Finalmente, ¿promovemos una vida en nuestras comunidades que esté preocupada por los derechos humanos de las y los más pobres, especialmente en contra de la inequidad de género, el maltrato infantil, los derechos de los trabajadores/as y de las y los jóvenes en particular, fomentando prácticas autogestionarias de los pobres se auto-organicen y crezcan en conciencia social?

Son solo algunas sugerencias. En algunos casos son bastante difíciles de realizar debido a la precariedad de medios, pero esto no puede ser visto con mente negativista y pesimista, sino como un incentivo a trabajar por ello, aunque con resultados momentáneamente muy insignificantes. Una vez más, lo que interesa aquí no son los grandes espectáculos en los resultados, sino ese “gota-a-gota” que va humildemente construyendo algo cualitativamente diferente. Con resultados precarios, provisionales y muy modestos. Pero cualitativamente diferentes de los dominantes.

Como el Papa Francisco dice en algún momento, son actitudes importantes aunque no se vean inmeditamente los resultados. Si somos verdaderamente mujeres y hombres de Fe evangélica, debemos creer que esto es posible. Son cuestiones de Espiritualidad, de “esperanza contra toda esperanza”. Así se construye una revolución desde abajo, pacífica, pero persistente. ¡La revolución de la noviolencia evangélica!

¿Seremos entonces agentes de ella o meros consumistas pequeño-burgueses o  consumistas pobres sin conciencia social?  

Aporte dela Mesa CEB de Profetismo y Compromiso Ciudadano, tomado de escrito de Rui O.P - le hemos hecho algunos pequeños cambios.

Nicaragua 28 de mayo 2016


Desde Nicaragua

Escrito por Laudatosi 18-12-2015 en Desde Nicaragua. Comentarios (0)

Arnaldo Zenteno, jesuita mexicano que hace cerca de 30 años decidió irse a vivir a Nicaragua para acompañar a las CEB's (comunidades eclesiales de base) de esa tierra hermana, sufrida y heroica, me ha ofrecido su material sobre la Laudato Si para compartirlo en este blog. Así es que he abierto esta nueva categoría "Desde Nicaragua" para ir incluyendo sus envíos.

La Defensa de la Madre Tierra/ VIII. LA COP21, la Madre Tierra y los Muertos Bataclánicos

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

La COP21, la conferencia mundial para tomar medidas contra el cambio climático, que para algunos era el momento más crucial en la historia de la humanidad, terminó el pasado viernes 11, sin que, al parecer, la mayor parte de ese extenso club conocido como “la humanidad” se diera por enterada de que se estaba jugando su futuro. Parte de la explicación de esta indiferencia está en los “muertos bataclánicos”.

Quienes tengan una memoria de las noticias superior a las dos semanas, quizá recuerden que “Bataclan” era el nombre del bar de Paris donde se ejecutó el sangriento atentado que costó la vida a 130 personas. Quienes sean afectos al arte cibernético de navegar o googlear, difícilmente encontrarán en la Web el significado de “bataclánico”, pero con suerte quizá encuentren algo así como:  “bataclán. De Bataclan, nombre de una famosa sala de espectáculos parisina. 1. m. Espectáculo teatral frívolo.” Pero quienes recuerden los setentas del siglo pasado, los años dorados de la música latinoamericana, cuando Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa y otros gigantes de la poesía cantaban a la tierra, al pueblo, a la lucha y a la libertad, seguramente recordarán a Violeta Parra, quizá la más grande de todas, cuando cantando se burla de “una pregúntica de unos graciósicos”: … “si peligrósicas para las másicas son las canciónicas agitadóricas” . Y su respuesta incluye estos memorables versos: “Caballeríticos almidonádicos,  almibarádicos, miniminimini...”  (cualquier parecido con algún secretario de educación es pura profecía) “le echan carbónico al inocéntico  arrellenádicos en los sillónicos (Idem).  Cuentan los muérticos de los encuéntricos como frivólicos y bataclánicos.”  A la luz de la definición del diccionario que nos define “bataclán” como “espectáculo teatral frívolo” la frase de Violeta es una especie de redundancia poética para acentuar la deshumanizada frivolidad con la que los tales “caballeríticos” se toman las masacres de la historia.

Bueno, ¿y qué tiene que ver todo esto con la COP21? Primero, lo más evidente. El atentado terrorista en el bar Bataclan de Paris, apenas dos semanas antes de que se inaugurara la reunión sobre el cambio climático en esa misma ciudad, sirvió de pretexto ideal para que las autoridades decretaran el estado de sitio en la capital de Francia (y alguna vez, se supone, capital de las libertades cívicas) y prohibieran toda manifestación pública. Las movilizaciones planeadas anteriormente (que según los organizadores más optimistas podían haber llegado al medio millón de personas) se cancelaron. El día 12 de diciembre, al día siguiente de la clausura de la reunión cumbre, se pudieron manifestar apenas 10 mil personas, lo que sin embargo y dadas las circunstancias, se podría considerar un triunfo, puesto que esta acción significó desafiar la prohibición vigente. Como dijimos en el artículo anterior, el argumento totalmente válido, de que si la situación creada por el atentado en el bar Bataclan era de emergencia, no lo era menos la amenaza del calentamiento global, fue totalmente desestimado por las autoridades. Pero lo más importante aquí es repetir una vez más, hasta que se nos quede bien grabado, que la “preocupación” exhibida por las autoridades para dizque controlar el terrorismo es, exactamente como en el caso de la “preocupación” de las autoridades mexicanas para dizque mejorar la calidad de la educación, un pretexto para reprimir y controlar cualquier intento de la población por romper las políticas de los poderes dominantes.

Por supuesto la movilización en la calles durante la conferencia no iba a ser la única presión para exigir medidas adecuadas a los responsables de la política mundial. Estaba la presión de las organizaciones populares, de los países “menos desarrollados”, particularmente los más vulnerables al cambio climático en África y el Pacífico Sur. Y estuvo también la verdadera campaña que el papa Francisco emprendió este año para concientizar y presionar para que se tomen las medidas adecuadas: su encíclica Laudato Si, los encuentros promovidos en el Vaticano con científicos, con organizaciones populares y con los alcaldes de las ciudades más grandes del mundo; sus palabras en el congreso de los EU y en la ONU, tanto en Nueva York como en Nairobi y otras muchas acciones que sería muy largo enumerar. ¿Sirvió de algo todo esto? Los gobiernos (como el de Francia, el de México, el de EU) dicen que sí, las organizaciones populares y ecologistas dicen que no. ¿Qué dice Francisco? Hay que ser cautelosos para responder esta pregunta, porque si bien algunos medios hacen sonar su reacción como que “se fue con la finta” por las buenas declaraciones que quedaron en el papel si leemos con cuidado es otra la interpretación. Así, un portal que se especializa en dar noticias sobre el Vaticano, titula su nota: “El Papa aplaude el acuerdo de París sobre el clima y llama a ocuparse de los más débiles”. pero si leemos el contenido de la nota misma nos daremos cuenta de que su postura es más matizada; las palabras que se dan como textuales del papa dicen: “La conferencia sobre el clima acaba de concluir en París con un acuerdo que muchos definen histórico. Su implementación requerirá un empeño colectivo y una generosa dedicación por parte de cada uno”.

Más allá de lo que pueda decir el papa en una declaración coyuntural, está lo que escribió en la encíclica y todas las alocuciones y discursos que ha elaborado sobre el tema. Y lo que pasó en la COP21 se ubica exactamente dentro del marco de lo que él ya había previsto: quedarse en la insuficiencia de los compromisos “voluntarios” en vez de las decisiones obligatorias para todos, el no reconocer la “deuda ecológica” que los países ricos tienen hacia los pobres, el creer en la eficacia de soluciones “mágicas” del mercado o de soluciones “tecnocráticas” que en realidad empeorarán las cosas. Ciertamente fue inesperada y muy positiva la decisión final de fijar el límite máximo de calentamiento en 1.5º C (como pedían los países más afectados) y no en 2º C (como se había escrito en el documento de trabajo) pero mientras esa definición no vaya acompañada de las medidas eficaces y obligatorias sirve de muy poco. Por eso como dice el comentario de Francisco tras la cumbre de Paris “su implementación requerirá un empeño colectivo y una generosa dedicación por parte de cada uno” o, como dicen las organizaciones populares y ecologistas, la lucha ni comenzó ni terminó en Paris, sigue cotidianamente.

Ya hemos comentado anteriormente lo dicho por el papa con toda claridad. Quienes obstaculizan las medidas radicales que habría que tomar son los mismos responsables de la explotación de nuestros hermanos más vulnerables y de la destrucción de nuestra hermana madre tierra; son aquéllos para quienes el dinero es su dios. Pero quiero terminar con el otro gran obstáculo que Francisco señala en el camino de la salvación de la madre tierra y de sus hijos (que somos todos): la “globalización de la indiferencia” según sus propias palabras, que debería ser sustituida por otra globalización, la de la conciencia, la responsabilidad y el amor, no el “amor”sentimental y superficial que suelen ofrecer muchos sino el que es capaz de llamar a las cosas por su nombre.

Durante estas dos semanas que duró la reunión de la COP21, tiempo calificado no sólo por Francisco sino por otras personalidades muy diferentes (como Naomi Klein y Noam Chomsky) como uno de los más cruciales en la historia de la humanidad, fue verdaderamente deprimente atestiguar la indiferencia casi total, como decía al principio, de esa misma humanidad. Y no encuentro mejor palabra para describir esa actitud de la gente y de los medios de comunicación (con sus muy contadas y honrosas excepciones) que “bataclánica” (como diría Violeta Parra). Mientras se debatía el futuro de la tierra, los medios de comunicación se ocupaban de recetarnos sus acostumbradas frivolidades como, los partidos de futbol, los discursos huecos de los políticos, las aventuras románticas de actores, actrices y ‘bataclanas’ de la televisión y el “show bisnes” y así por el estilo. La Biblia tiene su propia imagen estremecedora para describir este tipo de indiferencia ciega y suicida: “Como en los días de Noé, los hombres y las mujeres comían y bebían; se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.”

Las decisiones de la COP21 son, en el mejor de los casos, buenas intenciones. Lo que implican es una radical transformación, del modelo económico y del estilo de vida vigentes, para nada es exagerado hablar de una verdadera revolución. Para llevar a cabo esa transformación se necesita vencer la resistencia de un “imperio” que, lo ha demostrado, no se detiene ante ningún escrúpulo ético para asegurar sus intereses. La única forma de lograr eso será con una movilización masiva –y heroica- de ciudadanos concientes y organizados. A partir de la actitud que vimos en estos días hay un largo, larguísimo, camino por recorrer. No es de extrañar que muchos caigan en la desesperación. Pero, como dice Francisco: “Ánimo. Dios no nos ha abandonado”.


La Defensa de la Madre Tierra/VII. ¿Qué es la COP21 y por qué depende de ella nuestro futuro?

Escrito por Laudatosi 17-12-2015 en Madre Tierra. Comentarios (0)

Mi abuelo tuvo un sueño y me dijo: Hijo, yo ya no lo voy a ver, pero tú sí. La vida se va a poner muy difícil porque va a hacer mucho calor. Los humanos han cortado los árboles, han faltado al respeto a la Madre Tierra, por eso ya no llueve y va a haber mucho sufrimiento.

                                                                                         Palabras de un indígena guaimí de Panamá a Tatik Samuel en febrero del 2004

La semana pasada, comenzando el lunes 30 de noviembre y programada para terminar este viernes 11 de diciembre se inició en París la cumbre mundial conocida como la COP21. Ante este acontecimiento el papa Francisco se manifestó sin rodeos ni eufemismos: “Es ahora o nunca, estamos al borde de un suicidio de la humanidad”. ¿Qué es pues la COP21? ¿Por qué es tan importante? ¿Qué posibilidades tenemos de evitar ese suicidio de la humanidad?

¿Qué es la COP21?

Para empezar a responder cito el portal alterativo de noticias “Democracy Now” que nos informa que: “En este contexto se está desarrollando uno de los encuentros mundiales más importantes de la historia: la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o COP 21 (UNFCCC por sus siglas en inglés: United Nations Framework Convention on Climate Change). Prácticamente todos los países del mundo están representados aquí, a través de sus delegaciones, que están intentando alcanzar un acuerdo antes del 11 de diciembre, con el objetivo de evitar un cambio climático catastrófico e irreversible.”

Francisco, en su encíclica Laudato Si, menciona algunos de los principales antecedentes de esta cumbre: La Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Río de Janeiro, más atrás todavía, la Declaración de Estocolmo (1972) y más cercana a nosotros, La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible denominada Rio+20 (Río de Janeiro 2012). Y se sobreentiende que previa a esta COP21 ha habido otras 20 cumbres anteriores con los mismos objetivos. Aunque Francisco reconoce que algunas de estas reuniones mundiales tuvieron en su momento un valor para ir abriendo la conciencia de pueblos y gobiernos, sin embargo en la práctica no se ha hecho nada realmente significativo y añade sin rodeos que:

“Las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad” (no.169 de LS).

¿Qué está en juego en la COP21?

Para decirlo en pocas palabras, que aunque suenen catastrofistas no son más que el más escueto realismo basado en el rigor de las consideraciones científicas y también en el sentido común de cualquier observador que no esté cegado por sus intereses o por la propaganda, lo que está en juego es el futuro de la humanidad y la habitabilidad de este planeta para los seres humanos y también para muchas especies animales y vegetales cuyas condiciones de existencia podrían desaparecer.

Los científicos calculan que desde que comenzó la era industrial basada en el consumo de los combustibles fósiles (como el carbón, el gas y el petróleo y sus derivados) la temperatura global del planeta se ha elevado en 1º. centígrado. Un grado puede sonar poco para los legos en la materia pero es ya un cambio catastrófico. Además de los trastornos climáticos que implican cada vez más y mayores desastres “naturales” como los huracanes y oscilaciones extremas entre las sequías y las inundaciones, este grado de calentamiento significa que los enormes glaciares, que en otra época aprendimos en la escuela a llamar “eternos” ya no los son: se han empezado a derretir. Lo cual a su vez significa que los miles de millones de metros cúbicos de agua que los formaban pasan a ser parte de los océanos elevando el nivel del mar. El efecto más directo- y ya palpable en algunos lugares – es que al subir el nivel del mar las tierras costeras de poca altura pasan a ser cubiertas por las aguas. Se habla de unos islas en el Pacífico cuyos habitantes ya están buscando un lugar para emigrar masivamente. En México podríamos pensar en nuestro vecino estado de Tabasco donde las inundaciones ya son endémicas y podrían llegar a ser permanentes.

Los científicos calculan que para evitar lo peor y poder empezar a revertir el proceso destructor, el calentamiento global no deberá de sobrepasar los 2º C, aunque algunos (especialmente los habitantes del Pacífico Sur como los de las islas mencionadas y otras más grandes como las Filipinas) creen que ese tope es demasiado alto, que el límite debería fijarse en 1.5º C. Para lograr incluso la meta menos ‘ambiciosa’ las emisiones que producen el calentamiento deberían detenerse YA. Aun así la temperatura seguiría subiendo puesto que hay procesos ya desatados, pero – si se tomaran las medidas radicales- habría esperanzas de que ese proceso se detuviera en los 2º C y entonces empezaría a decrecer.

La mala noticia es que los gobiernos de los países que más pesan a la hora de tomar decisiones, atrapados por su dependencia-complicidad con las grandes empresas contaminantes, se están haciendo tontos…para decirlo en pocas palabras. Han cambiado el esquema necesario de límites obligatorios fijados por la comunidad internacional, por el de límites voluntarios fijados por cada gobierno (y los poderes financieros que los sostienen). Así, ni siquiera el límite de 2ºC (que muchos sostienen que es ya demasiado alto) está garantizado. Sobrepasar estos límites seguramente implicaría que, como escribe Francisco: “Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros” (24). Y para que no quede duda sobre el esquema de contribuciones voluntarias ha dicho que es “indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables”  (53).

¿Qué está pasando en la conferencia de Paris?

Hasta este momento desgraciadamente está pasando lo que era de temer. Todas las ficciones y falsas soluciones denunciadas por la encíclica, están presentes. El presidente Obama, que en su país es visto por los republicanos como demasiado radical en cuestiones del cambio climático, se congratuló en su discurso de que la mayoría de los países están haciendo su tarea de entregar sus compromisos voluntarios, o sea, el mismísimo esquema condenado por el papa y los ecologistas reales. Siguen todas las seudo soluciones denunciadas por la encíclica: confiar mágicamente en los mecanismos del mercado o en pretendidos remedios tecnocráticos. Hasta el presidente Peña Nieto, autor de las atroces reformas estructurales que, entre otras cosas decretan que la explotación de hidrocarburos tiene absoluta prioridad sobre la agricultura y cualquier otra actividad humana, se dio su vuelta a París, alardeando de que su modelo de desarrollo es compatible con el control del cambio climático. Quizá estas palabras de la encíclica que parecen, como sus trajes, cortadas a su medida, explique el por qué, según se dice, EPN no quería que el papa viniera a México: “En este marco, el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen” (194).

Y hay algo peor. Si en anteriores cumbres de diverso tipo ya se había hecho costumbre la movilización masiva en las calles para, mal que bien, tratar de que el clamor de los pueblos penetrara de alguna manera hasta los acondicionados salones de lujo donde se reúnen los poderosos, en París, con el pretexto de los recientes atentados terroristas, se prohibieron todas las manifestaciones públicas; aunque algunos se atrevieron a desafiar la prohibición y sufrieron las consecuencias de golpes policíacos, gases lacrimógenos, pimienta y otros que muestran la sensibilidad ecológica del gobierno francés. A un activista que reclamó a las autoridades por la virtual supresión de las garantías civiles le contestaron que se debía a la emergencia de las amenazas terroristas. El activista respondió con toda razón que el cambio climático también es una emergencia y mucho mayor pero esto no impresionó a las autoridades. Mientras tanto la ecología, no solo light, sino chic, se hace presente en los salones de lujo de París donde se exhiben limosinas de “cero emisión” de contaminantes y mansiones acondicionadas por combustibles ‘limpios’. Cada quien sus propias prioridades, pues. Pero no hay que ignorar lo que dijo el dirigente del Movimiento Sin Tierra de los campesinos brasileños: el imperio ha decidido jugar más rudo.

La paradoja de los gobiernos y los activistas.

Bill McKibben uno de los fundadores de la organización de activistas climáticos <350.org>, medio se consuela por lo que pasa en París diciendo bueno, éste no es el campo de batalla, es más bien algo como el marcador que nos dice como van las anotaciones del partido; lo que cuenta es lo que están haciendo y seguirán haciendo nuestras organizaciones en cada lugar del planeta. Y da como dato esperanzador que, aunque las manifestaciones públicas están prohibidas en París, sólo su organización logró promover el pasado fin de semana “movilizaciones en 2200 lugares alrededor del mundo, desde Camerún, Minneapolis, Malawi, Australia, Estocolmo; desde cada rincón del planeta”. Habría que añadir la marcha del domingo pasado aquí en San Cristóbal, pues aunque no haya tenido como tema específico el cambio climático, la lucha por una nueva Constitución que recupere el sentido de una sociedad organizada para el bien común y no para beneficio de los intereses particulares de los privilegiados, va en la misma dirección.

Sin embargo, otro activista que también anda en París apuntó con realismo que el movimiento para salvar la tierra no puede prescindir de los gobiernos: “Veo aquí a los líderes de los gobiernos, todas sus debilidades, pretensiones, crímenes climáticos; observo que no hay contradicción en la que no incurran. Me asombra la capacidad de los seres humanos para racionalizar su ceguera ante los inenarrables sufrimientos que causa y causará el cambio climático. Y sin embargo, no podemos prescindir de los gobiernos; ellos son nuestra mejor solución. Solo con el poder del estado podemos terminar, no meramente reducir, la emisión de gases de efecto invernadero. Pero necesitaremos que los movimientos sociales obliguen a los gobierno para que a su vez éstos obliguen a la sociedad –corporaciones, sindicatos, iglesias, individuos, a acabar con el mundo de los combustibles fósiles, antes de que ese mundo acabe con el mundo mismo. El poder es la clave”.

Exactamente lo mismo piensa Francisco, pero ante la sordera y ceguera de los gobiernos sigue rezando por un milagro. Tal vez habría que imitarlo, y no me refiero nada más al rezar, sino a la lucha por una transformación radical, de la que él mismo es un ejemplo.